OPINIÓN | José Font Caballero
De la noche al día hemos pasado de ir en mangas de camisa al abrigo con suéter de lana. El otoño y la primavera son dos estaciones que ya no existen, recuerdos de antaño que duermen en nuestros armarios dentro de la mítica ropa de «entretiempo», que jamás volveremos a ponernos.
En estos días, además, el Ayuntamiento evocaba tiempos pretéritos de nuestro pueblo, solicitando fotografías antiguas de comercios que se fueron para siempre y de otros que se están yendo, mientras los bonos consumo -gran herramienta que actúa como catalizador de la economía local- desaparecen y aparecen por arte de birlibirloque. Por ello, la nostalgia que endulza la memoria, vuelve con fuerza al recordar Jávea en sus inviernos, con sus casas del centro histórico habitadas y cuya vida cotidiana, a primera hora de la mañana, se concentraba en las cocinas, que se convertían en el corazón del hogar. Allí bullía el caldero negro de hierro y se cocía un mundo que hoy ya solo sobrevive en alguna foto y dentro de nuestros corazones.
Poco hablamos del arròs amb fava pelà, que podía comerse con una hoja de cebolla, endivia o lechuga, aunque lo más recomendable era la cuchara. Era espeso, humilde, de esos platos que calentaban más el alma que el estómago. Se cocinaba despacio, como se hacía todo entonces, y su aroma se escapaba por puertas mal ajustadas de mobila, recorriendo la calle como un anuncio casero de que la comida estaba a punto y múltiples comercios estaban próximos a echar el cierre a mediodía para abrir después de la siesta.
Está muy bien que el Ayuntamiento ahora se preocupe por recuperar imágenes e historias de comercios xabieros, pero la verdadera labor, la única que queda ya, es preguntarse: ¿cuándo, cómo y por qué dejamos escapar todo aquello?








Pues sí, yo añoro ese «arròs amb fava pelada acompanyat amb ceba tendra» que tan bueno se hacía en los hogares familiares y que aún, por encargo, puedo degustar en el Mezquida. Se está perdiendo la cocina tradicional, que con tanto esfuerzo y privación se ha elaborado durante siglos; comidas hechas con mucha inteligencia y poco dinero. Debería crearse una escuela de cocina tradicional y que no se perdiera esa cultura.