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‘Obras del escultor Gilabert en Xàbia’, por Juan Bta. Codina Bas y Elvira Mas Zurita

18 de julio de 2020 - 00:10

En el manuscrito, Memoria de los estudios de Escultura de Luis Chilabert o Gilabert y Ponce, preservado por los descendientes del mencionado artista, que contiene una relación pormenorizada de las obras ejecutadas por dicho escultor entre 1864 y 1905, se notician cuatro esculturas realizadas para los jesuitas que se habían establecido en Xàbia:

«El 28 de noviembre de 1870, a partir con Chambó, concluimos una Purísima de tamaño natural con nubes y peana por encargo del Padre Peydró de la Compañía de Jesús en Jábea. Coste de 300 reales de vellón»

«El 25 de enero de 1871 un San Judas de dos palmos que me ayudó Chambó para Jábea, a partir. Coste 135 reales de vellón»

«El 4 de mayo de 1871 compuse una Santa Ana de cuatro palmos de altura. Consistía la composición en hacerle la cabeza a la Virgen y la peana y los ojos a la santa por encargo de D. José Esteve, para Jábea. Coste 100 reales de vellón»

«El 14 de diciembre de 1871 un San José a medias con Chambó por un encargo del P. José Peydró en Jábea. El santo de seis palmos con el niño en brazos y peana lisa. Coste 375 reales de vellón»

Estos son los datos escuetos que aparecen en la memoria conservada, pero nos queda señalar algunas de las circunstancias por las que se hicieron estas imágenes. La Residencia de los Jesuitas estaba ubicada en la calle Mayor y en el segundo piso tenía un oratorio con su sacristía. Se constituyó oficialmente el 20 de abril de 1871 al ser nombrado superior local el Padre Peydró, si bien con anterioridad ya estuvo funcionando en esta población. Es razonable pensar que en esas circunstancias, en un lugar nuevo, el oratorio necesitara de la presencia de unas imágenes que fueran objeto de devoción entre los jesuitas residentes y los devotos que acudieran a los actos religiosos que allí pudieran realizarse.

En esta relación de imágenes encontramos tres que pertenecen a lo que se podría denominar el panteón sagrado de los jesuitas: La Purísima es una figura de extrema importancia para los jesuitas, por lo que es lógico que fuera el primer encargo para el oratorio de la Residencia y además de tamaño natural. El tercer encargo fue la restauración de una santa Ana de cuatro palmos de altura (como bien es sabido, la efigie de santa Ana viene asociada a la de la Virgen); el trabajo consistió en poner ojos a santa Ana, realizar la cabeza de la Virgen y efectuar la peana, por encargo de D. José Esteve. Y, por último, un san José de seis palmos que sería especial para los que formaron la Congregación de San José.

Pero nos causa extrañeza el encargo de un San Judas Tadeo, por cuanto también la encontramos en una hornacina de la villa. Se le pidió al escultor una talla de San Judas, de dos palmos de altura. ¿Por qué? Hemos indagado un poco sobre el origen de esta devoción:

A partir de los siglos XVI-XVII los jesuitas comenzaron a hablar de este apóstol, San Judas Tadeo, diferenciándolo de Judas Iscariote con quien lo confundían los fieles por llevar el mismo nombre. Fue también entonces cuando los feligreses al verlo como un santo al que nadie le pedía nada, comenzaron a hacerle sus peticiones porque consideraban que tenía pocos asuntos que atender, pasando a ser el patrono de los ‘casos difíciles y desesperados’.

Y esta imagen la hemos encontrado también en la hornacina de la Plaça de Baix como Erika Reuss testimonia su existencia al escribir su libro Las Hornacinas o capelletes de Jávea. Con relación a esta presencia diremos que la casa ‘dels Catalans’ de la familia de Juan Bolufer Cholbi debió colocarla a final del XIX o comienzos del XX en su hornacina si bien desapareció en los momentos confusos de la década de los 30 y ha sido en los últimos años, por los recuerdos familiares de Inés Castelló Marí, cuando se buscó y encargó la imagen para que ocupara el sitio que antes ocupó ese santo.

