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Historia de Jávea: Época Romana

03 de enero de 2013 - 16:26

Con la Segunda Guerra Púnica (219-201 a.n.e.) comienza la conquista de la Península Ibérica por Roma. Se inició de esta manera la "romanización", proceso de aculturación, que transformó la sociedad indígena, en una nueva sociedad regida por los mismos parámetros de Roma: sus mismas leyes, modas.

Isla del Portixol Jávea-Xábia

Necrópolis Romana en la Montaña

En esta época se multiplican las "villas" (con este nombre se conocen los asentamientos no urbanos) por todo el Término de Jávea-Xàbia.

La mayoría de ellos se encontraban en el Pla y en Les Valls, en el fértil valle formado por el río Xaló o Gorgos, zona de grandes posibilidades agrícolas.

La producción agrícola es la actividad económica fundamental, centrada posiblemente en el cultivo de la vid (tal como parece demostrar la existencia de talleres para la producción de ánforas vinarias, en las cuales era envasado el vino para su exportación.)
Junto al mar, encontramos tres nuevo yacimientos de época romana: la Duana, la Punta del Arenal-Montañar y la isla del Portitxol. En estos asentamientos, al contrario de lo que ocurría con las "villas" fueron las actividades comerciales y manufactureras las que sin duda primaron sobre las agrícolas.

El más conocido de todos ellos es la Punta del Arenal, donde se realizaron excavaciones arqueológicas que aportaron valiosa información sobre la actividad industrial salazonera que en él se realizaba y de la que todavía se conservan unos grandes depósitos-viveros excavados en la roca que comunican con el mar mediante dos canales; balsas que popularmente son conocidas como "els Banys de la Reina". Junto a estas construcciones se localizaron otros trece depósitos cuadrangulares, la mayoría de los cuales tuvieron recubiertas las paredes por una argamasa impermeable. En estas pequeñas balsas eran depositadas las entrañas del pescado u otras partes de él con abundante sal. Se provocaba de esta manera una fermentación catalizada por el sol, cuyo resultado era el preciado "garum" y/u otras salsas de pescado que seguidamente eran envasadas en ánforas y distribuidas por todo el imperio.

Ánforas Romanas en Jávea-Xàbia Antiguas

Ánforas Romanas en Jávea-Xàbia

A pocos metros de la Punta del Arenal, se encuentra la necrópolis del Montañar-
"Muntanyar", extensa área cementerial de aquel yacimiento, caracterizado por que todas sus fosas fueron excavadas en la roca. Sobre la importancia de esta necrópolis de inhumación cabe decir que se cifran en 900 las fosas que contuvo. La cronología de este yacimiento es coincidente con la Punta del Arenal, es decir, entre poco antes del cambio de era y el siglo VII de nuestra era.
Relacionada con la industria salazonera tenemos también la "séquia de la Noria", gran canal excavado en la roca que atraviesa el segundo Montañar y que comunica el mar con el Saladar, zona donde hubieron unas antiguas salinas dedicadas a la producción de la sal necesaria para la industria del salazón.


Quinto Sertorio: El que no supo ser del todo español ni se atrevió a dejar de ser Romano.


Fuente : “HISTORIA DE DENIA” Roque Chabás (1.874) Parte I Capítulo IV:
“…He aquí el retrato de este célebre capitán: (1) exento Quinto Sertorio de las pasiones ruines que deshonraban á los demás jefes del pueblo, no se dejaba arrastrar ni ablandar por el deleite, el miedo ni la venganza; generoso en las recompensas, prudente en los castigos, dotado de un valor heroico, ningún español conocía mejor que él los atajos y veredas; ningún cazador le vencía en correr por las montañas; no cedía á ningún capitán en el arte de variar la táctica según el terreno y el enemigo, de evitar los encuentros, perseguir al adversario, atraerle á una emboscada, equilibrar el poder de los ejércitos con un puñado de valientes, hasta conducirlos á parajes, donde la pesada legión no pudiese maniobrar libremente, y faltasen los víveres y el agua.

