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‘El temps de la renda (6)’, por Juan Bta. Codina Bas

07 de noviembre de 2020 - 06:22

Una o dos veces en la renda, todos los de la caseta, con el carro al que se le incorporaba la sorra íbamos hasta el Portitxol dejando el carro junto a la cruz de término y bajando por la senda, cargados con las vituallas, hasta la Barraca para pasar el día. Allí las mujeres mayores, vestidas con indumentaria que nos hacían reír, se metían en el agua para bañarse. Y creo que de los hombres mayores no se bañaba ninguno. Pero ese día el sol doraba todas nuestras carnes y luego comíamos lo que se había preparado en la caseta o se hacía una torrá d’embotit i carn.

También en una ocasión un familiar había quedado con un pescador que hizo una pesca de palangre y nos trajo algunos pescados con los que se hizo una torrà de peix espectacular a la brasa. Por cierto que los pescadores del Portitxol muestran una cualidad distinta a los de Duanes. Allí el pescador además de pescar es agricultor y trabaja en su tierra cuando no está dedicado a la pesca. Entre ellos había unos primos de mi madre dedicados a la doble función de la pesca y de la agricultura. Era la familia de Jerónimo Codina Chorro que pasó
a vivir en la zona del Cap Martí-Portitxol en la primera década del siglo XX.

La verdad es que hoy, cada acto de estos (encuentros, comidas, reuniones… ), se testifica con un selfie para demostrar que se ha estado allí, pero entonces no se tenían máquinas de fotos para guardar testimonio de un encuentro o de un hecho. Igual que tampoco había neveras que así se llamaban lo que ahora son frigoríficos, pero entonces cuando llegaron a estos lares había que alimentarlas con una barra de hielo o media barra o un cuarto de barra para que pudiera conservarse algún alimento.

La religiosidad del labrador tiene su fundamento en la providencia a quien alude cuando piensa en el mañana. Deu provirá es su letanía y su preocupación por la Naturaleza a quien ante una tormenta o un tiempo adverso ve peligrar el trabajo de todo el año si se pierde una cosecha o la presencia de una sequía o una salinización del agua… Son factores que colaboran a que busque en Dios su remedio y en el Nazareno su protección.

Pero la extensión del término de Jávea ocupando el número 22 de entre 141 con una superficie de 68’59 Km2 y la dispersión de las casitas que hace que muchas estén muy alejadas de la villa, originó el fenómeno de las ermitas que se constituyen en polos de atención religiosa para las casitas del entorno.

Los días de fiesta, las ermitas se constituían en lugar de encuentros de los vecinos donde además de la Eucaristía podían enterarse de otras cuestiones no menos baladíes y que más preocupaban a los que allí acudían. Es lógico que los vecinos del Montgó acudieran a la ermita del Pópul o los de la plana a la de la Virgen de los Ángeles, o los del Roig y Mezquides al Asilo que por tener una capilla, también proporcionaba atención religiosa. Los que vivían en Duanes podían acudir a la pequeña iglesia del Sagrado Corazón, luego de la Virgen de Loreto…

Es bueno reseñar esta fiesta que caía en el medio del temps de la renda, ya que solían acudir muchos que estaban en sus casetes. Era la fiesta a la Virgen de los Ángeles que tiene lugar el 2 de agosto y con el fin de visitar la ermita se hacía una romería el día 1 por la tarde y por la noche junto a la ermita se hacía una verbena con orquestilla y baile y se montaba un porrat; se pasaba la noche en alguna casita y el día 2, al alborear el día se iba hasta la ermita para asistir a la Eucaristía y celebrar la fiesta.

Pues bien, en aquellos años, mis tíos y nosotros también acudíamos el día anterior andando o subidos al carro con la sorra para llevar las vituallas y si alguien se cansaba de caminar desde el pueblo hasta la ermita, poder acomodarlo en el carro. Íbamos a la caseta de unas hermanas de un tío que estaba cerca de lo que luego sería La Hacienda y llegábamos el día anterior. Seríamos entre 15 y 18 y al llegar se organizaba todo para no tener tropiezos. Se mataba al pollastre i al conill y los ponían en una fresquera que se colocaba en la cisterna junto a algún melón y sandía para que estuviera fresco al día siguiente. En una o dos habitaciones se ubicaban las márfegues de pallots para dormir. Se extendían los pallots de dacsa a través de los agujeros de la misma con las manos por toda la márfega.

Después de una merienda-cena, se iba a la verbena y se bailaba y se oía la orquestilla que en la noche rompía el silencio y entonaba sus baladas, y se compraban las chucherías del porrat que hacía las delicias de los menores. Al terminar, a dormir, y ya me diréis el parloteo que se organizaba en la habitación en que íbamos a dormir al inicio de ese momento aunque los menores caíamos agotados y pronto los ronquidos se hacían los amos del recinto. Al amanecer del día siguiente nos despertaban los tiros de los cazadores ya que ese día se abría la veda de caza. Luego, la asistencia a la misa, llevando las sillas y catrets ya que en la ermita no había suficientes.

