Xàbia no es solo conocida por sus playas y localidad, sino también por sus faros, que han guiado a los navegantes durante más de un siglo. Dos de los faros más emblemáticos y que se sitúan en Xàbia son el Faro del Cabo de San Antonio y el Faro del Cabo de la Nao.
Estos monumentos históricos, situados al límite de todo, han sido testimonios del compromiso de los fareros, quienes han dedicado su vida a mantener estas luces encendidas. Los faros de Xàbia no solo tienen una importancia funcional, sino que también simbolizan la conexión profunda entre el hombre y el mar.
A lo largo de los años, los fareros han sido los guardianes solitarios de la costa, enfrentándose a condiciones adversas y a la soledad, siempre con un fuerte sentido del deber. Hoy en día, aunque muchos de estos faros están automatizados, la figura del farero sigue siendo fundamental para la preservación de este patrimonio.
A través de los años, la evolución tecnológica ha cambiado el papel de estos guardianes, pero su esencia, la de custodiar la seguridad en el mar, la de dedicar sus vidas a mantener estas luces encendidas, sigue intacta. Estos guardianes de luz continúan siendo un recordatorio de la importancia de proteger y respetar nuestro patrimonio marítimo.
A continuación tienes un índice con todos los puntos que vamos a tratar.
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Los faros de Xàbia
Sobre la vida y el funcionamiento de los faros cabe reseñar que éstos, primeramente, funcionaban a petróleo, posteriormente, con los años se electrificaron y ahora, directamente, aunque a luz, están totalmente automatizados.
Además, para los fareros, su vida en este punto se basaba en tener una mula (que era funcionaria), un carro en los faros para poder trasladarse a los pueblos, obtener el petróleo para el faro y realizar compra de alimentos. También, en estas instalaciones había un pequeño corral con gallinas, conejos, etc para que aportaran sustento alimenticio.
Faro del Cabo de San Antonio
El Faro del Cabo de San Antonio, construido en 1855, y encendido ese mismo año, se encuentra en el Parque Natural del Montgó, en un impresionante acantilado a 170 metros sobre el nivel del mar. Su luz blanca intermitente, que alcanza hasta 25 millas náuticas, ha sido una guía indispensable para los navegantes que atraviesan el Mediterráneo.
Desde este faro se puede observar la isla de Ibiza en días despejados, además de que ofrece un paisaje privilegiado, con vistas panorámicas que atraen tanto a turistas como a locales.
Como anécdota, cuentan que el faro del Cabo San Antonio tuvo que ser desplazado, unos metros, después de construido, por estar situado en la sombra.
Faro del Cabo de la Nao: El Faro Joven
El Faro del Cabo de la Nao, inaugurado en 1928, siendo el más joven de España, no fue encendido hasta 1929, un retraso propiciado por la falta de recursos, principalmente económicos. Este faro se erige en el extremo sureste de Xàbia. Antes de su construcción, realizada por ingenieros, había una luz en el pico del cabo para señalar tierra a los navíos. En su parte subterránea se albergan grandes aljibes.
Con una luz potente y su estratégica ubicación sobre un acantilado que parece la proa de un barco -de ahí su nombre-, es un símbolo de la navegación en la costa. Y es que, según relata su actual huésped, el farero Antonio Fontes: «el acantilado donde se sitúa el faro simula la punta de una nave y que descubrieron los romanos de la época de Julio Cornelio Escipión en su rumbo hacia Cartagonova para combatir contra las tropas de Aníbal. Y quizás por ese parecido con la nave recibió más tarde el nombre de La Nao (navío)».
Su destello, cada cinco segundos, ha sido una referencia constante para los marineros que surcan las aguas del Mediterráneo. Aunque automatizado, sigue operando, demostrando que, pese a los avances tecnológicos, la necesidad de estas torres de luz perdura.
Desde aquí también se puede verse, en días despejados, la isla de Ibiza y otros puntos destacados como el Peñón de Ifach en Calp. Y es que, el faro se encuentra a 120 metros sobre el mar, más 20 metros de faro. La distancia hasta el punto más alto son 100 escalones -78 de piedra y 26 de hierro-, que de forma giratoria, te llevan a la joya de la corona, a la óptica, a la máquina de luz de continuos destellos.
La óptica del Faro del Cabo de la Nao
El farero Antonio Fontes recuerda que antiguamente la bombilla del faro era de mil vatios y luego se cambiaron por halógenos.
