OPINIÓN | José Font Caballero
Un documento recientemente aparecido en el Arxiu Municipal de Xàbia ha sacado a la luz un dato hasta ahora desconocido o, al menos, no verificado con pruebas escritas: Bartolomé Vallés Mata, conocido popularmente como el tío Pelegrí, ejercía el cargo de alguacil municipal en el convulso año 1936. Hasta ahora, su papel había sido reconstruido a través de testimonios orales, algunos recogidos por vecinos de distintas generaciones, pero sin documentación que lo avalase con certeza.
Lo que sí se conocía de manera indiscutible era que Bartolomé Vallés Mata fue el alma promotora y responsable, en aquellas agitadas primeras semanas de la Guerra Civil, de reunir el dinero que los xabieros, movidos por la solidaridad y el respeto, habían recaudado con apremio para pagar la fianza de Rafael Bover Albi. Dicha suma, exigida por el Comité local de Jávea, era la condición impuesta para liberar al ilustre médico y político de su cautiverio.
Este reciente descubrimiento en el archivo, refuerza el relato de su figura como servidor público y víctima silenciada de la violencia política de la Guerra Civil en la localidad. Su muerte, ocurrida el 27 de octubre de 1936, ha sido objeto de conjeturas durante décadas. Hoy, con esta nueva evidencia, se reabre el debate sobre la necesidad de reconocer su memoria.
Según distintos testigos de la época, de ideologías muy diversas, Bartolomé fue envenenado en la barra del Bar Noy, un conocido establecimiento del pueblo, el 27 de octubre de 1936. Dos días antes, cuando Jávea asistía al trágico asesinato de los Hermanos Andrada, religiosos xabieros, el tío Pelegrí se habría enfrentado sin temor a los milicianos del Comité, reprendiéndolos duramente por lo sucedido.
Conocido por su rectitud y por haber servido ya como alguacil durante la monarquía de Alfonso XIII y toda la II República, Bartolomé no pudo permanecer en silencio ante lo que consideraba una injusticia. Aquella reprimenda pública, según algunos, fue su sentencia.
El 27 de octubre de 1936, como cada tarde, acudió al famoso local de La Placeta a tomar su habitual refrigerio. Pero al regresar a casa, comenzó a echar espuma por la boca y luego sangre, ante la mirada horrorizada de su esposa y de su hija, todavía una niña. Murió poco después. Los vecinos y el médico apuntaron inmediatamente a un posible envenenamiento. Sin embargo, el temor impidió que esa causa constase en la partida de defunción.
Tras la guerra, el caso cayó en el olvido. Nunca se depuraron responsabilidades ni se rehabilitó oficialmente su memoria. Hoy, casi 90 años después, el hallazgo de este documento oficial puede ser el primer paso para que el nombre de Bartolomé Vallés Mata deje de estar enterrado bajo el silencio y comience a recibir el reconocimiento que merece.
Este artículo forma parte de una investigación en curso sobre la historia local de Jávea durante el siglo XX, centrada especialmente en los años de la Segunda República, la Guerra Civil y la posguerra. La figura del tío Pelegrí, hasta ahora envuelta en una mezcla de memoria popular y silencio institucional, representa una de tantas pequeñas historias que merecen ser rescatadas del olvido.
La aparición de este documento no sólo aporta luz sobre su cargo oficial, sino que también invita a reflexionar sobre los deberes de la justicia histórica en nuestro presente.









Muy interesante.
Qué bonito conocer la historia de Jávea.
Gracias.
Rojos asesinos para variar..
Gilipollas
O sea,fue fusilado en el 36 por ser alguacil.
Fueron los simpáticos comunistas???
«Hoy, con esta nueva evidencia, se reabre el debate sobre la necesidad de reconocer su memoria. «.;…Yo no creo que aquí haya ningún debate, esta claro que no hay que olvidar el pasado, pero tampoco debemos promover el rencor… La transición fue un esfuerzo de reconciliación modélico entre los españoles, fuimos un ejemplo para todo el mundo, un hito de lo que deberíamos de estar orgullosos,.que algunos se empeñan en dinamitar con fines políticos.