OPINIÓN | Juan Legaz Palomares
Celebro con gran alegría que Jávea festeje con su Ayuntamiento, así como con todas las instituciones culturales y locales el Día Internacional de la Mujer, un acto que se celebra en toda España y en todo el mundo. Pero siempre es digno de alabar que se reconozca la ingente labor que ha realizado, realiza y realizará la mujer en el mundo e históricamente la mujer ha sido mancillada y maltratada por razones y motivos muy largos de explicar. Ahora se merece, no un día de reconocimiento mundial, sino todo un año de agradecimiento por su labor de siglos de madre, esposa, ama de casa y, sobre todo de sufridora para sacar adelante su familia. Por eso, humildemente, deseo aportar este breve comentario para ensalzar la figura de la mujer, además de reconocer que sus capacidades intelectuales
y de trabajo son tan válidas como las del hombre, o incluso más, en algunos sectores de la sociedad.
He acudido a la RAE para ajustarme a la estricta definición de feminismo y machismo. Y dice que feminismo es «un principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre». Y machismo es «la actitud de prepotencia de los hombres respecto a las mujeres. Se trata de un conjunto de prácticas, comportamientos y dichos que resultan ofensivos contra el sexo femenino».
Una democracia que acepte, directa o indirectamente, restringir a una parte de su ciudadanía el pleno ejercicio de los derechos y libertades establecidos en su Constitución es una democracia liberal en la que existen ciudadanos de primera categoría (varones) y ciudadanas de segunda (mujeres) con diferentes niveles de acceso a esos derechos y
libertades. No puede haber plena democracia si se mantiene a la mitad de la población discriminada sobre la base de una diferencia de origen biológico. Hay que erradicar la prepotencia del machismo y, si la hay, del feminismo.
No hay que estigmatizar ni al hombre ni a la mujer. Sí hay que luchar por reconocer la igualdad social, laboral y en todos los estamentos de la vida de la mujer, pero nunca llevarlo al extremo de la radicalización en favor de uno u otro sexo. Ni que las ideologías políticas traten de apropiarse de la distinción entre hombre o mujer, poniéndose la medalla de defender a unos u otros con mayor énfasis. El machismo patriarcal no es una cuestión de ideologías. De hecho, se han detectado casos en todas las tendencias e ideologías políticas. Lo fundamental es orientarlo desde la sensatez, respetando a ambos como seres humanos que deben gozar de los mismos derechos, libertades y obligaciones, y desde una educación bien entendida, definida y defendida desde la infancia.
No necesitamos una guerra de sexos. Hombres y mujeres no somos rivales, sino complementarios. La naturaleza nos ha hecho distintos, pero nos necesitamos hasta el punto de que sólo conjuntamente alcanzaremos la plenitud física y mental. Ni tan siquiera debemos encasillar al feminismo, sino simplemente enfocarlo al reconocimiento de la mujer en todos los ámbitos de la vida social, y condenar la violencia de género que, sin duda, es una lacra que se debe erradicar y castigar con la máxima dureza.
Ni me considero machista ni feminista, pero sí un defensor de la dignidad de las personas que, como seres humanos, deben de gozar de los mismos derechos en toda su amplitud (social, laboral, libre, educativa…). Amo y respeto a las mujeres, porque nací de una mujer a la que quería muchísimo, aunque ella me quería mucho más a mí. Que cada uno ocupe el lugar que le corresponda en la sociedad, según su inteligencia y sus capacidades para desempeñarlo.
Dado que últimamente están saliendo a la luz pública algunos casos de prepotente machismo y que, por intereses de algún extraño tipo, se camuflan u ocultan, es de obligado cumplimiento avisar a todos en general (mujeres y hombres). También a ese feminismo enfervorizado y rampante que llena las calles de las ciudades con manifestaciones clamando igualdad que, en ocasiones, hace preguntarme si defendemos a la mujer o a las ideologías. A las pruebas me remito.







Querido Juan, soy Antonio, tu vecino de Jávea, y te escribo con el cariño que sabes que os tengo a toda la familia.
Siempre me hacen sonreir tus escritos sobre el municipio, repletos de jovialidad y la dulzura de un niño con zapatos nuevos, pero en esta ocasión debo escribir para dar también otra opinión.
Hablas de feminismo y machismo, así lo titulas. No empiezas mal, con RAE en mano, siempre una bonita forma de alagar nuestro poblado vocabulario.
Pero enseguida te desvías hacia la educación que tanto has mamado y de la que indudablemente sigues bebiendo a borbotones de la prensa dominada por intereses económicos.
¿Cómo no te das cuenta, querido lector y escritor, amigo Juan, que tras indicar que el feminismo es: «un principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre», no dejas en el resto de tu exposición de atacar al mismo?
Nada más empezar ya se te escapa un «Pero» premonitorio en tu segundo párrafo, el cual sin duda es al que va dirigida tu antigua educación recibida y que nisiquiera se sustenta con lo que a continuación dices.
«Capacidades tan válidas como la del hombre» Lo siento Juan pero sólo la frase ya va acompañada imaginariamente con la piel de un oso recién arrancado cubriendo el cuerpo desnudo del cazador.
«Hay que erradicar la prepotencia de ambos términos» Juan, ¿qué prepotencia ves en la definición de feminismo? ¿O es que acaso tu «opinión» es el espejo de tus lecturas del noticiario? Debes aprovechar ese tiempo ya disponible de tu gran merecida jubilación para probar el néctar de otros medios de información y de otras opiniones, no para cambiar la tuya sino para disponer la de otros también. Seguro que poco a poco logras analizarlas con la intención de los otros escritores.
«No hay que dejar que las ideologías políticas se apropien…» Querido Juan, venimos de donde venimos, bien lo sabes. Y no era política sino dictadura quien poseía la verdad absoluta de cómo debía ser el comportamiento de uno u otro sexo. Siento decirte que quizás hay que levantar más la mirada del periódico cuando estamos en el balcón de nuestra Jávea querida, soltar el mismo y ponernos nosotros a tender, a planchar, a hacer la comida, a limpiar la casa.
Perdona que difiera también sobre tu opinión de llegar a «la plenitud física y mental», no amigo, la plenitud de hombres y mujeres no necesitan del otro sexo (aunque es cierto que algunos morirían de inanición o bacterias acumuladas en el domicilio) realmente no necesitan de nadie, sólo de uno mismo.
Siempre generalizar es baldío, pero venimos de donde venimos, indudablemente.
Hay mucho que mejorar, querido Juan, tu escrito es sin duda prueba de ello. Tan sólo me he ceñido a él. No quiero meterme en que mis hijas tengan siempre un campo de fútbol en el patio del colegio y no una pista de baile que disfrutarían también mucho, y aún así, la semana pasada le dijesen a una de mis hijas que no podía jugar al fútbol por ser chica, a pesar de meter más goles ella que él.
Asi que si, querido Juan, más feminismo. Y más estudio sobre el mismo para saber a qué se refiere.
Un abrazo fuerte.
Antonio Ramírez
Bravo, bravo y bravo!!!!
Amigo Antonio, dsde el agradecimiento y la amistad que nos une te agradezco agradezco tu comentario
Gracias a tí, Juan. No dudes que soy el primero en proceso de «desaprender». Nos vemos pronto, cuidaros