OPINIÓN | José Font Caballero
Ahora que el mundo ha vuelto la mirada hacia Roma y que el vocabulario eclesiástico nos resulta más familiar —en lo relativo a dignidades y cargos—, cabe recordar un grado dentro del elenco religioso español que Jávea no posee en la actualidad, pero que disfrutó en exclusiva nuestra villa, en detrimento de Dénia y otros pueblos de la comarca, no hace tanto tiempo. Hablamos del título de pavorde de la Parroquia de San Bartolomé y San Marcos de Jávea.
Sabemos, por numerosos documentos y descripciones, que nuestro templo parroquial era como una pequeña catedral tanto por su estética como por su funcionariado clerical: párroco, ecónomo, vicario, sacristán, organista, coro, sochantre, capiscol, beneficiarios, monaguillos, acólitos, diáconos… La villa era el lugar predilecto del duque de Medinaceli; por ello, el papa Paulo V volvió a congraciarse con la historia javiense y otorgó el título de pavorde a todo párroco de San Bartolomé —nacido en Jávea y bien formado teológicamente— mediante una bula fechada el 9 de diciembre de 1609. Este reconocimiento fue una recompensa por la sangre xabiera católica derramada en los campos de batalla en Flandes, por los soldados javienses capitaneados por el mariscal de campo Gaspar Sapena.
Fijaos si era importante haber nacido en Jávea para ostentar el título de pavorde, que Roque Chabás nos cuenta lo siguiente en el Diario de Valencia, el 15 de septiembre de 1920:
«El pavorde era una dignidad eclesiástica, que solía concederse, como los prebendados, priores, abades, etc., a los curas de las parroquias importantes. (…) Rezaba la bula que el cargo había de ser desempeñado por un hijo de Jávea. Y he aquí que una mujer de la villa de Gata, de familia acomodada, dijo que pariría un hijo que sería pavorde de Jávea. Y para ello vino a desocupar a Jávea, y aquí se le bautizó con el nombre de José Signes. En efecto, fue presbítero y beneficiado de esta parroquia, y elegido pavorde en 1713, cargo que desempeñó hasta 1736. Era doctísimo teólogo y tenía fama de fácil y notable orador».
En 1961, el cronista Juan Crespo Ruano, Mariano Navarro Rubio y Juan Tena iniciaron los trámites para que el Arzobispado restituyera este título propio de la Corona de Aragón —más concretamente del Reino de Valencia—, que representaba la dignidad más alta de un sacerdote. El título de pavorde -pabord, en valenciano- dejó de usarse en nuestro pueblo justo después de la firma del Concordato entre los Estados Pontificios y el Reino de España, en 1851. La desidia —atributo xabiero por excelencia— también contribuyó a perder este privilegio papal, hasta su restitución por el arzobispo de Valencia, el doctor Marcelino Olaechea Loizaga, quien presidió el acto en el mismo altar mayor de la iglesia de San Bartolomé, el día 1 de mayo de 1962. El primer pavorde de esta nueva etapa fue don Juan Esteve Domingo. Don Juan no era natural de Jávea, pero la licencia de don Marcelino para rehabilitar dicha dignidad consistía en otorgarla a todo párroco titular de San Bartolomé desde ese momento en adelante, sabiendo que la nueva política de la Archidiócesis impedía que un paisano pudiera ser cura párroco de la iglesia de su pueblo natal.
Los pavordes se distinguían de los demás sacerdotes por su vestimenta: bonete negro con borla fucsia, ribete fucsia en la sotana y atuendos idénticos a los de los canónigos en las ceremonias.
Ahora que nuestra parroquia parece evocar, en cada esquina del pueblo, tiempos pretéritos de fe popular, pregunto:¿Sería éste el momento de recuperar dicho título de manera honorífica, para gratificar a otros sacerdotes —aunque no sean hijos de Jávea— que hayan desempeñado bien su labor?















Pavorde no sé, pero de un tiempo a esta parte no se sabe que les ha pasado a los de aquí. Se pasan el tiempo paseando santos de una parte a otra del pueblo. A lo mejor buscar el título de «Costalero de oro» sería otra meta a alcanzar.
Van haber mas procesiones si no te gustan te vas a Holanda
O tu a levantar palets de bloques a pulso en el pasillo de tu casa, o a hacer genuflexiones frente al cura en la suya. A mí en Holanda no se me ha perdido nada.
Pues parece que tanto el arzobispo como el Pavorde de los años 60 del siglo pasado , no fueron capaces de impedir las tropelías del ministro Navarro Rubio en la Punta del arenal y eso que se los ve hablando animadamente en la foto.
Supongo que este nombramiento es una de las mayores preocupaciones de los habitantes de Javea.
Parece una broma.
La broma es la teva incultura, papanatas.
De inculto nada, que he leído con toda atención el artículo de font y me ha quedado claro que sin este título, quien pierde no es Javea, sino el bonete del párroco de San Bartolomé, que no puede llevar un pon-pon de color en su cúspide.
Desde luego, Paborde, un rato lo és el clero…
Coincido con esta respuesta y agradezco a José Font y todas aquellas personas que nos hagan partícipes de sus conocimientos.
Es bueno y conveniente conocer nuestra historia, aprender de ella y, si es posible, recuperarla, no sólo porque es cultura, también porque su conocimiento puede evitar la repetición de errores del pasado. Los hechos en sí y generalmente son objetivos, su interpretación es subjetiva, pero ese subjetivismo no es igual si proviene de un hombre culto y preparado que si proviene de un tronco. Es por ello que aplaudo este tipo de artículos que nos lo enseñan, unas veces grande y ejemplar y otras mezquino y malsano, pero que hay que conocerlo.