Busto de Sila Jávea-Xàbia

El romano Quinto Sertorio con Falcata

Relieve de Pompeyo Jávea-Xábia Romana

Resto de Moneda Romana de Quinto Sertorio

Vestido de espléndidas armas, cortaba las marchas al enemigo, molestaba los campamentos, asediaba á los sitiadores; unas veces se presentaba en las trincheras enemigas y retaba al general, otras atravesaba disfrazado por su campo; era, en una palabra, un nuevo Viriato.
Sabia al mismo tiempo ganarse el afecto de los españoles; si peleaban, les proveía de hermosas divisas y de mucho dinero; había adoptado hasta el traje, el idioma y la religión de los españoles.
Era costumbre de los generales españoles tener escuderos adictos, que morían al morir ellos; Sertorio los tuvo á millares, que en medio de los peligros no pensaban sino en salvarle á él.  Para obtener pronta obediencia y un crédito sobrenatural persuadió á los españoles de que había recibido de la diosa Diana el regalo de una cervatilla blanca por la cual se hacia revelar las cosas de que le informaban buenos espías, y sugerir lo que a su prudencia parecía oportuno. (2)
Otras veces indicaba su deber á. los soldados por medio de parábolas, que tanto poder tienen en los ánimos vulgares. (3).
Este era el hombre que España necesitaba. Solo un defecto señalan los historiadores en su vida: que ni supo ser completamente español, ni se atrevió á deiar de ser romano.
Metelo uno de los mas hábiles generales de Sila, nada pudo contra él, y el mismo Sila murió con el pesar de no poder destruir aquel nido donde se refugiaban los descontentos que de todas partes se alzaban contra Roma.
Perpenna, otro de los proscritos por el dictador viene á España con veinte mil hombres; el prestigio y la fama de Sertorio obró el portento de que sus tropas pidan con insistencia unirse al ídolo de los españoles, y Perpenna, mal que le pese, tiene que ceder y someterse á ser el .segundo de Sertorio. Entonces sus armas adquieren rápidamente mayor importancia, de día en día ganan terreno las tropas de Sertorio, que llega á dominar en toda la península ibérica.
Se arrincona enlre tanto Metelo en Córdoba, y Pompeyo, enviado desde Roma en auxilio del viejo general, hubo de trasponer los Pirineos; pues Sertorio infatigable siempre, no les dejaba respirar, ni les daba tiempo para avituallarse.
Subió de punto la fortuna de Quinto Sertorio, y la fama de sus proezas llegó al Asia. Mitrídates, rey del Ponto, que buscaba en todas partes enemigos de Roma, despachó entonces embajadores que solicitasen la alianza de Sertorio, (4) Venidos estos desde Sínope en el Ponto encontraron á Sertorio en Denia, á donde había venido, ganando á Valencia dé paso. (74 antes de Jesucristo.) Habían visitado estos embajadores todos los pueblos del Mediterráneo, contrarios á Roma, para concitarles á su destrucción. Llegados, pues, á Dianio, donde estaba Sertorio, después de compararle con Pirro y  Anibal, le ofrecieron en nombre del rey del Ponto, una suma de tres mil talentos y cuarenta galeras equipadas para .combatir á los romanos en España, con tal que él le enviara un refuerzo de tropas, al mando de uno de sus mejores oficiales.
Pero Sertorio, fiel á la causa de su patria, contestóles con dignidad: «No acrecentaré yo nunca mi poder con detrimento de la república: decidle, pues, que guarde él la Bitinia y la Capadocia, que los romanos no le disputan; pero en cuanto al Asia menor, no consentiré que tome una pulgada de tierra más de lo que se ha convenido en los tratados» Cuando esta contestación fue comunicada á Mitrídates, exclamó: «Si tales condiciones nos impone hallándose proscrito ¿qué haría si presidiera en Roma las deliberaciones del Senado» No obstante cultivó su amistad, le envió los tres mil talentos; las galeras, y Sertorio bajo la reserva expresada, le envió un cuerpo de tropas.
Con los refuerzos de Perpenna y Mitridates, llegó Sertorio á reunir un ejército de hasta setenta mil hombres, de los cuales había ocho mil jinetes españoles, organizados á la romana. Dada la buena administración de Sertorio, debia este poseer grandes caudales; con esto y el dinero y naves del rey del Ponto, podemos asegurar que este gran general toma los elementos necesarios para el triunfo.
Establecióse Sertorio al principio en la Lusitania, y después, según le precisaron los azares de la guerra, sentó sus reales primero en la Celtiberia, después en la Edetania, y hácia el año 75 antes de Jesucristo en la Contestania. Para dar seguro abrigo á sus naves estableció en Denia su estación naval, en contraposición á Cartagena, que lo era de los romanos….”
“…No solo en el lugar antes citado de Estrabón se señala la importancia de Denia, sino que más adelante, al describir el país de los ilérgetes, afirma que lo último de estas guerras se verificó en la costa del mar, desde Tarragona á Hemeroscopio, como pretendiendo insinuar, que lo último que se conservó fiel al proscrito de Sila fueron Denia y los contestanos. Y tanto fue así que, como veremos adelante, Cicerón al concluirse esta guerra no creía pudiese haber sertorianos sino en Denia.
Volviendo á tomar el hilo de la narración, poco nos quedará por decir de aquel grande hombre, que por tantos años había sido la esperanza de los españoles.
