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‘No fumar o fumar y los Rotary de Xàbia’, por Juan Bta. Codina Bas

08 de septiembre de 2020 - 09:29

A propósito de la campaña que ha emprendido el Rotary de Xàbia, con la colaboración del Ajuntament y el Club Náutico: Por una playa sin colillas, unido a las recomendaciones para paliar la epidemia promovida por la Covid-19 poniendo nuevas restricciones al uso del tabaco y marcando distancias entre los fumadores es interesante conocer algunos momentos de la historia en que el tabaco fue protagonista.

El tabaco fue conocido por los europeos en 1492 con ocasión de la llegada de Cristóbal Colón y sus expedicionarios al Caribe en su primer viaje, según el relato del cronista Bartolomé de Las Casas (1561)

...siempre los hombres con un tizón en las manos, y ciertas hierbas para tomar sus sahumerios, que son unas hierbas secas metidas en una cierta oja, seca también, á manera de mosquete hecho de papel, de los que hacen los muchachos la pascua del Espíritu Santo, y encendido por la una parte del por la otra chupan, ó sorben, ó reciben con el resuello para adentro aquel humo, con el cual se adormecen las carnes y cuasi emborracha, y así, diz que, no sienten el cansancio. Estos mosquetes, ó como los llamaremos, llaman ellos tabacos. (11) ​

Los primeros cultivos de tabaco realizados por los españoles existían hacia 1530 en territorio de la isla de Santo Domingo (19) ​ Bartolomé de Las Casas realiza, en su Historia de Indias, la primera mención a la adicción de europeos al tabaco:

Españoles cognoscí yo en esta isla Española, que los acostumbraron á tomar, que, siendo reprendidos por ello, diciéndoles que aquello era vicio, respondían que no era en su mano dejarlos de tomar; no se qué sabor ó provecho hallaban en ellos. (20)

Por orden de Felipe II, el médico y botánico Francisco Hernández de Boncalo, trajo las primeras semillas de tabaco a España en 1577. Estas semillas fueron plantadas en los alrededores de Toledo, en una zona llamada los Cigarrales porque solían ser invadidas sus tierras por plagas de cigarra. Allí se inició el cultivo de tabaco en Europa y, por este motivo, se asocian el nombre de cigarro con estas fincas.

Felipe III, el rey que dejó el gobierno en manos del Duque de Lerma, quinto marqués de Denia y Señor de Jávea, prohibió el que se fumase en el Reino y sus colonias mediante un bando en el que se castiga con picota o cepo al que fuese sorprendido expeliendo o, inhalando humos.

Más tarde, ya a finales del siglo XIX se crea la Compañía General de Tabacos de Filipinas, S.A. también conocida como la Compañía Española de Tabacos de Filipinas, fue la primera gran multinacional española fundada en 1881 por Antonio López y López, marqués de Comillas. En España la firma fue conocida como 'Tabacos de Filipinas'  y en Filipinas como 'La Tabacalera'.

Los efectos del tabaco en la persona y en la sociedad han sido estudiados por la ciencia de la salud y su regulación ha sido objeto de muchas acciones para evitar el efecto negativo del tabaco en la persona y su uso en locales públicos, semi-públicos, oficinas y comercios. Hasta en algún momento era considerado como un rito de la transición del individuo hacia la edad adulta cuando los padres ya le dejaban fumar en un acto familiar. En la huerta de Valencia se producía el ‘caliqueño’, cigarro-puro que se fabricaba fuera del monopolio de la tabacalera y muchos huertanos acostumbraban a colgar en la comisura de los labios los restos de un caliqueño aunque en ocasiones no estuviese encendido.

La iniciativa del Rotary de Xàbia nos habla de la acumulación de colillas que contaminan el ambiente y de su repercusión en nuestras vidas, cuando nos indican que una colilla contamina 500 litros de agua, es decir, medio metro cúbico de agua. Se trata de la costumbre, la de tirar la colilla al suelo, que hay que eliminar de nuestra vida cotidiana. Las pequeñas acciones van en la línea de mejorar nuestro medio ambiente.

Esta mañana de domingo, al distribuir los pequeños depósitos de colillas o cenicerillos, se preguntaba a los que iban a entrar en la playa de la Grava si iban a fumar en la playa y en ese caso se les entregaba el pequeño depósito, y sí que se notaba que eran pocos los que dijeron que sí; se aprecia que la población tiene conciencia del problema y que las colillas no se pueden abandonar en cualquier lugar ya que en su interior hay acumulada una cantidad de la tóxica ‘nicotina’ que al impregnar el aire lo enrarece y este aire enrarecido lo respiramos todos. Pero aún hay más y es el efecto del oleaje. Las olas se desplazan sobre la playa y la recorren y en ese movimiento entran algas y otros restos y también se llevan residuos que existen sobre las piedras o arena o en las rocas y entre ellos las colillas. Éstas se diluyen en la mar y la nicotina y otras sustancias que lleva la boquilla también. A veces las tabaqueras incorporan elementos en esta boquilla que hacen que se cree la dependencia del tabaco en la persona. ¿Cómo interfieren todos estos elementos en la mar y en la alimentación de los peces que luego revierten a nosotros?

Cuidando la playa y el mar, te cuidas a ti. Hazlo.

1 Comentario
  1. Godofredo dice:

    Documentado y entretenido artículo sobre el tabaco, que también evoca viejos recuerdos y mitos en torno a él:
    Los mozos de Jávea presumiendo de duros, con la colilla pendiente en el labio, estilo Humprhey Bogart, y el chaleco, a medio poner, colgando de un hombro, lo que venía a ser una pose de hombre duro, chulesca, lo cual me llamaba mucho la atención; tiempo ha que no se usa el chaleco y esta costumbre sólo la recordamos los viejos. Saber enrollar la picadura con el papel de fumar, que fabricaban los alcoyanos, con gestos un tanto estudiados y que algunos podía hacer con una sola mano. Un tío mío, fumador empedernido, defendía que el tabaco era una especie de antídoto contra la tuberculosis y yo, que era un niño, me lo creía y ese argumento lo escuché en distintos lugares y ámbitos. El espaldarazo como hombre, del padre al hijo ya mayor que al regresar de la mili le permitía fumar en su presencia. Yo mismo, que ya no soy fumador ni nunca lo he sido aunque siempre he fumado, en pipa o puritos, porque me gustaba la parafernalia de los artefactos, mezclar los tabacos, los infinitos cacharritos para encender, limpiar, sostener las pipas, que eran muchas y muy variadas, algunas difíciles, otras carísimas. En definitiva echarle cuento a la cosa. Ojalá llegue pronto su total erradicación, en beneficio del Ser Humano y de la Naturaleza.


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