OPINIÓN
Este domingo pasado, la Placeta volvió a vibrar con la fiesta de su ‘patrón’ San Francisco de Paula, cumpliéndose diez años de aquel 400 aniversario de la llegada de los Mínimos a Jávea. La Asociación de San Francisco de Paula, contó para aquella ocasión, con la inestimable ayuda de los mayorales del año 2016 y de la feligresía del convento y demás xabieros de este insigne barrio xabiero para que la fiesta saliera de la manera más brillante posible como recordamos todos con nostalgia y alegría.
Cada vez que celebramos esta popular y religiosa fiesta de este barrio tan singular, nos llegan nuevos datos de la historia, por parte de algún vecino.
El Convento de Mínimos de Jávea se fundó en 1616, impulsado por el duque de Lerma, y ya en 1617 contaba con una pequeña comunidad reconocida oficialmente. En 1643 se autorizó la celebración con procesión de San Francisco de Paula, origen de una tradición que ha perdurado hasta hoy.
Aunque en el siglo XVIII la comunidad religiosa fue reducida, la devoción ya se había extendido entre la población. Tras la desamortización de 1841, el convento pasó a manos municipales y cambió de uso, pero la iglesia siguió activa y la fiesta continuó gracias al apoyo vecinal, que garantizó su continuidad más allá del ámbito religioso.
En 1936, Felipe Buigues Guardiola -el aLcalde- sólo deja celebrar la novena a San Francisco, nada más. Terminada la guerra, la recuperación de la fiesta no fue un acto improvisado, sino la reactivación de algo que nunca había llegado a extinguirse del todo. La antigua imagen de San Francisco fue destruida y quemada en la gran hoguera del Arenal según me relata Joaquín Sapena Bisquert. El tío de quién me informa, Joaquín Bisquert Sivera, que vivía en el Raval del Convent, concretamente en el numero 2 del Carrer Nou, estuvo muy enfermo durante el periodo bélico y juró que se si se curaba, pagaría una nueva imagen del santo. Así fue, y en 1940 encargó dicha talla probablemente a Juan Bautista Devesa Sapena ‘El Santeret’, ya que según me relata su propio vecino, es muy poco probable que viajara a Valencia en plena posguerra en busca de un escultor, teniendo a mano al xabiero que ya estaba trabajando en un Nazareno, en la Virgen de Loreto y la del Pópul. Personalmente me inclino a pensar que fue el Santeret el escultor, ya que en la Fiesta de San Blas de la Parroquia de San Bartolomé -este año- la escultura era idéntica a la de un San Francisco de Paula, y el presunto ‘San Blas’ tenía la acreditación de la manufactura de Devesa.
La procesión volvió a salir en 1940, pero esta vez, como el Convento de Mínimos estaba en ruinas ya que fue demolido en la guerra, el cortejo salió desde la iglesia donde se había celebrado también en dicho templo, la correspondiente novena. Desde entonces, la procesión de San Francisco de Paula cambió el itinerario, pues antes sólo discurría por el Raval del Convent, extramuros, y por primera vez en la larga historia, hacía el recorrido por la Vila como actualmente. Una vez terminada la celebración, la imagen volvía a casa del Sr. Bisquert Sivera en el Carrer Nou hasta que se finalizaron las obras del nuevo Convento de las Agustinas. Una de las familias más unidas a San Francisco y pertenecientes al Raval del Convent eran los ‘Xirivita’ -Bas-. Los cirios, flores… toda esta logística y algún ágape, era sufragado por esta conocida saga xabiera.
La Placeta -el Raval del Convent- permanece como un latido constante de encuentro, memoria y continuidad. En sus calles, la tradición no se declama, se encarna en gestos cotidianos, se comparte en la conversación y se transmite, casi sin advertirse, de generación en generación.
En un tiempo marcado por la prisa y la uniformidad, este rincón xabiero se alza como un discreto baluarte de identidad. Mientras haya quienes sostengan con convicción sus costumbres y acompañen con respeto lo heredado, San Francisco de Paula seguirá hallando aquí no solo refugio, sino su hogar más leal.








