Hubo un tiempo en el que Xàbia no podía decidir por sí sola. Justicia, impuestos, territorio… buena parte del poder pasaba por Dénia. Hasta que una pequeña villa medieval comenzó a reclamar algo que hoy damos por sentado: gobernar sus propios asuntos.
Corría el año 1383 y entre Xàbia y Dénia había un problema. Y el problema tenía nombre: Benitatxell. Xàbia pretendía que aquella alquería pagara aquí sus contribuciones. Dénia consideraba que no. El desacuerdo acabó en pleito y la decisión fue favorable a Dénia.
Puede parecer una disputa administrativa perdida en algún viejo documento medieval. Pero detrás había algo mucho más reconocible: dinero, territorio y poder. Y, sobre todo, una pregunta que llevaba décadas sobrevolando la relación entre las dos poblaciones: ¿Hasta qué punto podía Xàbia decidir sobre sus propios asuntos?
Una Xàbia muy diferente
Para entender aquella disputa hay que imaginar una Xàbia que poco tenía que ver con la actual. Estamos en plena Edad Media. Tras la conquista cristiana de Jaume I, estas tierras habían quedado integradas en el Reino de Valencia y organizadas bajo un sistema feudal. Reyes y señores se repartían derechos, tierras y jurisdicciones.
En 1264 encontramos, por ejemplo, a Jaume I concediendo a Galceran de Cruanyes una heredad, torre y alquería llamada Benimadroch, situada en el término de Xàbia.
La población que acabaría convirtiéndose en la actual villa comienza a aparecer después en la documentación. Una de las primeras referencias conocidas está fechada en 1304.
Pero aquella Xàbia tenía un problema para cualquier vecino del siglo XXI que viajara en el tiempo esperando encontrar su municipio: dependía de Dénia.
Xàbia empieza a querer decidir
No pasó demasiado tiempo antes de que aparecieran los primeros intentos por cambiar aquella situación.
En 1321, Xàbia pidió al rey cierto grado de autonomía y consiguió disponer de un subjusticia con competencias para determinados casos. Era una concesión limitada. Pero era un comienzo. Porque tener capacidad para administrar justicia significaba también disponer de una parcela de poder propio.
Las décadas siguientes, sin embargo, no trajeron precisamente tranquilidad.
Xàbia dejó de ser territorio de realengo y pasó a formar parte, junto con Dénia, de diferentes dominios señoriales. En 1355, Pere el Cerimoniós creó el condado de Dénia y lo entregó a Alfons de Aragón, conocido como Alfons el Vell.
Dénia y Xàbia estaban bajo un mismo señor, pero eso no acabó con sus diferencias.
La pelea era por algo más que Benitatxell
En 1380 encontramos otro pleito. Esta vez Xàbia quería disponer de Justicia, Mostassaf y Procurador propios. Los nombres suenan lejanos, pero no hace falta conocer el funcionamiento de la administración medieval para comprender lo que había detrás.
Xàbia quería controlar más directamente lo que ocurría en Xàbia. Después llegaría el conflicto por las contribuciones de Benitatxell. Y unos años más tarde, en 1388, otra decisión dejaba bastante claro dónde seguía estando el poder.
Para elegir los jurados del Consell, Dénia propondría cuatro candidatos, de los que saldrían dos. Xàbia propondría otros dos, de los que saldría uno. Y todos debían ser ratificados por el representante del señor.
Xàbia tenía voz. Pero todavía no tenía toda la voz que pretendía. Hasta que llegó 1397.
Año 1397
Habían pasado décadas desde aquellas primeras peticiones. Entonces llegó el año que cambiaría la relación entre Xàbia y Dénia, 1397.
Xàbia consiguió término propio y autonomía respecto a Dénia, además de Universidad y Consejo, Justicia y Jurados. Y aquellos documentos medievales nos han dejado algo especialmente interesante, nombres:
Pere Bas aparece como Justicia.
Rafel Trilles, Guillem Quart y Andreu Vives, como Jurados.
Más de seis siglos después, resulta difícil saber qué pensaron aquellos hombres ante el cambio. Lo que sí sabemos es lo que representaba. Xàbia disponía finalmente de instituciones propias y de un territorio sobre el que gestionar sus asuntos.
Después de décadas de disputas con Dénia, había alcanzado una autonomía que hasta entonces no tenía, aunque hay una importante letra pequeña: Xàbia todavía tenía señor. Conseguir autonomía respecto a Dénia no convirtió Xàbia en un municipio independiente como podríamos imaginarlo hoy. Seguía dentro de un mundo feudal.
Los señores cambiarían con el paso de los años. En 1431, el condado de Dénia fue entregado al noble Diego Gómez de Sandoval y, en 1487, los Reyes Católicos elevaron el señorío a Marquesado de Dénia. Xàbia permanecería vinculada durante siglos a aquel régimen señorial.
Habría que esperar a las transformaciones liberales del siglo XIX para ver desaparecer definitivamente aquellas estructuras del Antiguo Régimen. Para entonces habían pasado más de 500 años desde la conquista cristiana.
Una frontera invisible que nació hace más de 600 años
Hoy basta mirar cualquier mapa. Xàbia tiene su término municipal. Dénia tiene el suyo. Benitatxell, aquel territorio que provocó uno de los pleitos medievales entre ambas, es también un municipio independiente. Las fronteras parecen evidentes. Pero no siempre estuvieron ahí.
Historia, decisiones de reyes y señores, impuestos, pleitos y disputas entre poblaciones vecinas. 600 años atrás en los que Xàbia comenzó a conseguir algo que hoy parece absolutamente normal. Decidir desde Xàbia sobre Xàbia.








