OPINIÓN | José Font Caballero
La Cabalgata de los Reyes Magos, tal y como hoy la entendemos, es una costumbre relativamente reciente dentro del calendario festivo español. Aunque la Epifanía se celebra desde hace siglos en el ámbito religioso, la salida de Sus Majestades a la calle, transformada en un desfile público, aparece a finales del siglo XIX y se consolida en las primeras décadas del XX, especialmente en entornos urbanos.
En este desarrollo sobresale de manera especial la ciudad de Alcoy, cuya cabalgata está documentada desde 1866, lo que la convierte en la más antigua de España. Su formato -con antorcheros, pajes, animales y una cuidada puesta en escena- se convirtió en un modelo que, con el tiempo, fue adaptándose y replicándose en otras localidades. A partir del cambio de siglo, numerosos pueblos comenzaron a celebrar sus propias cabalgatas, más sencillas, pero igualmente llenas de simbolismo, ilusión y participación vecinal.
Jávea tampoco quedó al margen de esta evolución. La conocida fotografía del archivo familiar Pérez-Vera, perteneciente a la saga xabiera de los Catalá, confirma que ya en torno a la década de 1920 los Reyes Magos recorrían la entonces avenida del rey Alfonso XII, hoy Raval de la Mar. La imagen refleja un desfile modesto pero perfectamente identificable: la infancia como protagonista, disfraces improvisados, animales y jinetes abriendo la comitiva y anunciando la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar desde Oriente.
Aquellas primeras cabalgatas tenían un fuerte componente comunitario. Se preparaban con medios escasos, reutilizando vestuario teatral -en nuestro caso, procedente del grupo de zarzuela javiense- y recurriendo a la creatividad, pero cumplían sobradamente su objetivo principal: provocar el asombro de los más pequeños y fortalecer los vínculos sociales en torno a una celebración maravillosa para las familias. Con el paso del tiempo, la organización fue adoptando distintas fórmulas según el momento histórico. Así, durante la décadas los 40, 50, 60 y 70, la cabalgata de Jávea estuvo a cargo del Frente de Juventudes de la Falange, como sucedía entonces con muchas actividades culturales y juveniles, integradas en las estructuras oficiales del régimen, aunque vividas por la población -y especialmente por los niños- al margen de cualquier interpretación política, como una cita anual llena de magia navideña.
Este año, sin embargo, el recuerdo se ha visto alterado por un hecho excepcional: la suspensión de la cabalgata a causa de la lluvia. Al menos en mi caso, ha sido la primera vez en mi vida que los Reyes Magos no han podido recorrer las calles. Una ausencia que ha servido para subrayar aún más la relevancia de esta tradición, porque sólo cuando se interrumpe somos conscientes de hasta qué punto forma parte de nuestra memoria personal… ¡Feliz Noche de Reyes!
















