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‘Santa Llúcia ilumina Xàbia’ por Juan Legaz Palomares

13 de diciembre de 2020 - 00:52

La Ermita de Santa Llúcia y Santa Bárbara corona el punto más alto de uno de los peñones de mayor altura del municipio de Xàbia. A 162 metros de altura se erige esta pequeña capilla -de propiedad municipal- que se engloba, por su disposición arquitectónica, dentro de las llamadas ermitas de conquista (ermites de conquesta).

Pese a que la advocación de la segunda santa pierda fuerza en detrimento de la primera, ambas otorgan el nombre oficial a la ermita más alta del municipio.

La denominación “de conquista” responde al momento de edificación de las mismas cuando los colonos venidos del norte, y con gran tradición cristiana, desplazaron a la población musulmana hacia el interior y asentaron su población en el territorio, entre otras cosas, construyendo ermitas al abrigo del Montgó.

La ermita de Santa Llúcia apostada en ese montículo junto al majestuoso Montgó vigila día y noche a la Ilustrísima Villa de Xàbia. Santa Llúcia es ese lucero incandescente que está atenta todo el año para tratar de aliviar las penalidades que puedan acaecerle al pueblo y a sus habitantes.

La ermita de Santa Llúcia se halla situada sobre un cerro próximo a la población. Fue construida a principios del siglo XVI. Se trata de un edificio austero de una sola nave de planta rectangular. En la Edad Media se invocaba a la santa contra las enfermedades de los ojos, probablemente porque su nombre está relacionado con la luz.

Su fiesta se celebra cada 13 de diciembre con un sencillo programa que combina religión y fiesta popular. La víspera, los mayorales se dirigen acompañados de la música de dulzaina y tamboril a depositar un ramo de flores en la hornacina situada en su calle. Por el camino reparten buñuelos de calabaza y mistela a todos los que encuentran a su paso. El día 13 por la mañana la senda que asciende hasta su capilla se llena de cientos de vecinos y visitantes que suben en romería. Una vez arriba, y tras la misa, es tradicional la Chocolatada para todos los asistentes.

Cada año, Xàbia repite con devoción el rito de subir a visitar en esa pequeña ermita a la imagen de Santa Llúcia, con cantos, bailes y rezos, con el fin de demostrarle su devoción, fe y amor sin límites. Es un día de hermandad, de amistad y de alegría que el pueblo celebra contento y agradecido a su Santa iluminadora.

Es que Santa Llúcia lleva la luz a la oscuridad, y así, la claridad de su luz pacífica jamás abandona a Xàbia. Ella se sacrifica como hizo por Jesús en la Cruz, por fe y por amor. Se enamoró de Él desde niña, y cuentan que perdió sus ojos por una terrible venganza humana.

Siempre fue virgen y pura por decisión personal. La amenaza de tortura de su vida corporal resistiría en la amargura con valentía, dado que su alma limpia no aceptó jamás la maldad. Por lo que, es patrona de los pobres, los ciegos, de los niños enfermos, de las ciudades, de los escritores… y muchos más oficios.

Permanece silente en su preciosa capilla, pero atenta y pendiente de esa bella población mediterránea y, que cada año en su onomástica, peregrina con fervorosa devoción hacia su pequeña y sencilla ermita para rendirle un merecido homenaje y fortificar su fe. Y en sus oraciones, caminan en romería, y le piden que no cese de iluminar a Xàbia durante todos los días del año. Ella, silenciosa, la mantiene iluminada para que en los pasos y avatares que le deparan las circunstancias de la vida, no cesa en ayudarles para que avancen plenos de lucidez, salvando los obstáculos con un amor pleno de esperanza, y les oriente con ideas claras que permitan la prosperidad del pueblo.

Xàbia hereda y abraza con orgullo la luz divina que Santa Llúcia le envía desde la ermita en la que se ubica su bella, esplendorosa y acogedora imagen (que le sirve de refugio y protección) para que siga transformando este espléndido, solidario y placentero pueblo en permanente amanecer de luz, paz y felicidad.

Y es que la espléndida grandeza humana de Santa Llúcia radica en su pureza espiritual:

Siempre fue Virgen y pura
por decisión personal
la amenaza de tortura
de su vida corporal
resistiría la amargura
si el alma no acepta el mal.

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