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‘La ensesa o la passa. Les Pesqueres de nit fosca’, por Juan Bta. Codina Bas

31 de octubre de 2021 - 08:47

Cuando escribí Desde Jávea, me di cuenta de que había muchas cosas que yo desconocía y entre ellas el mundo de la mar. Un amigo, Alfred Aiza Roca me regaló su libro El Mon mariner de Peniscola en intercambio con el mío y cuando lo consulté comencé a buscar información sobre el Mon Mariner de Xàbia en una idea de emular a mi amigo, hasta que comprobé el campo tan amplio que él había tomado y me sentí impotente para emprender tal trabajo, pero en aquel tiempo hice varias entrevistas a marineros así como consultas a las bibliografías existentes como la del alteano Ramón Llorens Barber, en su Diccionario de Altea y sus cosas. Otras búsquedas se centraron en el relato que hace Figueras Pacheco en 1914 y que transcribe Almela y Vives en Valencia y Su Reino, así como el visionado del documental de Vicente Escriva, titulado Pescadores de Jávea y que se puede encontrar en internet.

Pues bien, fruto de aquel deseo es la entrevista que mantuve en Benitatxell buscando información sobre les pesqueres. Fue un anochecer del mes de agosto de 1986 cuando estuve hablado con Vicente Marqués Buigues y Vicente Buigues Ferrer (de 58 y 46 años respectivamente en aquel momento) y más tarde (en 2008) me entregó algunos datos el amigo Juan Llobell Monzó.

En 1999 publicaron Antoni Barber, Ismael Guardiola y Miquel Almenara Nits i peixos a les pesqueres de cingle y en estas fechas ha salido a la luz, Nits de Tinta con un reportaje fotográfico y traducción del texto al final del libro. Es un libro donde Jake Abbott destila trabajo y amor a este tipo de pesca y eso se nota en el mismo.

Todas estas obras tratan de les pesqueres si bien este modo de pesca es conocido como la ensesa y la passa en el vocabulario local por cuanto el pescador tiene un carburero encendido para atraer a los peces en las noches sin luna o poca luna, y la passa al tener que estar el pescador esperando a que el pez pase cerca del cañizo en que se encuentra para en ese momento, atraído por la luz, lo pueda pescar.

Pero también la palabra cingle en el Diccionario Catalán Valenciano Balear figura con la traducción de risco y alude a un espadat de roca. Espadat, creo que está más cerca del sentido que tienen estos tinglados del entorno del Cabo de la Nao. Esta palabra como sustantivo significa 'roca o tros de terreny vertical o molt rost' y también el significado 'de costat vertical o molt rost' que traduce por escarpado o abrupto y añade ‘acantilado'.

Cuando se habla de les pesqueres dels penya segats de la Marina Alta también estamos aludiendo a estas construcciones y nuestros interlocutores añadieron otro significado al cingle señalando que era una senda en montaña peligrosa o sendas intransitadas.

Pescar a la encesa dice el Diccionario Catalán Valenciano Balear que es pescar en la noche y cuando se busca passa aparece una acepción al peix de passa como el peix emigrant, que sols es pesca en determinada època de l'any.

Estas puntualizaciones y la conversación que tuve en 1986, las convertí en un texto al que le puse el título de ‘Un día cualquiera sin luna’ y que ahora transcribo, no sin advertir antes que este texto está enriquecido con las fotografías de Consuelo Cuenca Morató y de Jake Abbott donde se muestra con gran belleza la dura y esforzada vida de los que se dedicaron a este tipo de pesca nocturna que ponía en peligro sus vidas. Agradezco su colaboración en ambos casos y sirva este reportaje como homenaje a aquellos que no tuvieron más remedio que acudir a esta alternativa para sobrevivir.

Un día cualquiera sin luna

El pescador, después de hacer una comida frugal y después de una hora u hora y media de descanso — dormición o siesta – se prepara para salir y en un capazo de pleita (llata) o esparto acomoda el recapte y la botella de vino. El recapte consistía en un trozo de pan amasado y cocido en casa “Pa fet a puny” y un trozo de butifarra, frito (carne de cerdo en aceite) o salat (anchoa y melva, a veces cavalla o un capellà (bacaladilla sometida a un proceso de secado), bull…

También metía en el capazo unos dos kilos de carburo, el farol o carburero, el rall (esparavel) con sus ocho o diez libras de plomo (unos cuatro o cinco kilos). En la pesquera tenía el salabre con un asta de 5 o 6 metros de longitud con el fin de poder llegar a mayor profundidad.

La pesada carga con una cuerda ya amoldada por el uso al hombro, se acomodaba a la espalda mientras la mano se ubicaba en el espacio adecuado y a modo de un cabestrillo ejercía un fuerte contrapeso del capazo que se situaba detrás.

