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‘La cuesta de enero’ por Juan Legaz Palomares

14 de enero de 2021 - 10:28

Ahora, sin duda, todo el año (o casi) es cuesta de enero económica, aunque tradicionalmente, los peores tragos económicos se achacan a la llamada “cuesta de enero”. Y por si faltaba poco ahí está presente el vil y letal coronavirus.

Recuerdo, con cierta nostalgia, aunque sea paradójico, que con la peseta la cuesta era más llevadera, al menos eso me parece a mí y también a los mayores que les cuesta manejarse y entenderse con el euro. Desde que llegó el euro la cuesta de enero me parece que se hace más cuesta arriba y difícil de superar (cosas mías).

Normalmente siempre es más difícil subir que bajar, aunque en el estatus social es doloroso y desolador bajar. Tampoco está mal hacer el camino de ida y vuelta para que no nos sorprendan con aquello “de que yo ya estoy
de vuelta”
. También es verdad que algunos trepan en ascensor, con lo cual la subida es más liviana, mientras que otros subimos a pie, de peldaño en peldaño, con lo que sufre y se fatiga bastante más el corazón.

Como a los mayores se nos acentúan y nos roen las neuronas por los años, perdonad que os haga comentarios trasnochados (de lelos), o quizás pasados de moda, pero la vejez siempre es suspicaz, desconfiada, tozuda y, por qué negarlo, puede que torpe. Y en estos tiempos en los que nos bombardean con las tecnologías, más todavía. Y la verdad es que la mayoría de nosotros hemos llegado tarde para estos menesteres, ya que el cerebro está endurecido y se resiste a comprender la insistente reiteración de los mensajes con los que nos machacan en las redes sociales.

No estamos en condiciones de asimilar la velocidad con la que nos transmiten la aglomeración de noticias que, más que aclararnos algo, nos confunden.

Las cuentas son más pesadas, más implacables, más empinadas y con los años y los achaques se incrementan. Llega la tristeza, la torpeza, la cabezonería, el abandono, la desesperación, la falta de cariño…, y la impotencia física y económica. Caemos en ese vicio de la nostalgia, de que después de haber trabajado durante muchos años percibimos una pensión pírrica por circunstancias ajenas a nuestra voluntad. Porque la peor cuesta para subir no es la física geográfica (como el Montgó), sino la cuesta económica sumada a la cuesta más empinada y más difícil de superar, la de ausencia de cariño y afecto.

Si afanamos atesorar bienes que nos ofrecen las rebajas propagandísticas estamos cayendo en la desventura y una decepción galopante. Si prestamos unos minutos de atención, comprobaremos que la gran mayoría de las cosas que adquirimos, después las guardamos en un rincón del que nunca más se supo. Usemos un poco más la cordura y luchemos con afán por disfrutar de los pequeños placeres que rellenan nuestra conciencia y nuestro corazón, favoreciendo nuestra salud y que nos producen enormes satisfacciones.

¡Ah!, y no olvidemos que después viene la cuesta de febrero y diez meses más. Y por desgracia en este 2021, el desesperante e incontrolable virus que es una cuesta invisible, imprevisible y maliciosa que no sabemos cuándo tendrá el final.

El último recurso que nos queda es pedir salud en esta angosta vereda que nos agobia física, mental y económicamente. Porque, por muchas vueltas que le demos no nos salen las cuentas, y llega el mes de enero y no
subimos ni siquiera la mitad de la cuesta, por lo que hay que armarse de paciencia, valor y fuerza moral (a falta de la física). Resistir es la palabra que oímos con más frecuencia, no queda otro remedio. A nuestra edad la conformidad es una gran virtud.

Ya veremos cómo terminamos el mes, porque los Reyes Magos estaban demasiado entretenidos con los niños y tenían mucho trabajo, y los políticos están en otras zarandajas propias de su oficio y empleo. ¡Ánimo muchachos, que la cuesta se está terminando y Feliz Año Nuevo!

Juan Legaz Palomares.

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