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¿Sabes que atuendo puede volver a Jávea esta próxima Semana Santa de 2026?

OPINIÓN | José Font Caballero

Miércoles de Ceniza. Ayuno y abstinencia. No es día de precepto, pero el Catecismo recomienda la participación en la Santa Misa para recibir la ceniza, ese signo austero que nos recuerda que somos polvo y en polvo nos convertiremos. Aunque hoy día la Cuaresma comienza sin estridencias, casi en silencio en buena parte de nuestro país -sobre todo en el Mediterráneo- en Andalucía, la tradición sigue teniendo espesor cultural y hondura espiritual. No es casualidad que siga siendo uno de los baluartes visibles de la España católica. Que se lo pregunten al Gobierno con el intento de funeral laico hace pocas semanas.

En Andalucía, por ejemplo, los viernes de Cuaresma no se sirve carne en muchos hogares y restaurantes. Puede parecer un sacrificio menor -una renuncia gastronómica sin dramatismo-, pero la cuestión no es la carne. Es la memoria. Es la pertenencia. Es el reconocimiento de que una comunidad se articula también a través de sus signos.

Porque si somos tan escrupulosos en respetar tradiciones ajenas, incluso cuando nos resultan exóticas o culturalmente distantes, ¿por qué hemos de mirar con ironía las propias? La tradición no es una pieza de museo, es una raíz viva. Y lo vivo se cuida o se pierde.

Hace años señalé que Jávea experimentaba una discreta pero real efervescencia católica: procesiones más nutridas, cultos recuperados, nuevas imágenes, asociaciones activas… Este fin de semana se ha escuchado en los mentideros de nuestra villa, una propuesta para la próxima Semana Santa: recuperar la mantilla española el Viernes Santo.

Confieso que siempre he defendido la restauración de las tradiciones, pero con una condición innegociable, que sea fiel, rigurosa, sin caer en la charlotada ni en el folclorismo superficial. Lo contrario es convertir lo sagrado en escenografía.

Fue un error, por ejemplo, recuperar cierto acto del año pasado, en horarios y emplazamientos ajenos a su sentido histórico. Cuando la fidelidad no es posible, es preferible innovar con honestidad antes que deformar lo heredado bajo apariencia de continuidad.

Que la mantilla vuelva a nuestras calles puede ser un gesto de profunda elegancia espiritual, un signo sobrio y femenino de duelo y recogimiento. Pero debe nacer de la convicción, no de la moda. De la fe compartida, no del entusiasmo pasajero.

Si la feligresía lo asume con naturalidad, será un acontecimiento histórico y religioso. Si no, quedará en artificio y anoche terminó el Carnaval.

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  1. Pedro Botero dice:

    de ilusión también se vive.