Hacia las 4:30 o las 5 se despedía de su familia para irse a la ‘ensesa’. En ocasiones un hijo de 15 o 16 años acompañaba al padre y le relevaba en el trabajo y podían traer mayor cantidad de pescado. Nuestros hombres iban caminando hasta el sitio denominado ‘el fumador', el corral de Toni Marqués, y allí esperaban un rato haciéndose un cigarrillo, por si acudían más pescadores. En ocasiones se juntaban hasta 25 o 30 hombres y luego ya en grupos iban caminando por las sendas hasta algún lugar donde de nuevo se separaban para ir cada uno a su pesquera.

Por el camino estos hombres iban ilusionados y esperanzados por conseguir una buena pesca, hablaban de los acontecimientos del pueblo, de las pescas abundantes de otro tiempo. Ya sabían por acuerdo tácito y consuetudinario que no debían hablar de ‘retors’ (curas), raboses (zorros) ni animales largos (culebras y serpientes) ya que esto les daba mala suerte. También sabían que en martes y trece no debían comenzar la temporada ni hacer pesca siguiendo el refrán popular: ‘en martes y trece la tierra desaparece' al igual que el día de almas no debían ir a la mar por si veían “llumetes” (lucecitas) a la mar.

Por el camino iban cogiendo alguna rama seca que encontraban, un sarmiento de cepa, etc, hasta hacer un pequeño garbonet que acomodaban sobre el capazo y que luego serviría para hacer una pequeña fogata. Bajaban por pasos peligrosos hasta la pesquera.

Habían tardado entre una hora u hora y media en cubrir la distancia que les separaba del Poble Nou de Benitatxell. Al llegar se acomodaban, preparaban el farol con el carburo y la pantalla sobre el cañizo y hacían una cena temprana con lo que habían traído reservando algo para más tarde.

Cuando ya se hacía de noche, encendían el farol e iniciaban la espera. Más luz o menos según el momento, y la luminosidad ambiental hacía que las sepias, calamares y llisas acudieran en su busca, momento en que el pescador cogía el rall y con una maniobra rápida, después de partir el rall, lo lanzaba sobre la pequeña “mola de peces”.

El rall se abría abarcando un espacio de cuatro o cinco metros cuadrados cayendo sobre ellos improvisadamente; el peso de los plomos les aprisionaban y la experta mano del pescador que recogía “la tiradora” los englobaba y de esta forma quedaban enredados entre las mallas del arte.

Si habían sabido encontrar el momento propicio la pesca era buena y la alegría recorría las venas del pescador. Esta acción la repetía infinidad de veces a lo largo de la noche sin luna. Pero también usaba otros artes como el salabre o la caña con la que pescaba sarguets, corvas, sargs imperials, oblaes, chopa, morrut, mero…o el rastre para coger calamares.

Hacia las once o doce de la noche se retiraban al recinto que tenían más arriba para descansar un poco. Hacían un pequeño resopón con lo que habían reservado y a veces con el garbonet de llenya hacían un fuego para calentarse y en ocasiones asar un pescado. El frío se iba haciendo más agudo y había que hacer algo de fuego; a veces una estora vieja resguardaba un poco del aire frío y húmedo.

Al amanecer volvían a situarse sobre el cañizo para re-iniciar la pesca y al romper el día daban por concluido el trabajo iniciando el ascenso por la roca cortada (el penya segat). Ahora tenían que cargar con el producto de la pesca y si había sido mucho debían hacer dos viajes desde el cañizo a la parte superior del acantilado. A veces llevaban de regreso, hasta 30 kilos de peso.

Hacia las seis o las siete de la mañana estaban de nuevo en el pueblo después de la larga caminata, y en el mercado esparcían la mercancía sobre los capazos con el indicativo del precio estimado y el peso. Si habían pescado una llisa grossa preferían venderla entera más barata, que a trozos, ya que ello suponía tener que limpiarla y trocearla y siempre habría trozos poco apetecidos.

Luego nuestros hombres se retiraban a descansar para obtener nuevas fuerza para reemprender de nuevo la tarea por la tarde. Si el mar estaba movido o picado, no pescaban. ¿Cuántas ocasiones habrían vuelto sin pescar nada después de una larga y fría noche? Muchas, pero ellos continuaban por ser su único medio de vida. Luego, fuera de esta época invernal (el momento idóneo para este tipo de pesca va de Navidad hasta el mes de marzo, si bien en ocasiones se adelantaba o se atrasaba) en muchos casos, las tierras de Oran y Argelia conocían de su esfuerzo y valor, ya que era el lugar a donde se dirigían cuando el trabajo escaseaba en estos lugares.

