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‘El Portitxol (diminutivo de Puerto)’, por Juan Legaz Palomares

19 de julio de 2020 - 07:19

En el espejo del Mediterráneo, entre los Cabos San Antonio y La Nao, se ubica la preciosa Bahía de Jávea (Xàbia). Entre los variados y variopintos lugares de este maravilloso enclave mediterráneo se halla la Isla del Portitxol (situada entre los Cabos San Martín y el Negre).

La Isla del Portitxol es un islote que alcanza unos 300 metros de diámetro. Es uno de los parajes de mayor interés ecológico y paisajístico de Jávea que estuvo habitada en la antigüedad, ya que se han descubierto algunos enterramientos.

El visitante accede a la Cruz del Portitxol, camino del Cabo de La Nao (desde allí puede ir a la Cala denominada La Barraca) remanso de la costa, zona que fue fondeadero natural en época antigua. También se utilizó en época medieval y moderna, ya que era una cala donde podían protegerse las embarcaciones de vientos y temporales, pero también esconderse –piratas, corsarios, berberiscos… - de los ataques y poder asaltar sorpresivamente a los habitantes de estos lares.

La playa del Portitxol (La Barraca), estrecha no está urbanizada (en lo que es playa, pero en su entorno se ha construido mucho) y goza de aguas transparentes y cristalinas, y está resguardada de los temporales que en ocasiones azotan a la Bahía. Esta playa de cantos rodados y guijarros, con posibilidad de observar comunidades marinas de gran interés ecológico, como la formada por alga parda (Cystoseira mediterránea, claro indicador de la excelente calidad del agua).

Según los datos históricos, conocidos en la actualidad, la Isla (L’illa) del Portitxol empieza a adquirir importancia en tiempos de la dominación romana. A los romanos les sirvió de puerto, como lo demuestran los restos de anclas, numerosas ánforas, lotes de cerámica y los restos del pavimento de mármol blanco. Todo ello indica, que la Isla (L’illa) pudo dar lugar a una Necrópolis con población estable, siendo mucho más comprensible si tenemos en cuenta que existía la posibilidad de obtener agua dulce, sin que fuera necesaria la construcción de cisternas o aljibes, algo que sería vital para sus pobladores, igual que lo es en la actualidad para el hombre y para la mayoría de los seres vivos.

No puedo obviar en esta narración la enorme importancia que tienen los primeros habitantes que poblaban el Portitxol, sabiendo combinar con extraordinario esfuerzo las labores de la pesca, en sus rudimentarias barcas con las faenas agrícolas (a pesar de estar cerca de les pesqueres de cingle, estos pescadores no utilizaban este tipo de pesca que tiene una mayor atribución a los habitantes de El Poble Nou (Benitatxell), aunque también estos cumplimentaban la pesca con las faenas agrícolas). Su tesón y su capacidad de trabajo, fueron un ejemplo que no podemos olvidar y que debemos agradecer con gran entusiasmo, manteniendo un recuerdo vivo e imperecedero.

Al amanecer o durante la noche y hasta por la mañana pescaban (con pequeñas y rudimentarias barcas) y por la tarde se dedicaban a las faenas agrícolas o viceversa (esto se debía a la situación económica precaria, es decir por necesidad). Una gran labor, que no debería pasar desapercibida para las generaciones actuales y futuras, y desde estas líneas quisiera rendirles un caluroso y merecido homenaje al esfuerzo que realizaban sin apenas descanso.

Hoy el Portitxol es un bello paraje turístico, que no pasa desapercibido, ni para los xabieros, ni para los miles de visitantes y turistas, que afortunadamente lo pueden visitar periódicamente. Debemos de procurar cuidar su entorno, sus calas y toda la riqueza natural que nos deleita, relaja y recrea los cinco sentidos.

Desde este breve relato, quisiera aprovechar la oportunidad para rogar a los investigadores (Arqueólogos, Paleóntologos, Biólogos, etc.) e Instituciones competentes a continuar profundizando en los trabajos de investigación que puedan contribuir a encontrar los vestigios de la historia de esta maravillosa Isla que enriquezca la aportación histórica a la antigua, hermosa e incomparable Villa de Jávea, y desde aquí abogo por su conservación natural.

El Portitxol también es un paraje emblemático para la práctica del buceo, donde se puede observar infinidad de vida de pequeño tamaño: bancos grandes o pequeños de peces de múltiples colores, pulpos, estrellas, erizos (bogamarins)… Una maravilla para los cinco sentidos. Se pueden admirar grandes bloques de roca, unos sobre otros, que crean pasillos entre ellos, encontrándose los claros que se abren entre las rocas como para jugar al escondite.

Nos sorprenderá la luz que penetra desde la superficie, que permite que exista vida en abundancia. Es recomendable realizar un pequeño recorrido por la Reserva del Cabo San Antonio, el Cabo La Nao, la Cala de la Granadella y el Portitxol, que son el paradigma del término municipal de la M.I. Villa de Jávea.

Si tienes oportunidad no te lo pierdas, alimentarás el cuerpo y el espíritu en un grado supremo y te quedará un sabor inolvidable.

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