OPINIÓN | Juan Legaz Palomares
Entre la senectud y la sequedad de las pocas neuronas que sobreviven en mi longevo cerebro, la confusión para combatir las noticias contradictorias y todo un rimero de críticas para desprestigiar a Jávea, sus bellezas, sus
encantos naturales, su cielo azul limpio y claro, sus coloridos amaneceres, su Bahía y sus playas de aguas cristalinas y su climatología envidiable, ¿es posible amarla?
En un día mustio, depresivo y con la moral por los suelos si tengo la fortuna de poder acudir a Jávea, intento refugiarme en ella para que me reconforte, y recibo gratuitamente un balón de oxígeno espiritual y moral que acaba con todos los contratiempos que me angustian y me deprimen.
Con la vejez, la mente que la tenemos -un poco o un mucho- asfixiada, fatigada, descontrolada y con las neuronas caducas, solo nos queda que tener fe y esperanza. Por eso, con una elevada humildad, permítanme ensalzar las virtudes que considero que posee mi querida Xàbia. Y no me pidáis que renuncie a amarla, aunque me tildéis de exagerado, pesado o trastornado mental, porque las características y cualidades que la embellecen, la engrandecen y le permiten que sea querida, admirada y deseada no se las podemos negar ni robar.
Sus playas, su dulce montaña engalanada con hermosos pinares, su paisaje, su colorido mediterráneo y su ancestral historia son las mejores credenciales que la convierten en un atractivo envidiable y deseado, porque aunque no hay nada perfecto, el conjunto de sus bellezas nos aboca a recrearnos, a la tranquilidad y a la amabilidad con la se manifiestan sus gentes que la colocan en la cumbre de la expectación, y los que aspiramos a disfrutar de paz y tranquilidad, su entorno nos la proporciona con esa luz que ilumina los corazones para vivirla y amarla.
Porque al final, en este ajetreado, desquiciado y apresurado mundo, en Jávea, todavía se respira educación, respeto, templanza…, y esas minucias cotidianas: ceder el paso, abrir la puerta, sonreír a un desconocido…, que
son las que nos devuelven la fe en los demás. Somos tan frágiles cuando el mundo se vuelve hostil…, cuando estamos en una cama de hospital, cuando las prisas de todos nos impelen a ser afectivos y rápidos, a pensar de nuestras dificultades para serlo, que cuando sentimos que alguien nos tiende la mano sin pedir nada a cambio es como si el corazón se recolocara en su sitio, como si nos recordara que está ahí, no solo para bombear sangre, sino para percibir lo que duele y lo que alivia. A veces, la esperanza se esconde en lo más simple, en una mirada que te dice «te he visto». Y eso es más que suficiente. Por eso, Jávea, es más que suficiente para mí.







“Javea es más que suficiente”, me guardo la frase. Bonito artículo.
Javea est le paradis sur terre
Javea es un sitio único, pero necesita más cuidado desde el Ayuntamiento y desde la Diputación de Alicante, en particular la limpieza y mantenimiento de las carreteras comarcales, hay demasiados puntos negros, vertidos de basura, envases y plásticos… Eso daña la imagen de Javea y contamina los barrancos y el mar… Javea tierne que ser un ejemplo para el resto de los Municipios de la Provincia de Alicante y de la Comunidad Valenciana en general.