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Las lapas de Jávea: entre la memoria, la historia y su supervivencia

OPINIÓN | José Font Caballero

En las calas xabieras, cuando la marea baja deja al descubierto las rocas húmedas y calientes, aparecen las lapas, esos pequeños moluscos que se aferran con una tenacidad casi milagrosa. Con su concha cónica y dura, parecen formar parte de la piedra misma. Desde antiguo, las lapas han sido recurso y compañía. Los pescadores las recogían como alimento complementario, especialmente en épocas de escasez, y generaciones de niños pasaron sus veranos probando suerte para arrancarlas de la roca con una navaja o una piedra improvisada. Entre charcos y algas, aquel juego se convertía en ritual.

En valenciano, cada familia, cada cala, cada generación ha bautizado a la lapa con un nombre distinto. El término más común es lapa, pero no faltan variantes llenas de matices: llapa, xona, patella -más cercano al término científico Patella- pegellida, e incluso el cariñoso lapeta. En Jávea se han llamado y se llaman de dos maneras: petxelides i petxelines.

Su abundancia en el litoral javiense está documentada desde hace siglos, y en la actualidad los científicos las consideran bioindicadores de la salud de las aguas costeras. Allí donde prosperan, el mar respira limpio. Allí donde escasean, se revela el impacto humano sobre los ecosistemas marinos.

Así, la lapa es al mismo tiempo recuerdo costumbrista y objeto de estudio; juego infantil y recurso de subsistencia; palabra viva del valenciano y termómetro natural de la vida marina. Pero… cuando las calas se llenan de visitantes, las rocas del litoral se convierten en escenario de un juego que parece inocente pero que esconde un daño silencioso. Los cubos de plástico, llenos de cangrejos, lapas y pequeños peces atrapados por manos infantiles, son hoy parte del paisaje cotidiano. Sin embargo, lo que para los niños es un entretenimiento pasajero, para el ecosistema marino representa una auténtica sangría: cada captura supone la pérdida de un ser vivo que cumple una función insustituible en la delicada red de nuestro litoral.

Nuestro Ayuntamiento deberá ser valiente y afrontar este reto con decisión. No se trata de arrebatar la diversión veraniega, sino de educar y proteger. La fauna marina de nuestras rocas no puede soportar indefinidamente la presión de miles de cubos cada temporada. Urge diseñar campañas de sensibilización, señalización en calas y medidas de conservación que hagan comprender a vecinos y turistas que cuidar del mar es también respetar a sus criaturas más pequeñas. Proteger los cangrejos, lapas y demás habitantes de nuestras rocas es proteger, en realidad, la esencia misma de nuestro pueblo.

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  1. Enric dice:

    Fa ja alguns anys que en dedique a foter-li la bronca a extranjers i foráneos que deixen en pau a les Lapas de la nostra costa, alguna vegada en perill que en donaren alguna Hostia,may tenen prou quan més agafen més volem, sempre els dic que deixen algun per a les futures generacions es lo que més afecta als reculliidor ,
    si dic que és per el medi ambient me miren con si estiguera «Xalao».