Tras la Eucaristía, la fiesta, y al mediodía cada uno en la casita a comer la paella de pollastre, conill i cigrons en fraternal alegría. A media tarde el regreso. En las varias ocasiones que fuimos siempre tuvimos alguna sorpresa, como el día que una culebra estaba rondando por la cisterna, otro día cuando íbamos caminando hacia la ermita nos cruzó por el camino un fardatxo y a continuación una serpiente… Pero la verdad es que era un día de fiesta grande aunque al levantarnos después de una noche durmiendo en les márfegues sobre el suelo, estuviésemos molidos, pero alegres de habernos encontrado con primos y tíos en medio de la celebración festiva y además con porrat.

El amigo Godofredo Cruañes me envía un texto que escribió su tío Joaquín Cruañes Cholbi hacia 1982 y que reproducimos por su interés al contar sus vivencias en el Porrat de la Mare de Déu dels Àngels.

"…El último que yo recuerdo, es el que se celebraba en La Plana, a la puerta del Santuario de la Virgen de los Ángeles. Se plantaban les paradetes la víspera de la fiesta, el 1º de agosto, y por la noche había su baile por el camino de los Cipreses, al final de la cual había un convite en el patio de la Ermita, y terminaban con baile de fandango y otros típicos en el rellano de entrada en la Ermita, amenizados con dulzaina y tamboril, y alguna guitarra; se pasaba una noche muy agradable. La entrada principal del Santuario era por el camino de los Cipreses, que enlaza con la senda que lleva a Jávea, mejor dicho, sube de Jávea. Ya al construirse la carretera y reconstruir el Santuario después de la revolución del 36, se abrió puerta por la parte de la carretera, ya que el acceso por allí era más cómodo, al aprovechar los coches la mencionada carretera. Al día siguiente, 2 de agosto,
era la misa solemne con sermón, traca y, finalizada ésta, corrida de gallo y otros entretenimientos, terminando la fiesta con una paella en cada una de las casitas y tempranito a casa. La facilidad de subida cómoda en coche, hizo que la mayoría se marcharan a comer a casa o en algún merendero de los existentes en la Plana. Todo va cambiando con el tiempo y ya la gente joven, al no conocer esas fiestas, llenas de color y alegría, se pierde por completo.

La prueba es que ya no hay paradetes en La Plana, a pesar de que la gente quiere conservar la fiesta. Pero es difícil de retener al personal y cambiar la vida. Aquello ya pasó, dicen los jóvenes y los viejos tenemos que conformarnos, pues así es la vida".

(Continuará)

4 Comentarios
  1. Juan Vte. Berruti dice:

    Las gentes que hacían la renda en la zona de fontanelles, tarràules y Catarroja, acudían cada domingo a misa en la ermita de Benitzaina (propiedad de la familia de Gata del Pare-sants), la cual está presidida por San Antonio, ermita esta, que ha sido motivo de disputa de su propiedad por parte de los Ayuntamientos de Xàbia y Dènia, otorgándose finalmente su propiedad a Xàbia.

  2. Coni dice:

    Seguirá verdad?? Cada vez se hace más interesante y nostálgico. Me encanta!

  3. Godofredo dice:

    En una de las casitas de La Plana, pasaba el temps de la renda un señor que se llamaba Carpio, vivía con sus dos hermanas, era alto, más bien enjuto y de buen parecido, padecía parkinson y esto lo presupongo yo ahora porque entonces se decía que tenía «temblores»; eran personas muy amables y debían ser bien conocidas de la familia porque se les visitaba con afecto. Mi padre me contaba que este Carpio en su juventud era un «forzudo» capaz de levantar en vilo a una mula; que se ponía agachado y con la mano abierta en el vientre de la mula y que la levantaba en vilo. Son de esos recuerdos de infancia que no olvidas.
    También pasó allí más de un verano, en una casita próxima a la ermita, don Pedro Herrero, un médico pediatra alicantino, un santo varón muy querido en la sociedad alicantina, la mejor prueba de su bondad es que está en proceso de beatificación. Era muy amigo de mi tío Ximo y amenizaba, junto a su esposa, doña Patro, las tertulias nocturnas, a la fresca, en la casita de mi tío.

    • Juan Bta. Codina Bas dice:

      Amigo Godofredo: te diré que Pedro Herrero Rubio fue alumno de cuatro lumbreras de la medicina: Cajal, Negrín, Marañon y Castroviejo. Recibió el título de Alicantino ilustre en 1966; murió en1978 y en 1998 se llevó la documentación a Roma y se presentó a la Congregación para las Causas de los Santos. Durante muchos veranos estuvo en la Casita de la Plana «El Retiro» y aunque estaba de vacaciones acudía a cualquier llamada que le hicieran para atender a quien lo necesitara , . Este personaje que Rafael Andarias conoció y me habló de él, figura en mi Diccionario Biográfico Javiense Abreviado. Gracias por estas aportaciones.


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