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‘Hacia Jávea navego’, por Juan Legaz Palomares

02 de agosto de 2020 - 00:54

Desnudo, limpio y puro con la vestimenta del azul del mar y del cielo, hacia Jávea navego por el camino más corto. Espero que sea breve el recorrido y arribar pronto a 'Mi querida Xàbia', adonde mi alma bebe los dulces efluvios que me alimentan y pulen mis tristeza y melancolía.

No quiero que el olvido haga mella en mi corazón. Ni que mi rostro enjuto y arrugado se consuma y pierda la tersura con demasiada rapidez, sino que lo haga lentamente y paladeando el fruto y las mieles de los sabrosos sabores del inmenso placer que me suministra Jávea.

Me apresuro en el navegar porque no quiero que la noche se apodere de mí, y desate el horror de no poder arribar feliz a puerto, y a cumplir el deseo de encontrarme con la mansedumbre que siento junto a ese cariño javiense que tanto me tonifica y relaja.

La añoranza de Jávea me mortifica, es como una tortura interminable. Sin embargo, la esperanza de volver a verla me congratula.

Aspiro a llegar con la conciencia limpia para que el recibimiento sea cálido y grato, y no me cause decepción ni desconfianza. La vida es breve y ahora con el castigo del antifaz más incierta todavía. Mi corazón es prisionero de un largo sueño allá en el ancho mar, que suspira por encontrarse una nueva estrella que me guíe a contemplar los faros del Cabo de San Antonio y La Nao, y observar esa luna roja cómo riela en el mar, rompiendo al fondo de la Bahía en las noches de verano, y antes del alba la luz del sol que brilla e ilumina todo el contorno de Xàbia, y con el Montgó de juez que vela por la equidad y justicia de esta noble Villa.

La música del emotivo pasodoble a Xàbia, como si de un concierto celestial se tratara suena cuando se aproxima mi llegada, como si me quisiera comunicar y homenajear que he vuelto. Puesto en pie en la plataforma de la barca con los ojos llorosos y las lágrimas escurriéndose sobre mis mejillas, escucho sus melodiosas notas y brotan en mi corazón recuerdos inenarrables, que me dicen en el silencio de la suavidad de las olas y su mar azul y cristalino: “No temas porque Xàbia te espera con los brazos abiertos. Ya ha finalizado la navegación, las penas se han esfumado, y vuelan hacia la gloria todos tus deseos envueltos en la beldad xabiera”.

Sigo caminando por la vida contento y feliz tras la arribada, aunque consciente de que soy como las hojas del otoño, porque con cada hoja caída un paso voy a la tumba dando. Continúo agradecido a la gratitud que me ofrece el destino que me propuse e imaginé al principio: “Arribar sano y salvo a disfrutar las mieles de 'Mi querida Xàbia'.

Entre tanta satisfacción y lucha se acerca la noche, se oscurece el cielo. Mi cuerpo desnudo vuelve a la calma, mientras la mente y mi corazón henchido de amor exclama: 'Y estás en Xàbia. El cuerpo a muerto, que goce el alma'.

Juan Legaz Palomares

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