Al inicio de la temporada así como al término de la misma cada pescador realizaba el teñido de sus redes con rosca de pino picada; esto sucedía con las redes hechas con hilo de ‘torçal’. Hoy el hilo de nylon lo ha sustituido y evita esa labor ya que es mas permanente y no se deteriora con el tiempo, la sal o los restos del pescado.

Solo me queda relacionar las pesqueras existentes entre el cabo de la Nao y la cala de Benitatxell, donde comienza el término de Teulada. Las pesqueras de este trozo son: El Pinet, La Fonda, El Morrot, Sol del Barrant, Foc de Ambolo, Banco de Ambolo, La Largue, La Chapa, Morro Castell, El Racó, La Filanera, La Blanqueta, La Perdida, El Raconet, El Paller, La Cova, La Branca, La Palera, El Águila, La Rosa, El Barrant del Rohabit, La Taula, El Riu, La Sirena, L’Alderá.

Mientras unas pesqueras son fácilmente accesibles otras necesitan de escaleras o cuerdas para llegar a ellas. De las que siguen en la relación señalaremos que La Chapa, Morro Castell, La Perdida y La Palera han sufrido la muerte de una persona que falleció por asfixia (ahogada) o desapareció en el mar por caída. Las causas de esas muertes estaban en el cansancio, la mucha carga, cuerdas podridas, pasadizos peligrosos con cuerdas para cogerse y rotura de las mismas.

Hoy, este modo de vida está prohibido, pero hay un deseo de recuperar y mantener esta tradición, para conservar la memoria de un modo de vida desaparecido.

4 Comentarios
  1. Subi dice:

    Yo conozco muy bien las pesqueras . Me e criado en la zona y siempre navegavamos x los acantilados . Y mi padre nos las enseñaba y contaba la historia de cada una . Al tiempo hice senderismo x esos acantilados y visitado alguna . También los refugios de piedra q hacían bajo alguna cornisa , incluso e pasado noche en algún refugio. Es una pena , pues las vías q hacían para acceder a la pesquera están muy deterioradas o directamente no existen . Eran vías muy peligrosas , un tronco x aquí , argollas para pasar cuerdas , escaleras artesanales … Ahora solo ves las argollas y hierros incrustados en la roca , algún resto de cuerda , y madera q intuyes usaron . Alguna se intentó actualizar y tienen algun cable q no se pudre . Pero realmente están prácticamente desaparecidas . Una pena , pues es una historia fascinante . En un entorno magestuoso . Reseñar la cala de lleveig o cala de los pescadores en benitaxel . Q es un auténtico » pueblo de enceseros . Gracias a mi amigo el Roig de poble nou q me enseñó muchos secretos de las pesqueras y juntos hacíamos pesca submarina en la zona . La mejor paella marinera q e comido nunca allí fue . Con una paella ennegrecida , lo q pescamos , caracolas y demás . Las estrellas Michelin se quedan cortas !!! Q tiempos , durmiendo en los refugios de piedra y comiendo lo q pescabamos

  2. Manuel dice:

    Muchas gracias por esta magnífica aportación que nos permite acceder a una pagina interesante de la historia de Jávea, sus gentes y sus costumbres que ilustra y describe con una envidiable facilidad de palabra y todo lujo de detalles. Se lee con soltura y se entiende el texto al que se añaden las bellas fotografías y algunas palabras en valenciano que nos acercan aún más al corazón de los pescadores. Enhorabuena

    • Juan Bta. Codina Bas dice:

      A Manuel y a Godofredo: He de deciros que este artículo no hubiera sido igual de entendible sin las fotografías de Jake Abbott, Consuelo Cuenca Morató y Ximo Bolufer (Museu de Xàbia) a quienes agradezco el gesto de haberme remitido las fotos en una colaboración eficaz y necesaria para comprender mejor el texto. ¿Como es posible entender el trabajo del rall, sin esa fotografía nocturna al lanzar el rall que debió costar mucho tiempo para obtenerla, tal como salió? ¿Cuantas pruebas tuvo que hacer Jake Abbott? Gracias a estos amigos y otros muchos a los que acudo cuando quiero que una imagen haga mas comprensible un texto. A veces una foto mía vale, pero no tiene la belleza y ni el arte que destilan las que acompañan a este artículo.

  3. Godofredo dice:

    Excelente artículo, que se lee con agrado y mucha nostalgia. No he practicado las arriesgadas «pesqueras», pero sí que he visto, desde el mar y muchas veces a los esforzados pescadores, en ocasiones descender y, las más, ascender, con sus cañas y capazos a cuestas, por empinados y escabrosos senderos. También pescando, casi colgando de la roca o «aponat» en cualquier saliente. De esto ya hace mucho tiempo; en los años 70 aún los veía pero a partir de ahí muy pocos he visto y sí he comprobado como los puestos se han ido deteriorando hasta desaparecer bastantes de ellos.


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