OPINIÓN
Hacía años que no asistía en persona a un pleno del Ayuntamiento de Jávea. Volver fue, en cierto modo, como viajar en el tiempo. El escenario había cambiado poco, pero las sensaciones eran conocidas: un pleno con aroma de los años noventa, con viejos fantasmas que regresan -un nuevo disfraz del Nou Fontana- que parecen condenados a reaparecer una y otra vez en la política xabiera.
La diferencia es que, esta vez, eché de menos algo que sí recuerdo de aquella época: nivel político. Había entonces concejales con más iniciativa, más personalidad y, sobre todo, mayor capacidad para defender o condenar, un proyecto propio de ciudad. Hoy la mediocridad y la falta de empuje parecen haberse convertido en una tónica demasiado habitual salvo alguna excepción.
El episodio del Canal de la Fontana es un buen ejemplo. El PP mantiene abierta la puerta a estudiar una ampliación que contempla más amarres y el uso de suelo municipal. Su argumento es que todavía hay que analizar la propuesta, sus contraprestaciones y sus consecuencias. Pero detrás de ese lenguaje prudente cuesta no reconocer una vieja receta: mantener vivo el urbanismo expansivo y confiar en que, entre negociaciones, informes y promesas de inversiones, el proyecto termine avanzando.
El problema es que Jávea ya ha vivido demasiadas veces esa película. Y resulta difícil no preguntarse si hemos aprendido algo de las décadas de crecimiento urbanístico que han transformado el municipio en el desastre paisajístico que es hoy.
También resulta difícil no cuestionar la relación del actual PP con la Conselleria y con determinados intereses privados, como ha sucedido en Dénia. Cuando las iniciativas empresariales llegan acompañadas de inversiones millonarias y de la posibilidad de ocupar o transformar patrimonio público, el Ayuntamiento debería actuar con una posición propia, clara y ambiciosa: decidir qué modelo de municipio quiere y después negociar desde ahí. No al revés.
Y aquí aparece el otro actor de esta historia: Compromís. O, como empiezo a llamarlo, Compromís Popular. Porque resulta llamativo que un partido que marca distancias con el PP por la gestión del proyecto de Fontana acabe contribuyendo, con sus decisiones en el pleno, a que la cuestión siga abierta. La posición de Compromís puede explicarse políticamente, pero desde fuera resulta difícil no percibir una contradicción entre el discurso crítico y la práctica institucional. Especialmente cuando Carme C. Caturla vuelve a ejercer, a ojos de quienes seguimos la política municipal, como esa especie de “novena concejala del PP” que permite al gobierno de Rosa Cardona mantener una mayoría política suficiente en asuntos importantes. Demasiadas veces Compromís parece más preocupado por marcar matices que por marcar una alternativa. Creo que ella tiene vocación fantasmal también, y estas siglas desaparecerán en 2027.
Mientras tanto, Jávea sigue necesitando algo bastante más sencillo: política. Política con proyecto, con ideas y con capacidad para decir que no cuando sea necesario. Política capaz de defender el suelo público como patrimonio de todos y no como moneda de cambio. Política capaz de mirar más allá de la próxima operación urbanística, de la próxima inversión prometida o del próximo titular.
Volver al pleno después de tantos años me permitió comprobar que algunos fantasmas siguen ahí… y otros nuevos.






