En la pared de un edificio comercial situado en la avenida del Plà de Xàbia ha surgido una imagen que va más allá de lo artístico: un mural que recoge la historia de una familia y, con ella, la evolución económica y social del municipio de Xàbia.
Y es que, lo que comenzó como una infraestructura cuestionada por parte de la ciudadanía por su volumen de hormigón, ha acabado convirtiéndose en un símbolo de identidad local.
El impulsor de la iniciativa, Vicente Castelló, vecino de Xàbia, responsable de la parcela y del edificio comercial, explica que la idea nace precisamente de esas críticas iniciales. «Proyecté un edificio comercial y enseguida vinieron las críticas por su aspecto industrial, así que tras una petición desde el Ayuntamiento para mejorar su aspecto e implantación en el entorno, y de paso acallar las críticas, surgió la oportunidad de homenajear a mi familia y de mostrar públicamente parte de la transformación de Xàbia», señala.
Una obra que narra la evolución de Xàbia
El mural, realizado por el artista Víctor Goikoetxea, no es una simple imagen decorativa. Se trata de una composición elaborada a partir de distintas referencias a la actividad, de profundizar en las características de la familia representada y sus gustos (como la pintura o la agricultura), y del uso de distintas fotografías, «que sabiamente el artista ha sabido entrelazar, expresando visualmente la transformación de Xàbia a lo largo del tiempo», reseña Castelló.
En él se refleja una etapa clave en la evolución del municipio: el paso de una economía basada en el cultivo de secano hacia el cultivo de regadío. «Xàbia vivió primero del cultivo de secano y se transformó luego en cultivo de regadío», explica Castelló. En ese proceso, la recogida de naranjas se convirtió en una actividad fundamental, desarrollada también en el mismo espacio donde hoy se levanta el edificio comercial.
La naranja como eje económico y familiar
Tras la etapa de la pasa, la economía local encontró en el cultivo de la naranja su principal motor. «La base de la economía de Xàbia, tras la pasa, fue el cultivo de la naranja», destaca Castelló, subrayando que esta actividad no solo marcó el desarrollo económico del municipio, sino también el inicio de su historia familiar.
El mural recoge ese legado con detalle: aparecen los naranjos, herramientas tradicionales como la báscula y los cajones de madera iniciales utilizados para recolectar la fruta, y la representación de su familia —padres y hermana— como protagonistas de esa historia. Todo ello con el Montgó y el paisaje de Xàbia como telón de fondo.
Un montaje visual con raíces en distintos lugares
La obra es el resultado de una composición que integra diferentes elementos: una fotografía de un huerto familiar de naranjos en Catarroja, el paisaje de Xàbia visto desde la zona de Puerta Fenicia y las imágenes de la propia familia Castelló.
Este ensamblaje permite ofrecer una visión simbólica que conecta territorio, memoria y actividad económica, reflejando tanto el origen geográfico como la evolución del entorno.
Del campo al turismo: el cambio de modelo
El mural también deja espacio para una lectura más amplia: la transformación del modelo económico de Xàbia. La presión turística acabó sustituyendo progresivamente al negocio de la naranja, marcando un antes y un después en la identidad del municipio.
Castelló recuerda que en la época de la pasa muy pocas familias vivían de esa actividad, mientras que con la naranja la mayor parte del municipio resultó beneficiada, ya fuera a través del cultivo, la recogida o la comercialización. Un cambio que consolidó una economía más extendida y participativa.
Un mes de trabajo para una obra con impacto
El artista Víctor Goikoetxea ha dedicado algo más de un mes a la creación de este mural. Su implicación ha sido clave para materializar la idea inicial. «Él supo captar la idea desde el principio y ha creado esta gran obra», afirma Castelló, quien también destaca el uso de colores vivos que aportan luminosidad y visibilidad al conjunto.
De volumen de hormigón a símbolo emocional
Lo que en un principio era percibido como «un gran volumen de hormigón criticado» se ha transformado en un homenaje que conecta pasado, presente y memoria familiar. Castelló agradece la acogida final de la iniciativa y el cambio de percepción entre vecinos y visitantes.
El mural se convierte así en un punto de encuentro visual y emocional, capaz de explicar, en una sola imagen, de dónde viene Xàbia y cómo ha evolucionado su identidad.

















