OPINIÓN
Las cruces de mayo en España, celebradas principalmente en dicho mes (especialmente en la región Valenciana, Andalucia, Murcia y Extremadura), son una festividad que fusiona la tradición religiosa del hallazgo de la cruz por Santa Elena con ritos paganos de primavera.
Los vecinos decoran las cruces con claveles, rosas, flores, plantas y artesanía, convirtiendo las calles, patíos y plazas en altares florales, acompañados de música, comida y concurso de premios populares. Aunque la tradición es antigua, se consolidó con gran popularidad durante la Edad Media, y consistía en colocarle unos lienzos que llevaban en su centro un crucifijo y los elementos de la Pasión. El objetivo era expresar el sacrificio de Cristo para salvar a la humanidad.
En mi querida Xàbia, las cruces de mayo es una tradición arraigada que, según parece, proviene de los años 50-60 del siglo XX, donde se adornan cruces con flores en el Centro Histórico y Duanes de la Mar.
Religiosamente esta festividad, en Jávea, está vinculada a las Fiestas de Jesús Nazareno, destacando su finalización el 3 de mayo, mediante la memorable, emblemática, emotiva y religiosa procesión del regreso del
Nazareno desde la Iglesia de San Bartolomé a su ermita del Calvario, donde permanece durante todo el tiempo hasta que regresa a finales de marzo, cada año, a la Iglesia de San Bartolomé.
Esta antigua tradición se mantiene viva y con fe, que va aumentando año tras año, y está estrechamente ligada a las Fiestas en Honor a Jesús Nazareno, que está siendo amado, venerado y adorado desde hace más de 250 años por Jávea y, así, se combina la devoción religiosa con el arte popular, transformando rincones de Jávea con cruces confeccionadas con amor, entusiasmo y con grandes detalles de arte, ánimo y alegría por parte del vecindario.
Con los años hemos observado que ese ambiente enriquece y santifica, como el de otras fiestas sociales y culturales. En realidad, quienes se divierten sanamente suelen ser unos pocos, aunque, desgraciadamente, otros sufren las consecuencias de la barbarie y la irracionalidad, porque orientan su vida hacia otras prioridades. En nuestro camino de acompañamiento y ayuda a personas con adicciones lo he sufrido también: mujeres y hombres que estaban intentando salir de un círculo que, de repente, en medio del ruido y la tentación constante, vuelven a caer en las garras del consumo y de la barbarie. A veces basta un instante. Un momento, un segundo, puede desequilibrar la mente. Y todo lo que se había conseguido después de meses duros de acompañamiento, de cuidados, de concienciación y de renuncias se viene abajo de golpe.
Regresan entonces el autoengaño, la mentira, el hurto y la huida hacia ninguna parte. Bueno, en realidad, sí, hacia la destrucción. El ambiente que rodea la fiesta es tan sutil y seductor que, al final, lo que debe ser alegría puede convertirse en una trampa que atenaza, vicia y atrapa.
La búsqueda de la cruz es un signo necesario e imprescindible para los humanos que, en nuestro interior estamos pidiendo soluciones a nuestras flaquezas, debilidades y penalidades. Nos advertía el filósofo francés Blais Pascal: «Solo conozco dos tipos de personas razonables, las que aman a Dios de todo corazón porque le conocen, y las que le buscan de corazón porque no le conocen».
Este evento festivo que celebráis con tanto fervor, emoción e ilusión que coincide con la Fiesta en Honor a vuestro Nazareno, desde la fe, el amor, la esperanza y la pasión por Él, lo hacéis desde la humildad y con un corazón limpio y puro sabiendo que vuestro Nazareno todos los días, desde el silencio en su ermita del Calvario, vela por vosotros y está pendiente de vuestras flaquezas y de vuestras miserias humanas e interiores.
Javienses, desde la humildad, sencillez y la modestia, como hacéis desde hace más de dos siglos y medio: «Mirad a Vuestro Nazareno en la Cruz».