Con respecto al aparato óptico giratorio; se trata de una lente de Fresnel, la que ideó en 1822 el físico francés Augustín-Jean Fresnel y que supuso una revolución en el sistema de señalización marítima desde tierra, dando paso a los faros tal y como se conocen en la actualidad. Éste tiene cuatro paneles y da una luz cada cinco segundos (señal de este faro). Tiene una lupa en el interior del foco donde la luz se retracta y sale el haz totalmente recto que ilumina, cada noche, el horizonte del Mediterráneo. El farero de este faro señala que la óptica vino del faro de Menorca.
Los fareros y su vida en los faros de Xàbia
La vida de un farero en Xàbia ha sido, históricamente, solitaria y llena de sacrificios. Antes de la automatización, los fareros debían estar presentes para encender las luces manualmente, enfrentándose a condiciones climáticas adversas y noches interminables de vigilancia. Con la modernización, muchas de estas tareas se han automatizado, pero la esencia del oficio se ha mantenido. Y es que, en la actualidad, los fareros siguen siendo esenciales, pese a que no se requiere la presencia constante de un farero, los aún activos, combinan su pasión al mar con tareas más tecnológicas y administrativas, desempeñan un papel crucial en la gestión de las áreas de navegación y el mantenimiento de los equipos modernos, como las luces LED y los sistemas de balizamiento.
El Cuerpo de Torreros de Faros fue creado en 1851, pero debido a los cambios que se iban produciendo con respecto a la transformación de tecnologías, la función del torrero se iba adaptando.
Asimismo, señalar que estaba estipulado que en los faros catalogados de tercer y cuarta orden -que son los de Xàbia- estaban destinados dos torreros. Pese a los muchos fareros que han pasado por Xàbia para mantener la luz náutica, solo hemos podido recabar el nombre de parte de estas importantes personas, que gracias a los testimonios de sus familiares, a la documentación preservada e incluso, de la propia voz de algunos de ellos, conocemos, un poco mejor, la vida de los faros años atrás.
Fareros de Xàbia
Francisco García Orts (1913-1983)
Francisco García Orts fue uno de los primeros fareros de los que se tiene registro en Xàbia. Nacido en Santa Pola en 1913, dedicó su vida al cuerpo técnico mecánico de señales marítimas. Él ya procedía de familia de fareros. Después de trabajar en el faro de Formentor (Mallorca) y de manera provisional en la Isla de la Palma, en concreto, en el Faro de Punta Cumplida, entre otros de ambas islas; García llegó a Xàbia. Era en noviembre de 1940 cuando comenzó su labor en el Faro del Cabo de San Antonio.
Al año y medio fue nombrado segundo oficial de 1ª, llegando a tener un sueldo de 6.000 pesetas. Pocos años más tarde fue trasladado al Faro del Cabo de la Nao (alrededor de 1944). El motivo de este cambio no fue otro que el de la complejidad de funcionamiento del faro. Sus familiares, también fareros, recuerdan que «el faro del Cabo San Antonio era un faro de petróleo y a medianoche había que subir al faro con una lata de petróleo para que éste no se apagara. El sistema de funcionamiento no permitía perder la guardia y había que estar vigilante durante la noche; mientras que el faro de la Nao iba con acetileno (gas) y suponía menos trabajo».
García fue un farero comprometido, pasando a otros destinos, como Dénia, en el Faro de Descanso - La Faroleta, en 1959, por tener unas mejoras de trabajo y no estar aislado, pasando en 1971 al de San Carlos de la Rápita donde finalmente se jubiló en 1983.
Señalar que a su corta edad, sin apenas tener los 30 años, García Orts ya contaba con gran experiencia en faros de clasificación aislada. Este farero de Xàbia estuvo más de 48 años dedicado a la salvaguardar a los marineros.
Su hija, María García Castelló, recuerda como era la vida en los faros: «era una vida aburrida. Con los años, vivíamos en invierno en el pueblo para poder ir al colegio. Cuando estábamos en el Cabo de la Nao recuerdo que íbamos en bici a comprar a una tienda que había en el Portitxol, aunque en el faro teníamos animales (conejos, gallinas) que criábamos para comer y hacíamos también el pan en el horno de leña».
Salvador Cholbi Ortolà (farero de 1930 a 1956)
Salvador Cholbi, nacido en 1896, fue el sucesor de Francisco García Orts y asumió el puesto de farero en 1930. Durante la Guerra Civil, su vida como farero no estuvo exenta de peligros. Se recuerda que, en el Faro de la Nao, había una cueva a la que se accedía desde el faro y que servía como refugio durante los bombardeos. Cholbi también realizaba recados en barca para los vecinos de la zona y, a pesar de las dificultades, se dedicó por completo a su labor hasta 1956. Muere en 1959.
