«Siempre había querido hacer un intercambio y conocer cómo son realmente los institutos de Estados Unidos, si son como los de las películas». Así lo cuenta a Xàbia.com, Juan Font, un joven de Xàbia que hace apenas unas semanas comenzó una experiencia que llevaba tiempo imaginando: estudiar en EEUU. Y lo hace cursando 1º de Bachiller, lejos de casa, conviviendo con una familia de acogida filipina en Canadá y sumergiéndose durante diez meses en otra cultura.
Juan es uno de los estudiantes seleccionados este año para disfrutar de una de las Becas de la Fundación Amancio Ortega, un programa que cada curso recibe cerca de 10.000 solicitudes de jóvenes que quieren estudiar Bachillerato en Estados Unidos o Canadá. Solo 450 consiguen finalmente una plaza.
El camino hasta conseguirlo no fue sencillo. El primer requisito era contar con una media mínima de notable en los estudios de ESO. A partir de ahí, los candidatos debían superar un proceso de selección dividido en tres fases eliminatorias en las que se valoraban, entre otros aspectos, sus conocimientos de inglés y su capacidad de comunicación.
Juan decidió intentarlo después de conocer diferentes posibilidades para estudiar fuera de España. La Beca Amancio Ortega acabó siendo la opción que más le convenció. «Siempre había querido irme fuera, hacer un intercambio o Erasmus y vivir la experiencia de estudiar en otro país», explica.
La primera prueba llegó a València. Cuatro horas de examen en las que tenía que demostrar su nivel de inglés y sus capacidades de conversación. Los nervios estaban presentes y, como reconoce entre risas, también hubo alguna que otra anécdota durante la prueba. Pero consiguió superar la primera fase.
Después llegó uno de los momentos que más dudas le generó: la grabación y presentación de su vídeo personal. «Pensaba que si tenían en cuenta cómo estaba grabado el vídeo, me quedaba fuera», recuerda Juan. Sin embargo, el vídeo fue suficiente para seguir adelante y el proceso continuó con una entrevista personal.
Y entonces llegó el momento que llevaba meses esperando. Su nombre en la lista. El día en que se publicaron los nombres de los estudiantes seleccionados, Juan estaba en casa de su abuela. No tenía clase y decidió comprobar la lista en cuanto estuvo disponible. «Fui de los primeros en verla y allí estaba mi nombre, estaba supercontento, llamé a mi familia, fue toda una alegría», recuerda.
Después de superar todas las fases, Juan ya tenía su plaza. El sueño de pasar un curso en Norteamérica se hacía realidad. Ahora, cuatro semanas después de llegar a Canadá, reconoce que la experiencia está siendo «muy buena». Vive con una familia de acogida con la que, asegura, está muy contento, y poco a poco se está acostumbrando a una nueva rutina, un nuevo sistema educativo y una vida completamente diferente a la que tenía en Xàbia.
La inmersión es precisamente una de las claves del programa. Aunque comparte experiencia con otros estudiantes españoles que también han conseguido la beca, el contacto entre ellos es limitado para favorecer que cada estudiante se integre plenamente en su entorno.
Los diez meses son completos y no existe la posibilidad de regresar a España durante el intercambio. Es una de las particularidades de una experiencia que exige también estar preparado para pasar casi un curso entero lejos de la familia y los amigos. De hecho, Juan explica que alrededor de 30 estudiantes llegaron a rechazar la plaza después de saber que habían sido seleccionados, precisamente al conocer las condiciones del programa.
Cuatro asignaturas y una misma rutina
La vida académica también está siendo una experiencia diferente para Juan. Una de las principales diferencias que ha encontrado respecto al sistema educativo que conocía en Xàbia es el número de asignaturas y la organización del horario. «Aquí solo tenemos cuatro asignaturas al día», indica. Pero existe una particularidad que le llamó especialmente la atención: el horario se mantiene igual durante toda la semana. Es decir, la asignatura que tiene a las ocho de la mañana el lunes es también la que tiene el resto de la semana: martes, miércoles, jueves y viernes.
Más allá de las aulas, Juan también ha encontrado una manera de continuar desarrollando otra de sus grandes aficiones: la música. Como músico, decidió incorporarse a la banda del centro donde estudia.
Una experiencia que recomienda
A pesar de que reconoce que marcharse diez meses fuera de casa puede imponer al principio, Juan anima a otros estudiantes de Xàbia y de la Marina Alta a intentarlo. El programa, señala, ofrece un seguimiento constante a los estudiantes durante toda la estancia. «Estamos bien atendidos, tenemos asistencia continua y controlan cómo estamos», manifiesta.
Por ahora, su balance tras el primer mes es claramente positivo. Canadá le está permitiendo cumplir una ilusión que comenzó mucho antes de hacer las pruebas: conocer de primera mano cómo es estudiar en Norteamérica, convivir con una familia de otro país y descubrir una forma de vida diferente.
Para Juan Font, el experimento apenas acaba de comenzar. Todavía le quedan muchos meses por delante, pero aquella mañana en casa de su abuela, cuando buscó su nombre entre miles de candidatos y lo encontró entre los 450 seleccionados, ya había dado el primer paso para convertir una vieja ilusión en una experiencia que difícilmente olvidará.







