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«La antigua tradición xabiera que podría volver en Semana Santa»

OPINIÓN | José Font Caballero

En unos días estaremos de nuevo inmersos en la Semana Santa, y con ella, es importante rescatar del olvido eventos socioculturales propios de los xabieros, con un marcado carácter de la idiosincrasia valenciana, como La Salpassa.

Hasta los años sesenta, nuestra población celebraba esta festividad religioso-popular. El sacerdote con bonete, revestido con roquete y estola morada, portaba una cruz y era acompañado por los acólitos o monaguillos, que llevaban cestas vacías y recipientes con sal; el sacristán, que sostenía el hisopo; y los mayorales de la Cofradía de la Piedad –la del Cristo Yacente–, quienes portaban una jofaina -safa- para dineritos para el clero. Detrás del cortejo, los niños del pueblo, ya congregados a las puertas de la iglesia, llevaban mazas de madera.

La Salpassa se celebraba durante tres días de la Semana Santa debido a la extensión del término municipal. Comenzaba el Lunes Santo después de la misa de la mañana, en la barriada de Aduanas del Mar, continuaba el Martes Santo en los arrabales y finalizaba el Miércoles Santo en el casco histórico. El cura entraba en las casas, las bendecía rociando agua bendita en el zaguán y acercaba la cruz para que fuera venerada por los presentes. Los monaguillos dejaban un pellizquito de sal sobre una mesa –a modo de altar– y movían las cestas para pedir huevos o, en el mejor de los casos, alguna peseta o duro.

Mientras tanto, los niños que esperaban fuera con las mazas golpeaban rejas, puertas y el suelo de la calle, advirtiendo a todos de que La Salpassa recorría la villa. Si la procesión pasaba por una casa cerrada, los niños aporreaban la puerta con más fuerza. Las mazas de castaño eran las que producían más ruido.

Entre los cantos que resonaban entre golpe y golpe en los primeros días de la Semana Santa xabiera, destacaban:

«Ous, ous a l’armari,
Bastonades al vicari.
Ous, ous al bercoc,
Bastonades al pilicococ.
Ous, ous al racó,
Bastonades al senyor retor».

«Poma redona
De l’hort de Cardona,
Quincells,
Quantes rames té Castell.
Pone una,
Pone dos,
Pone tres,
Pone quatre,
Pone cinc,
Pone sis,
Pone set,
Pone vuit,
Pone nou,
La perola ha post un ou.
La taronja val un sou
I la pera un divuitè.
Mitja lliura d’oli
Per a sant Antoni
I les demés per a sant Francés».

Si El Combregat –la procesión de la Comunión de impedidos–, hoy desaparecida, marcaba el final de la Semana Santa y la Pascua xabiera, La Salpassa era, sin lugar a dudas, el gran inicio de estas festividades religiosas de la Pasión.

La devoción popular en la fe xabiera ha sido siempre rica, y hoy vive un nuevo auge con la incorporación de nuevos actos y devociones. Sin embargo, es fundamental recuperar algunas de estas costumbres de manera fiel e idéntica, sin alterar su esencia ni su rito. De lo contrario, se desvirtúan y pierden su verdadero significado. Un ejemplo de esto es el Encontre, que este año se reedita después de muchas décadas, pero no en domingo, como tradicionalmente se celebraba, sino en sábado por la noche.

El Ayuntamiento, la Parroquia, las cofradías y las asociaciones, independientemente de sus creencias, deben velar por la preservación del legado valenciano. Sólo así podremos contar con La Salpassa en la próxima Semana Santa, como lo hicieron nuestros mayores.

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