Según documentación aportada por sus familiares, el horario de trabajo era de 07:00 a 09:00 y de 16:00 a 20:00 horas. Era farero del Cabo la Nao desde 1937 y allí vivía.
Como anécdotas cuentan sus allegados que los carabineros de la zona siempre se acercaban y en muchas ocasiones aprovechaban para quedarse a comer. Recuerdan también que realizaba los recados de los vecinos con una embarcación y salía a pescar a Les Pesqueres.
Arturo Salvatierra Villalta (Finales de 1940)
Arturo Salvatierra Villalta llegó a Xàbia a finales de los años 40, siendo la tercera generación de fareros en su familia. Proveniente de Tarifa, Salvatierra había aprobado la oposición en Madrid y fue destinado primero al Cabo de San Antonio, y más tarde, al Cabo de la Nao.
Durante su estancia en Xàbia, se le recuerda por su vasto conocimiento, poliglotismo y su amor por la lectura. Cuando vivió por el Camí Vell de la Mar, a menudo subía caminando al faro. Su carrera lo llevó también a faros en Santa Pola, Puerto de la Selva y Valencia, siendo este último su destino final antes de jubilarse en los años 80.
José Garreta Arias (Años 50)
José Garreta llegó a Xàbia, al del Cabo de San Antonio, en octubre de 1949, después de aprobar su plaza de funcionario en señales marítimas en Madrid, con 23 años, y tras estar en distintos faros de España como el de Chipiona o el de la Isla de Dragonera.
Su llegada a Xàbia, como segundo farero, le hace unirse a Arturo Salvatierra. Posteriormente, solicitó excedencia. Fue en el año 1962 y se dedicó a otros negocios, pidiendo en 1977, reingresar como farero.
La vuelta a las señales marítimas le llevó a cubrir suplencias y sustituciones haciéndole estar en varios faros de la Península Ibérica y Baleares, siendo uno de los destinos, Menorca, Ciudadela. Tras pasar unos cinco años cubriendo vacaciones, bajas, etc, consigue volver, de nuevo, en 1982, a Xàbia, siendo destinado al Faro del Cabo de la Nao, sustituyendo a Manuel Crespo y donde permaneció hasta su jubilación. -Esta información ha sido posible gracias a la documentación guardada por su hijo, José Garreta-.
Garreta disfrutaba de la independencia y soledad de su vida como farero, «le gustaba mucho ese tipo de vida», indica la hija; y fue testigo de la transformación tecnológica que vivió el oficio, especialmente con la electrificación de los faros en 1975. Reseñar que en estos años, los coches estaban contados y ya no se circulaba en carro, por lo que Garreta iba en moto a por el petróleo. Resaltar que su mujer fue maestra del Colegio Nacional en Jávea.
Señalar que siendo farero Garreta se registró la cifra de lluvia más alta de la historia con más de 1000 litros/m2 siendo en 1957 con la conocida riada o l'aiguà.
Manolo Giménez y María Amable Traba (1980-2012)
Manolo Giménez asumió el cargo de farero en Xàbia en 1980 y lo compartió con su esposa, María Amable Traba, quien fue una de las tres primeras mujeres fareras en España; es de las más antiguas ya que perteneció a la primera promoción.
Durante más de tres décadas, mantuvieron y supervisaron los faros de la provincia de Alicante. Manolo fue jefe de señales marítimas de la zona de Alicante y, junto con María, supervisaban las señales marítimas de toda la costa -180 km más piscifactorías, balizamiento, señales de puertos, etc-, un trabajo crucial para la navegación segura.
Estuvieron los dos primeros años viviendo en el Faro de Cabo San Antonio pero las dificultades de desplazamiento, le llevaron a vivir en el puerto de Dénia. Como anécdotas, Giménez recuerda que en 1983, con la nevada, «me quede encajado frente al monasterio, llevaba cadenas, pero era imposible acceder al pueblo, me tuvieron que traer leche para mi hija porque no podíamos acceder».
Manolo recuerda que hasta el año 92 -1992- eran funcionarios, «pero luego pasamos, los fareros, a ser laborales, quedando solo cinco personas, de las cuales se fueron jubilando y sólo queda, a día de hoy, un encargado de toda la zona de Alicante, el que se sitúa en Santa Pola. Han cambiado mucho las cosas. De levantarse de la mesa en la cena de Nochebuena por un fallo y pasar la noche solucionándolo, a tenerlo todo automatizado».
