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Una terrorífica historia xabiera jamás contada

OPINIÓN | José Font Caballero

Los que hemos tenido la suerte de convivir con nuestros bisabuelos -diez años en mi caso- hemos podido conocer una Jávea totalmente lejana y desaparecida: la de la niñez de quienes nacieron en el último tercio del siglo XIX, y que han tenido a bien contárnosla de primera mano.

Para la noche de los muertos, en nuestro pueblo, además del cuento de Las Tres Brujas del Montgó -historia recientemente compilada y publicada por Godofredo Cruañes Aracil, el verdadero cuento genuino de los xabieros- tenemos otras leyendas que narraban los abuelos de nuestros bisabuelos, como la terrorífica historia del hombre que se convertía en lobo en el Portitxol.

A mí me contaron que, entre el único bosque de encinas que descendía hasta el mar, entre el Cabo de San Martín y la Caleta -La Llobatera-, sucedió, unos años antes del Desastre del 98, un hecho misterioso.

Dícese que allí habitaba un carbonero de nombre Mateu Bañuls, natural de la villa, que vivía solo en una caseta de piedra seca, con un burro y un perro flaco por compañía. Hombre reservado, algo huraño, pero de buena fama… hasta que el mal se posó sobre él.

Cierta noche de tormenta, cuando regresaba de vender carbón en el pueblo, fue sorprendido por el temporal cerca de la Tercera Caleta. Los relámpagos alumbraban el mar como cuchillos, y se oyeron aullidos que no parecían de este mundo. Juró después haber visto una criatura entre hombre y fiera que le mordió el brazo antes de huir entre las vides.

Desde aquel día, el carbonero enfermó. Huía del sol, hablaba solo y, en noches de luna, se oían desde la cala alaridos espantosos, como si en el monte rugiese una bestia grande con voz humana… Sin duda, el licántropo xabiero.

El día de San Lorenzo de aquel verano, la luna se alzó sobre el mar, redonda y roja. Los pescadores que volvían de la faena juraron haber visto, en lo alto del acantilado del Portitxol, una figura humana desnuda, retorciéndose al resplandor del astro. A poco, la figura se alargó y se transformó en un lobo de estatura de hombre, con ojos que ardían como brasas. Bajó entre las encinas, y pronto se oyeron los gritos de una mujer del lugar, que desapareció para siempre…

Cuentan todavía algunos viejos porticholeros que, en las noches de luna llena, cuando el reflejo platea el agua que baña la Isla del Portichol, se escuchan aullidos que provienen de los frondosos bosques de pinos que se encuentran por doquier desde la Barraca hasta la Llobatera… ¿Será Mateu Bañuls?

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  1. UnDeXabia dice:

    Que interesante aporte. Muchas gracias. No conocía ninguna de estas dos historias. Ya tengo algo para contar esta noche en la cena