La prosperidad de Sertorio había crecido paulatinamente y llegó á una altura prodigiosa; pero al divisar la cumbre de la fortuna, al tocar casi el suspirado término de tantos afanes, sus mismos partidarios, recelosos de su poder, y ambicionando usurparle, destruyen sus sueños de gloria y se preparan la ruina á sí mismos.
La época de la desgracia de Sertorio se puede relatar brevemente, y toda ella está llena de ingratitudes y negras traiciones.
Metelo pregona por una cantidad fabulosa de dinero y tierras, la cabeza de aquel á quien no ha podido vencer; lléganle á Pompeyo en estas Circunstancias numerosas tropas, y empieza á declararse y cundir la deserción entre los soldados romanos, que militaban en las filas sertorianas. Y todo esto viene sobre Sertorio á un mismo tiempo, cuando para realizar sus dorados sueños y ser dueño absoluto de toda la Península, solo le faltaba hacer el último esfuerzo.
Empiezan á anublar entonces y turbar la imaginación harto melancólica y sombría de Sertorio, mil negros presentimientos. Recelando de la lealtad de los romanos, su mismo recelo hace que los trate con aspereza y severidad. Confía, pues, la guarda de su persona exclusivamente á españoles; pero esta preferencia escita en aquellos el resentimiento y la envidia, lo cual favorece la deserción. El edicto de Metelo le hace ver en cada uno de los que le rodean un conspirador, y su razón sufre crueles desvaríos, y el negro humor que le domina le hace áspero, duro, caprichoso y cruel, Rápidamente vá perdiendo las conquistas, que tantas fatigas le cuestan, y el enemigo cobra ánimo. Vése precisado á salir de la Celtiberia y del país de los vascos; pasa al litoral de Tarragona, y por fin viene á ponerse al amparo de Denia, su plaza de armas.
Mal resignado Perpenna á ser el segundo de Sertorio, le parece segura esta ocasión para conspirar con fruto contra su general y apelando á los medios mas viles, hace que entren en el complot muchos oficiales. "Para honor de España, dice un escritor estrangero, (5) hay que confesar, que mnguno delos conjurados era español: todos eran romanos,»
Para lograr su intento, invita Perpenna á Sartorio á un festín, con el objeto aparente de celebrar una falsa victoria alcanzada sobre los enemigos. La inmoderada alegría y descompostura de los asistentes ofenden al pundonoroso capitán que, despechado, con la cabeza entre sus manos se reclina sobre la mesa. Deja caer de intento entonces Perpenna una copa de vino, y avisados con esta señal los conjurados, le asesinan en su mismo asiento, con sus afilados puñales, (73 antes de Jesucristo.) Desdichado fin de aquel que durante ocho años había hecho temblar el poder romano, y hecho dudar, si la España seria romana o Roma seria española.
Cuál sea de fijo el lugar de la muerte de Quinto Sertorio, aun es un problema. Que Denia sea el lugar donde este general fué asesinado no me atreveré á afirmarlo de un modo absoluto; pero sí estoy convencido de que este suceso acaeció en esta ciudad, ó por lo menos no muy lejos de ella. ...”
"... Espuestas estas razones, parece ser lo mas probable que Sertorio fuese asesinado en nuestra Denia, ó por lo menos no muy lejos de ella, acaso en Villajoyosa.
Muerto Sertorio tomó Perpenna posesión del ambicionado puesto de general en jefe de las tropas sertorianas; pero fue vencido por Pompeyo en el primer encuentro, acaso cerca de Denia, como quiere Palau. El cobarde Perpenna se había escondido entre unos matorrales; descubierto por unos soldados, quiso aplacar la ira de su enemigo presentándole las cartas, que decía escritas desde Roma á Sertorio, por los partidarios de este; pero Pompeyo quemó las cartas por temor, decía, de ver comprometido algún ciudadano ilustre; condenó á muerte al traidor y á algunos de sus cómplices; otros fueron asesinados por los naturales, ó arrastraron en Africa una existencia miserable.
La guardia española de Sartorio, segun su juramento, se mató; y en un abrir y cerrar de ojos, quedó sometida toda España. Esta facilidad con que terminó esta larga guerra, prueba, más que los méritos de Pompeyo, los de Sertorio.”
“HISTORIA DE DENIA” Roque Chabás (1.874) Parte I Capítulo IV
Notas del Autor :
(1)  Cantú, lugar citado
(2) P1inio, lib, VIl!, cap. XXXII
(3). “Queriendo disuadir á sus soldados de los combates precipitados, mandó traer un corcel vigoroso, y dijo á. un hombre de los más robustosque le arrancase la cola, Después que hubo empleado inútilmente todos sus esfuerzos, se la hizo quitar toda. cerda á cerda por un débil anciano, demostrando así que la perseverancia vale mas que la. Violencia.” C. Cantú, lugar citado.
(4) Lafuente, lugar citado.-Parece esto contradecirse algo con loque indica M.T. Ciceron en la oración VI. De Suppliciis  cap. XXXIV(edición de Lion 1679) donde dice, que con una. Nave que C. Verres vendió á L. M.agio y L. Rabio, proscritos romanos, corrieron á todos los pueblos enemigos del nombre romano, tramando conspiraciones, desde Diario en España., hasta Sinope en el Ponto.-“Hoc illi navigio ad omneispopuli Romani hosteis ab Dianio, quod in Hispania est, ad Sinopem, quae in Ponto est, navigaverunt”_De todos modos siempre resulta lo mismo para Denia. Acaso desde Dianio enviaría. Sertorio los embajadores a. Sinope y desde allí volverían con las condiciones de Mitrídates.
(5) Citado por Lafuente, parle 1, lib II cap IV

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