Antonio Fontes (1990-2024)
El último farero de Xàbia, Antonio Fontes, ha estado a cargo de los faros de Cabo de la Nao y San Antonio durante más de tres décadas -34 años-. Fontes, originario de Murcia, siempre había soñado con una vida ligada al mar. De joven siempre había navegado, hacía vela, fue monitor y un día, la casualidad quiso que navegara con un gran velero. Estudió en Burgos y decidió estudiar señales marítimas. Sus primeros destinos fueron el faro de la Isla de Santa Clara en el País Vasco y el Faro de Monte Igueldo pero en 1990 llegó a Xàbia, donde estableció su hogar.
A pesar de la automatización de los faros, Fontes se ha negado a dejar que su legado desaparezca. Aunque se ha jubilado recientemente, sigue viviendo en el faro, manteniendo su luz y su historia vivas. «Mientras no se deje de navegar, los faros seguirán funcionando», señala el último farero de Xàbia.
Y es que, entre sus funciones de mantenimiento del faro y del resto de las instalaciones, «está la de limpieza de los cristales ante el paso migratorio de las aves», indica Fontes, «y antiguamente, entre las funciones también estaba la de registrar los datos de lluvia, y otros datos meteorológicos, ya que existe una estación en el faro».
El futuro de los faros
Con el paso del tiempo, los faros de Xàbia se han modernizado. Hoy en día, la mayoría de ellos están automatizados y ya no requieren la presencia constante de un farero. Sin embargo, la historia de estos guardianes del mar sigue viva, y muchos faros se han convertido en centros culturales o turísticos, pero aún así, los faros siguen y seguirán funcionando.
Los faros de Xàbia y sus fareros representan una historia de dedicación, sacrificio y amor por el mar. Aunque su papel ha cambiado con el tiempo, su legado sigue vivo.































Me ha gustado mucho el articulo y su pasada historia pero mi padre no vino como ayudante de nadie.
Vino con una plaza de funcionario obtenida por examen en Madrid.
Y me gustaría enviar alguna foto!!!
Contacten conmigo por favor
Por curiosidad ,uno como accede a ese puesto de trabajo?
Gracias Fareros por todos vuestros esfuerzos encomiables
Gracias por el artículo.
Una sensación de grandeza en mi infancia (años 50 del siglo pasado), creo que la primera, fue subir la escalera de caracol del faro del cabo San Antonio con mi padre y mi hermana y encontrarme con esa enorme luz a traves de las gigantes y preciosas lentes en movimiento.
La persona que hacía posible cada atardecer ese espectaculo era sin duda un héroe, como los mitológicos.
Yo soy nieto de Francisco García Orts. Es una pena que no hayáis contactado con mi madre, que con 89 años os hubiera podido ayudar en el artículo o con la familia Salvatiera o la familia Garreta. Toda su juventud la pasó en el Cabo de La Nao hasta que contrajo matrimonio con mi padre y nos trasladamos a la casa paterna en la Calle Mayor de Jávea. Una gran parte de las hijas e hijos de los fareros se casaron aquí y cuando querías os ayudaremos a hacer un artículo más completo y con mas historias y anécdotas. Enhorabuena.
Septiembre 15 a las 20,07
me ha encantado este articulo, siempre me han fascinado los faros y la vida tan dura de los fareros, enhorabuena.
Os falta también a Carlos “ El Canario” en los “ochenta “ fue duramente algunos años Farero del Cabo.
I lived on la Plana de San Antonio in the 1970s and one evening I was visiting the farero when he allowed me to accompany him while he lit the faro. We squeezed inside the circling Fresnel glass which rode in a bronze trough on a bed of mercury. In those days before electricity was brought to la Plana the light was produced by gas ( not diesel) and the lighting of the mantle necessitated heating of mantle first with alcohol and when hot the gas was turned on. The Fresnel lens was moved by a lead weight that was cranked up by the farero and as it fell it turned the lens. It took six hours for the weight to descend and then the farero had to crank it up again. That half hour experience has remained vivid for me for some fifty years.
Muchas gracias por esa explicación y excelente memoria.
I lived on la Plana de San Jerónimo in the 1970s and one evening I was allowed to be with the farero while he lit the faro. Before electricity was brought to la Plana the faro was fired by gas (not oil). The light was produced by a large mantle which required the heating of the mantle with alcohol. After a few moments when the mantle was heated enough the gas was turned on. The Fresnel glass turned on a bed of mercury which was in a circular bronze trough. A lead weight was cranked up by the farero and after six hours he returned to crank it up again.