Hechas estas aclaraciones nos queda hablar de los protagonistas de este relato comenzando por el jesuita José Maria Peydró Botella, y los escultores Luis Gilabert, y Manuel Chambó.

La figura de José María Peydro, nacido en 1832, debió tener gran influencia en la sociedad javiense de los últimos años del siglo XIX, pues ademas de ser el Superior de la Residencia de los Jesuitas en su inicio permaneciendo hasta 1874, regresó en junio de 1893 para organizar una magna Consagración infantil de niños y niñas al Sagrado Corazón de Jesús, lo que se verificó el 8 de junio de ese año como puede verse en el libro Los jesuitas en Jávea.

Luis Gilabert Ponce, nació en Valencia el 21 de junio de 1848, en el bullicioso barrio dels Velluters, concretamente en la calle Torno del Hospital. Inició su formación como escultor en el taller de Antonio Esteve Romero; posteriormente cursó sus estudios artísticos en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, donde fue alumno de Francisco Molinelli Cano que es el autor de la Virgen del Rosario situada en la fachada del palacio del Marqués de Dos Aguas de la ciudad de Valencia.

Participó en la Exposición Regional Valenciana de 1867, organizada por la Real Sociedad Económica de Amigos del País, con un busto en yeso de su padre, por el que mereció medalla de cobre; un año después, en la Exposición Aragonesa presentó una talla de madera policromada de la Purísima Concepción por la que obtuvo similar medalla; en la Exposición de la Feria de Julio de 1873 recibió el primer premio por una estatua de D. Jaime I; opositó en Madrid en 1878, a una plaza de escultor pensionado en la Academia española de Bellas Artes de Roma, quedando en segundo lugar. Autor de numerosísimas obras religiosas, muchas de las cuales se perdieron durante la contienda de 1936-1939.

En 1894 ocupó el cargo de escultor anatómico de la Facultad de Medicina de Valencia; designado en 1907 académico de número de la Real Academia de San Carlos y, más tarde, consiliario tercero de la misma. Su óbito acaeció el 20 de setiembre de 1930 en la ciudad que le vio nacer.

Manuel Chambó y Mir, nacido en Valencia el 5 de enero de 1848, habitaba durante sus estudios, realizados en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, en la calle del Pilar, situada en el llamado barrio dels Velluters a semejanza que su condiscípulo Luis Gilabert Ponce, con el que colaboró asiduamente como imaginero entre los años 1869 y 1876, según queda reflejado en el citado manuscrito. Participó en las habituales exposiciones que tuvieron lugar en la Valencia de su tiempo, exponiendo sus trabajos como hizo Luis Gilabert, en los escaparates de los comercios de la popular calle de Zaragoza. Falleció en su ciudad natal el 15 de enero de 1913.

En este caso las imágenes encargadas posiblemente se llevaran a la Residencia de Gandia a donde se trasladaron los jesuitas tras el cierre de la residencia de Jávea en 1878 o sufrieran otros avatares. Pero esto muestra como mucha historia de Jávea se encuentra fuera de la villa como en este caso, pero es seguro que la pleyade de investigadores existente, pueden encontrar muchos más datos de la historia local de forma fortuita.

Ramón Llidó en su libro Jávea, un paraíso escondido, indica que hay hornacina sin imagen, e igual en Desde Jávea de Juan Codina de 1985, mientras que Erika Reuss ya muestra imagen en la hornacina dicha.Para este trabajo hemos recabado informaciones pertinentes a nuestro amigo Godofredo Cruañes y a la familia Bolufer Castelló porque hay mucha historia oral que aun nos pueden transmitir los mayores, pero hay que escucharlos y preguntarles. Nuestro agradecimiento.

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