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‘El ejercicio de la abuelidad….’, por Juan Bta. Codina Bas

28 de noviembre de 2020 - 11:56

Este texto lo dedico a dos abuelas que recientemente han pasado a ejercer la abuelidad. Y aunque la abuelidad pueden ejercerla abuelos y abuelas, parece que son ellas las que mejor la ejercen, dejando para los abuelos el recurso de ir a por los nietos a la salida de la escuela y acompañarlos a las actividades y algunas otras cosas que se prestan a ello. La enhorabuena por ello a todos cuantos pueden ejercer la abuelidad en estos tiempos que la pandemia nos pone cortapisas para ver y sentir el calor de los nietos.

Hace unas fechas le preguntaba a una amiga, recientemente abuela, si estaba ejerciendo su abuelidad y como he comprobado que este término no aparece en el Diccionario de la Real Academia Española, voy a hacer una pequeña contribución al esfuerzo existente entre algunos colectivos para que la citada palabra y el concepto que asume la misma se incorpore al Diccionario de la RAE.

En 2014 escribí un ensayo titulado “suegro y abuelo” que he distribuido entre algunos amigos y compañeros de carrera, sobre el papel masculino de estos dos estados. En el mismo traté el tema de la abuelidad. Hay que señalar primero que es una función ligada al desarrollo de la gerentología, de los derechos de los abuelos, al alargamiento de la vida y a la noción de cuarta edad que no tercera. La abuelidad no hay que confundirla con la ancianidad ni la vejez, sino con el establecimiento de una relación con el nieto o la nieta. Es la relación que se prodiga entre los
nietos y los abuelos.

Esta expresión fue acuñada por la Dra. Paulina Redler en 1980 y lo definió como “la estructuración psíquica del ser humano en el orden de las filiaciones en situación trigeneracional, personal, familiar y social”. Aquí se habla de las relaciones existentes entre tres generaciones y dos personalidades, la de los abuelos y la de los nietos.

He constatado que en las generaciones de la primera mitad del siglo XX muchos ‘abuelos’ ya habían fallecido al nacer sus nietos. Para ellos, en ese momento histórico, tener un nieto era el inicio de la vejez y de la finitud consecuente. Pero hoy, con el alargamiento de la vida y las jóvenes maternidades, el paso al estado de abuelo o abuela es mas temprano. Hoy hay abuelos y abuelas en una edad de puede rondar los cincuenta años, si bien hoy, cuando la maternidad tiene lugar a una edad mayor, la de los abuelos también aumenta, pero no tenemos el concepto de finitud que tenían los de antaño, ya que nuestra esperanza de vida es mayor y no nos encontramos tan ‘mayores’ como los de antes.

¿Cuál es la función de los abuelos para ejercer la abuelidad consciente y plenamente? Mantener la autoridad sin ser autoritario. Trasmitir de los valores familiares reforzándolos. Comunicar los conocimientos y habilidades del pasado frente o con la invasión de la televisión y las nuevas tecnologías, pero siempre con un trato bañado por el cariño y el respeto.

Los abuelos no deben sustituir a los padres. No tiene edad para ser padre, o madre en el caso de las abuelas. A Julián Marías le preguntaron cuando tuvo su primera nieta, si quería a los nietos como a los hijos. Contestó que no, y no porque no fuese hija suya, sino porque no lo era de su mujer. El abuelo o abuela que quiera hacer el papel de padre o madre, está realizando un papel negativo en su función. A veces los abuelos pretenden en sus nietos algo de lo que no pudieron hacer con los hijos; queremos que continúen nuestro proyecto personal, pero hay que ser consciente de que cada uno ha de buscar su camino y crecer en él.

Algunos en esta etapa piden que los hijos les den un nieto para malcriar y con quien compartir el tiempo. En un pueblo cercano aparecío una pintada que decía: no cuides a tus hijos, edúcalos. Los padres deben educar pero el papel de los abuelos no puede ser el de malcriar, sino el de acompañar a los nietos en su crecimiento y maduración conduciéndolos por caminos de honestidad, honradez, respeto….

Diré que el papel de las abuelas parece que asume mejor la abuelidad que el de los varones, ya que junto al cariño y a la ternura hay un amor intrínseco, hay una donación de sí que no se aprecia en el abuelo varón.. Una pregunta a la que debemos contestarnos. ¿soy abuelo o hago de abuelo?.

La verdad es que los tiempos del confinamiento nos han separado físicamente de los nietos, (no es distancia social como indican los medios, sino distancia física) pero no por ello debemos dejar de ejercer la abuelidad que nuestra situación en el organigrama familiar nos demanda. Si lo hacemos bien, a pesar de las trabas, de los impedimentos y de los miedos que esta pandemia nos depara, espero que algo quede en la urdimbre afectiva de los nietos que han crecido y recuerden nuestro papel como algo positivo en su vida.

Animaros a ejercer bien la abuelidad y por supuesto voy a remitir este escrito a la Real Academia de la Lengua para que incluya el término en el Diccionario.

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