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«Se ha marchado mi amigo el ex juez de paz de Xàbia, Gabriel Sapena»

Juan Legaz Palomares

Colaborador
18 de octubre de 2026 - 07:26

OPINIÓN | Juan Legaz Palomares

Hace unos días, se marchó un amigo para no volver jamás. Hondo dolor y reflexión sobre mi propia marcha. ¿Cómo será la partida? Decir adiós a los amigos, siempre resulta muy doloroso. El corazón se constriñe y entristece de pensar en la ausencia y vacío tan grande que dejan en nosotros. Es importante perder a un ser querido, una sensación extraña nos invade, un gusto amargo el que nos deja, se va así, a veces, de un plumazo, sin previo aviso para alcanzar el vuelo definitivo. Saber que no vamos a verle más, nos agobia y, nos hace pensar en nuestra propia existencia. Sin embargo, la satisfacción que supone la amistad, permanece siempre en el recuerdo.

Es magnífico conocer y compartir trabajo, cariño, halagos, ayuda, confidencias, celebraciones, viajes, cansancio, desencuentros, y, un sinfín de cosas más. Amistad que se va fraguando día a día y con el tiempo, adquiere una solidez y lazos de unión tan fuertes como si de la propia familia se tratara, a veces incluso más sólidos. Al lado de los buenos amigos, uno se enriquece intelectual, física y espiritualmente y, por consiguiente, es más feliz. Los amigos nos ayudan a seguir manteniendo una vida social y amable, a compartir afectos y conocimientos y, contribuyen a nuestro crecimiento personal, nos ayudan a medir nuestra capacidad de tolerancia, a compartir y amar sin obligaciones ni condición de sangre, a que la generosidad florezca en nuestro corazón como cualidad natural, sin esfuerzo, nos da dinamismo y calidad de vida y les tenemos a nuestro lado cuando el peso de la responsabilidad, los problemas o preocupaciones familiares nos agobian.

Alguien dijo: «Los amigos están en los buenos momentos cuando los llamas y en las adversidades sin llamarlos». Gabriel siempre estaba, aunque no lo llamase y, cada verano siempre estaba dispuesto a llamarme para invitarme, charlar un rato y ofrecerme su amabilidad y su bondad. Lo menos importante era la cerveza o el aperitivo, sino la luz y la amabilidad con la que me trataba. Desprendía luz radiante, sobrenatural y me insuflaba con su amabilidad paz, sosiego y concordia. Por eso, cuando se marchó me siento perdido. No obstante, nos queda el consuelo de que nos cuidará desde su nueva morada. Me gusta imaginar que pasamos a un mundo mejor, donde los intereses son otros, donde el tiempo carece de horas, donde los inviernos son más cálidos… ¿Qué misterio encierra la muerte? Sólo sé que caminamos de una vida a otra inexorablemente, pero, a pesar de la evidencia, resulta tan difícil…

Mi amigo el ex Juez de Paz de Xàbia se ha ido en silencio, en paz y a mando a Xàbia, a la familia, a los amigos y a todos los xabieros. Ha dejado una huella de paz y amor inolvidable, y con la impronta de que no hay que vivir para que nuestra presencia se note, sino para que nuestra ausencia se sienta. Gabriel, descansa en paz y en la gloria eterna. Y, mi más sentido pésame a su esposa Vicenta y a sus hijos, nietos y familia.

Pacientes, debemos aguardar a que el recuerdo se haga cada vez menos imperioso y, que surja la posibilidad de continuar sin la tristeza primera que nos deja su ausencia. Nos queda hacer un esfuerzo para que la vida continúe llena de gozo y esperanza allá donde nos lleve y que, a pesar de las ausencias que continuamente se van generando, sigamos siendo felices y aprendamos poco a poco a prescindir de lo que perdemos y fortalecernos con nuevas oportunidades que nos brinda, con ilusiones renovadas, porque la vida es tan breve y dura como
ilusionante es vivirla:

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo, ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

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  1. Maite Sanchidrián dice:

    Maravilloso escrito !! Un canto a la amistad!!