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«Xàbia, su cultura y sus tradiciones»

Verónica Blasco

Periodista
14 de septiembre de 2026 - 09:08

OPINIÓN

No tengo talento ni capacidad literaria para para ensalzar en su justa medida las tradiciones, la cultura y los hechos históricos de mi querida Xàbia, pero sí aspiro a narrar, en lo posible, el valor que poseen todas esas tradiciones y costumbres que engrandecen y se conservan de generación en generación.

La tradición de todo lugar constituye un íntimo sentimiento sustentado en los ancestrales y auténticos valores de la identidad y pertenencia a una comunidad humana bien vertebrada. Esto es, valiendo como símil, toda tradición es lo que viene a ser una raíz para un árbol o una planta, su vida misma. Es así que una sociedad sin tradiciones es un ente sin pasado, ni vida ni historia común.

Cualquier tradición se ha ido hilvanando, consolidando con el paso del tiempo, con un vínculo sólido a un acervo familiar, social, colectivo, algo siempre presente en el entorno de toda comunidad, a nuestro alrededor. Es por ello que la identidad colectiva, nuestra forma de vivir, nuestras relaciones sociales, nuestro carácter, nuestra herencia a las generaciones venideras se vertebran al albur de las tradiciones.

Toda tradición es un sello que marca muy mucho nuestra andadura vital, los sentimientos de apego a nuestra comunidad más cercana y los valores de permanencia en el tejido social en el que nos hallamos inmersos y del que somos partícipes.

La tradición forja un sentido de identidad que define con claridad la pertenencia a algo, a un ámbito comunitario de valores y creencias que lo tradicional cataliza de manera constante y eficaz. Siento un cosquilleo especial y un latido cardiaco peculiar cuando observo cómo en Xàbia se enardecen y potencian sus tradiciones con un entusiasmo y fervor por parte de su población, no solo en los actos y evento religiosos, sino en todos los demás acontecimientos que sus habitantes se reúnen en torno a cualquier celebración, ya sea de carácter religioso o de interés social y que lo festejan y cuidan hasta el último detalle y ponen todo el corazón y el alma porque todo salga a las mil maravillas.

Acaban de terminar la última fiesta veraniega en honor a la Mare de Déu de Loreto y, sinceramente me quedo perplejo y anonadado viendo el comportamiento, la alegría, la devoción y el conjunto de emoción y entrega que todos los xabieros demuestran a la hora de celebrar dichos actos y, además, el empeño que ponen para que se transmita su
celebración a las nuevas generaciones. En definitiva: tradición, cultura e historia.

Las tradiciones nos abren el camino a conocer cómo era el pasado de todo entorno social, sus relaciones entre vecinos y con el territorio que traza esa comunidad humana. Por esas relaciones tan estrechas que jalonan su
caminar siglo a siglo, generación a generación, como legado de patrimonio inmaterial, las tradiciones son parte nada desdeñable de la cultura popular de cada sociedad y territorio.

El sociólogo francés Émile Durkheim lo subrayaba con acierto cuando manifestaba que el ser humano necesita rituales compartidos, las tradiciones, para fortalecer la cohesión del grupo. Durkheim afirma así que, cuando muchas personas participan simultáneamente en una ceremonia, una fiesta o una celebración común, experimentan una intensa sensación de pertenencia. Es lo que este sociólogo llama «efervescencia colectiva», y es, entre otras razones, lo que hace que nos emocionemos con eventos de todo nivel.

Otro experto francés, Maurice Halbwachs, a mediados del pasado siglo, en su obra ‘La memoria colectiva’, aportaba otra característica más de las tradiciones, las de servir estas de puente entre generaciones. El sociólogo cuestiona la idea de que los recuerdos pertenezcan a un solo individuo, afirmando que nuestros recuerdos dependen del grupo al que pertenecemos, incluyendo la familia, la comunidad, la ciudad o la cultura.

Y las tradiciones son uno de los principales mecanismos mediante los cuales esa memoria se mantiene viva. Así, en un mundo en el que jóvenes y mayores no dejan de distanciarse, las tradiciones siguen siendo un punto en común en el que encontrarse gracias a recuerdos compartidos.

Es, en el fondo, asimilar y cumplir una necesidad de pertenencia, de sentirnos parte de una comunidad, de conectar con los que nos rodean, de reducir las brechas que separan a padres e hijos, a vecinos, a familias y amigos, reitero, y que las tradiciones cubren de manera harto significativa.

En este sentido, las fiestas patronales y similar que llenan de vitalidad, razón de ser y jolgorio la vida de gran número de pueblos en estas fechas veraniegas son un aporte ingente de acontecimientos y vivencias que se integran en la memoria colectiva. Son tradiciones en estado puro donde participa todo el mundo, ya sean en sus preparativos como en el momento culminante de su celebración a la vista de multitud de espectadores.

Me quedo con esta reflexión que apunta el antropólogo y escritor Manuel Mandianes en relación a las fiestas como tradición: «Todo pasa y todo dura, aquí está lo que fue, lo que es y lo que volverá a ser en próximo año, lo mismo: el eterno retorno. La vida son momentos entre el nacimiento y la muerte. La fiesta es uno de esos momentos que fecunda la simpatía de la comunidad con el mundo que la rodea». Xàbia, que no decaiga la tradición. Por siempre de todos a una.

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Clasificado en: Sociedad, Juan Legaz Palomares
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