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«40 grados»

Juan Legaz Palomares

Colaborador
09 de julio de 2026 - 10:13

OPINIÓN

Si la Aemet acierta, que a fe mía que suele hacerlo, estará usted leyendo esta columna a cuarenta grados o más a la sombra en Xàbia, según MeteoXàbia. Los datos recopilados indican que la superación de los 40 grados se ha vuelto más habitual en Xàbia e históricamente era poco común que las temperaturas excedieran de 35 grados, según manifiesta Toni Bolufer.

De entre los varios pensamientos que me cruzan por la mente sobre este asunto el único que realmente atina a instalárseme en la cabeza y salir disparado al teclado del ordenador es que nada, sin problemas, que ajo y agua, como decían nuestros antepasados.

No sólo por estas latitudes, sino en todo el mundo, el concepto ‘ola de calor’ es una idea ya antigua y superada. Esto no es una ola de calor, sino un océano. Las estadísticas climáticas se destrozan año a año. El día tal de
tal mes más caluroso de la historia, el periodo más seco en no sé cuánto tiempo, las noches más tropicales entre los años equis a equis, los ene días más lo que sea desde que hay registros, los porcentajes de humedad sobre la media disparados en un no sé cuánto por ciento, la temperatura del agua en el Mediterráneo tropecientos y pico grados más alta de la media… Y así un inacabable, asfixiante y tozudo etcétera de datos que total no hace falta
conocerlos, porque el calor, lo que se dice el calor, el calor en sí mismo, propiamente dicho, ya lo registramos nosotros en nuestro cuerpo. Y sin necesidad de sofisticados aparatos de medida.

La verdad es que yo ya me he cansado de decir, y de proclamar, que de todo esto la ciencia lleva décadas alertándonos, y que los negacionistas del calentamiento global no solo son tan o más descerebrados que los
terraplanistas, sino que además son mucho más peligrosos. Un terraplanista puede decir lo que le venga en gana que a los demás en nada nos influye, porque ninguna política puede hacer, o dejar de hacer, que la tierra tenga una forma u otra. Sin embargo, la negación del cambio climático, o por creencia real o por interés económico, sí que nos pone en riesgo a los demás mortales.

Podríamos pensar que al calor nos adaptaremos. Más aires acondicionados, otros horarios en verano, un poco más de sombra en los parques, agua, en forma de piscinas, como derecho humano. Pero ¿y la economía? ¿y la producción agrícola? ¿y el acoso del desierto? ¿y las enfermedades tropicales? ¿y los billones de dólares en daños por
catástrofes climáticas?

Pues nada, sigamos emitiendo gases de efecto invernadero, que esto es un ensayo científico real a escala planetaria, quizás el más importante de la historia del antropoceno. Veamos cómo evoluciona todo, y ya si eso
nuestros sudorosos bisnietos nos lo contaran en sus oraciones, güija mediante.

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