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‘Abrazar el cielo’, por Juan Legaz Palomares

15 de agosto de 2021 - 00:33

Desde hace muchos años he albergado la trasnochada idea de “abrazar el cielo”. Un sueño, quizá empedernido, fantástico, basado en un concepto erróneo de levitar, atravesar las nubes y alcanzar con las manos el inmenso cielo. Reconozco que no deja de ser una sueño imposible e irrealizable.

Sigmund Freud que está considerado como el adalid de la interpretación de los sueños, decía: “Que los sueños son una realización alucinatoria de deseos y por consecuencia, una vía privilegiada de acceso al inconsciente, mediante el empleo del método interpretativo fundado en la asociación libre de los símbolos más importantes del sueño”.

Dentro de la libertad que nos ofrece la naturaleza, como soñar es libre y, sin duda, impredecible, esta idea mía de “abrazar el cielo” se inicia empezando por abrazar los árboles de la montaña, el mar, el azul celeste y el cielo estrellado.

Rebuscando en lo más recóndito de mi cerebro noto, cómo en la montaña los árboles verdean, las flores despiden aromas embriagadores, el cielo azul, y el mar se despereza con rizos espumosos que me atraen e invitan a relajarme y reposar en la orilla de la mar que me enamora y enloquece de la Playa de la Grava de mi querida Xàbia.

Me calma la sed del tórrido calor veraniego y se levanta la dulce brisa para acariciar el cutis, mientras el sol radiante es un manto de oro que al despertar de este sueño ilusorio me ilumina de amor y me ruboriza.

Las olas de mi Playa de la Grava me susurran en la orilla rocosa y erizada, y al despedirme se coronan en esplendores de radiante sol y se engalanan invitándome a regresar al día siguiente.

Cuando al atardecer se juntan el día y la noche, el silencio invade el infinito espacio que recoge la visión del embellecimiento de la preciosa Bahía, y solo queda en solemne calma la majestuosa beldad del estrellado cielo y la majestad sombría de las aguas cristalinas de esa Playa de la Grava que es el sueño misterioso de mi vida.

Un día tras otro, un año tras otro, miro con desvelo la carrera veloz del tiempo alado y que, en mi sueño fugaz un año más que ya es pasado, paso a paso se aproxima el cielo.

Esta inmensa alegría que disfruto en Xàbia se convertirá en el sueño gozoso de un eterno Edén. Y desde ella, levitaré y me elevaré en un dulce sueño para “abrazar el cielo”.

Oteo el horizonte que con sus amables brazos extendidos abarcan cuanto alcanzo a mirar desde el Montgó al mar, y a la luz del cielo azul que espera mi llegada.

Pero, como me congratula más que Freud, me quedo con la reflexión de la definición que hace D. Pedro Calderón de la Barca en “la Vida es Sueño”, en aquella estrofa que decía:

¿Qué es la vida? Un frenesí,
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Pues bien, me abrazo al sueño de “abrazar el cielo” desde mi querida Xàbia.

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