El Marere Film Festival ha puesto el broche final a su segunda edición en el Cine Jayan, una sala histórica de Xàbia que se acerca ya a sus siete décadas de trayectoria. Durante toda la semana, el certamen reunió proyecciones, coloquios y actividades paralelas en torno a un cine alejado de los artificios y centrado en las historias humanas, cercanas y auténticas.
La clausura, celebrada este domingo, sirvió también para hacer balance de una edición que ha reforzado la personalidad del festival. La organización destacó la buena acogida del público, especialmente durante el fin de semana, con más de 200 espectadores el sábado y alrededor de 150 asistentes el domingo, coincidiendo con la sesión de cierre y la proyección de la película colombiana Un poeta.
Palmarés
En el apartado competitivo, el premio principal de la Sección Oficial, dotado con 3.000 euros, fue para la película islandesa El amor que permanece, dirigida por Hlynur Pálmason. En la sección Mirades Regionals, con una dotación de 1.500 euros, el reconocimiento recayó en Extrany riu, de Jaume Claret. Por su parte, el Premio del Público, valorado en 500 euros, fue para Cel meu, infern teu, de Alberto Evangelio.
El galardón a Mejor Cortometraje fue para Joselico, de Sergio Máresc, una obra que también formó parte de la sesión especial de cortos celebrada el sábado, una de las citas más destacadas del festival.
El valor del corto y del cine de proximidad
La muestra de cortometrajes volvió a evidenciar la capacidad de este formato para emocionar y sorprender desde la sencillez. En esa sesión se proyectaron seis trabajos: Leonardo, El mocador de seda, Escribiendo…, El fantasma de la quinta, Joselico y El revisor.
Tras las proyecciones, varios directores y actores compartieron impresiones con el público en un encuentro que puso de relieve una idea repetida a lo largo de la jornada: la defensa de un cine hecho desde el oficio, la cercanía y la vocación. En ese contexto, la actriz Roo Castillo, protagonista de Leonardo, resumió ese espíritu al reivindicar una forma de crear basada en la ‘Inteligencia Artesanal’, en contraposición a los automatismos y la espectacularidad vacía.
También participaron en el coloquio la directora y guionista Mar Molina, responsable de El mocador de seda; el codirector Meka Ribera; y los intérpretes Xavi Pastor y Celia Pla, quienes coincidieron en destacar el valor de festivales como este para mantener vivo un cine social, familiar y auténtico.
Un festival con identidad propia
Más allá de los premios, el Marere Film Festival ha reforzado en esta edición una identidad muy vinculada al territorio, a la memoria del propio cine Jayán y a una manera de entender la cultura desde la cercanía. La evocación de Angelita, figura clave en la historia del cine y madre de su actual propietario, Antonio Catalá, volvió a estar presente en una clausura con un marcado carácter familiar.
La presentación del acto corrió a cargo de Ángela y Bruno Catalá, nieta y bisnieto de Angelita, en una ceremonia que también contó con la actuación del grupo polifónico Ars Nova Xàbia, muy aplaudido por el público. La parte musical se completó después con la intervención de Rodrigo Santa María Trío.
Actividades paralelas y proyección de cierre
Entre las propuestas complementarias de esta segunda edición destacó el concurso de dibujo infantil ‘Me gusta el cine’, que premió trabajos de niños y jóvenes de distintas edades, reforzando así la dimensión abierta e intergeneracional del certamen.
La película encargada de cerrar el festival fue Un poeta, del director y productor colombiano Simón Mesa, una obra de marcado contenido social que sirvió como colofón a una semana en la que el Marere Film Festival ha vuelto a reivindicar el cine como experiencia compartida, espacio de encuentro y vehículo para contar historias con verdad.














































































