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De los veranos en la cocina de su abuela a la cocina Nikkei: así entiende Edu Acuña el arte de cocinar

03 de diciembre de 2025 - 09:00

En la carretera de Jesús Pobre, en Jávea, hay un restaurante donde no se vienen solo a comer platos bonitos. Se viene a vivir una experiencia. Se llama Mi AlmaZara y su propuesta gira en torno a una idea clara: cocina Nikkei de autor. En otras palabras, fusión sutil entre la intensidad peruana y la precisión japonesa, con el producto mediterráneo como aliado principal. Al frente de todo, está el chef Eduardo Acuña, chileno de origen y cocinero por vocación.

¿Qué es la cocina Nikkei? Una mezcla de historia, técnica y emoción

A la pregunta: “¿Qué es exactamente la cocina Nikkei?”, Acuña responde sin dudar: “Es sabor peruano y técnica japonesa”. Pero detrás de esa frase hay más de un siglo de historia. “Los japoneses llegaron a Perú sin recursos. No tenían sus ingredientes, pero conservaron sus técnicas. Empezaron a usar productos locales, y así nació esta mezcla cultural increíble”, explica.

Hoy, Eduardo sigue esa misma filosofía en Jávea. “Lo primero es el producto local. El resto es creatividad. Trabajamos con lo que tenemos fresco cada día. A partir de ahí, diseñamos”, dice. Y eso es justo lo que hace en Mi AlmaZara: una carta breve pero medida, donde se presenta el equilibrio entre sabor y técnica, y el respeto profundo por el producto local.

Una historia que comienza entre fogones a los cuatro años

Su historia con la cocina comienza en Chile, a los cuatro años. “Mi abuela tenía un restaurante. Pasaba los veranos en la cocina, dando vueltas entre los fogones. Un día, con quince años, me dijeron: ‘Deja de perder el tiempo y ponte a fregar platos’. Desde entonces, no he salido de la cocina”, cuenta con una sonrisa.

“Siempre me he definido como cocinero, no como chef. Me encanta cocinar, es lo mío. Para muchos, entrar a una cocina puede ser un desafío; para mí es lo más natural del mundo”, añade. De ahí que sus platos respiren autenticidad.

«El ceviche clásico siempre tiene que estar en nuestra carta, tal y como se prepara en Perú»

Cuando se le pregunta por su plato favorito, no duda: el ceviche. “La primera vez que probé uno auténtico, me enamoré. Desde entonces, siempre hay uno en nuestra carta”. Y no cualquiera: el suyo es clásico limeño, con leche de tigre intensa, pescado fresco, acidez al límite y picante. “Así debe saber un ceviche”, insiste.

Sin carta fija y con mucha intuición: así se come en Mi AlmaZara

Más que un menú degustación cerrado, Eduardo apuesta por lo que llama “experiencia Omakase”. En japonés, significa confiar en el chef. “Preguntamos: ¿tienes alergias? ¿Qué te gusta? ¿Mucha o poca hambre? ¿Prefieres carne o pescado?”, cuenta. A partir de ahí, crean el menú del día, adaptado a cada comensal.

“Hoy en día, hay muchas intolerancias, restricciones… La gente agradece no tener que elegir. Solo sentarse, disfrutar y dejarse llevar”, afirma. Y así lo hacen. Sin prisas, con atención al detalle, y con platos que van de menos a más para lograr un final memorable.

“Aquí no solo llenamos estómagos, llenamos almas”

Eduardo lo repite a su equipo como mantra. “Lo nuestro no es solo servir comida. Es hacer sentir algo. Crear una atmósfera. El cariño está en cada flor de la mesa, en cada aderezo. Y eso el cliente lo nota”.

La conexión con el hotel es natural. Son solo 14 habitaciones, lo que permite una atención más cercana. “Es un entorno ideal. El cliente se relaja, disfruta y nosotros podemos cuidar cada detalle. El resultado es una experiencia que se recuerda”.

Trabajar entre el Montgó y el mar

“¿Qué supone cocinar aquí?”, le preguntamos. La respuesta es directa: “Es fantástico. Tienes productos del mar recién llegados, verduras de los valles cercanos, y al levantar la cabeza, ves el Montgó. Es imposible que salga mal. Si falla algo, es culpa nuestra”.

En Jávea ha descubierto nuevos productos, nuevas formas de interpretar el entorno. “Cocinar aquí es un privilegio. Lo disfruto cada día”, afirma con convicción.

Una cocina Nikkei con identidad propia en Jávea

El Restaurante Mi AlmaZara no pretende competir con la tradición local, sino ofrecer algo diferente: una cocina que mezcla técnica, historia y emoción. “Aquí hay muchos restaurantes que lo hacen muy bien, pero nosotros aportamos una propuesta distinta, con sabores que no se suelen encontrar en la zona”.

¿Y qué recomienda el chef? “Venir sin expectativas y dejarse llevar. Nosotros pensamos por ti. Tú solo siéntate y disfruta”.

¿Te atreves a vivir una experiencia gastronómica distinta en Jávea? En Mi AlmaZara, cada visita es irrepetible. Reserva ya tu mesa, confía en el equipo del chef Eduardo Acuña y descubre lo que ocurre cuando Japón, Perú y el Mediterráneo se sientan a la misma mesa.

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