OPINIÓN | José Font Caballero
La polémica por el cartel de Jávea para el 9 d’Octubre ha vuelto a poner sobre la mesa una cuestión que va mucho más allá de una simple elección gráfica.
El abogado y político valenciano Juan García Sentandreu ha denunciado públicamente que la primera versión del cartel utilizaba una bandera catalana y ha cuestionado que una institución valenciana utilice esa simbología en la celebración del 9 d’Octubre.
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La cartelería impresa continúa instalada en la mayoría de los mupis de la ciudad, aunque algunos fueron alterados jornadas antes de la festividad, colocando la franja azul, la misma chapuza que se utilizó en las cuentas del consistorio y Turismo para felicitar el día de todos los valencianos.
A mí el primer cartel me gustaba. Aparecía el campanario sin las infames almenas y las cuatro barras de la Corona de Aragón —bandera con la que se conquistó Valencia y no la de franja azul, que vino después y solo para la ciudad y no el reino—, pero, a mi juicio, el asunto abre además un debate mucho más profundo sobre la manera en que el Gabinete de Alcaldía está utilizando la inteligencia artificial en la comunicación institucional.
En los últimos tiempos hemos visto recreaciones y modificaciones de rostros de vecinos muy queridos, de la propia alcaldesa e incluso del Nazareno, una imagen que forma parte de lo más sagrado y sentimental de todo xabiero. Hasta la bandera nacional se torna cuatribarrada en la felicitación del Muy Ilustre para el 12 de Octubre.
La IA es una herramienta extraordinaria y puede tener muchas aplicaciones positivas. Pero una cosa es utilizarla como recurso creativo y otra muy diferente es alterar nuestra memoria, nuestros personajes y nuestros símbolos.
No ha sido esta la primera vez y me temo que no la última.
Qué largo se nos va a hacer el siglo XXI, el de la mediocridad…










