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‘El temps de la renda’ (5) por Juan Bta. Codina Bas

31 de octubre de 2020 - 01:48

Mañana (esto se publica el día 31 de octubre) es el día 1 de noviembre cuando se celebra el día de Todos los Santos y el día 2 el de los difuntos. En estas fechas los que vivían en les casetes se acercaban al Camposanto (el actual cementeri vell o de San Juan) para rendir tributo a los allí enterrados y era y es costumbre limpiar las lápidas, ponerles flores y elevar una oración por el fallecido. En aquella economía de los años 50 del siglo XX, era costumbre coger unas flores de las que se cultivaban y producían en la caseta: crisantemos de varias tonalidades, margaritas, claveles, alguna rosa… (Las flacas economías hacía que se recurriera a las flores cultivadas en la casita, en lugar de acudir a la floristería de José Bas Catalá, instalada en 1955 en Ronda Sur donde los que no iban a la renda podían adquirirlas) y hacer unos ramos para colocar en aquellos nichos de familiares como homenaje y recuerdo al allí enterrado. La visita se prolongaba haciendo un recorrido por todos los lugares en los que estuviera el nicho de un familiar. Yo recuerdo haber ido, y recorrer con mis padres y con mis tíos todos los nichos en los que había algún familiar y en cada uno hacer una breve oración. También era una forma de rememorar a los ascendientes y conocer la historia familiar y siempre te contaban algo del fallecido o fallecida. Era una forma más acorde con nuestra cultura y tradiciones que la que hoy, de otra cultura, prolifera en la juventud: “Halloween”. Descansen en paz, todos ellos.

Antes de seguir adelante quiero informaros de una curiosidad que, de forma fortuita encontraron los alumnos que con Vicent Chorro hicieron un recorrido por la villa de Xàbia para aprovechar sus conocimientos matemáticos en pro de una realidad que nos circunda y más en concreto ver la utilidad de las matemáticas en nuestra vida a través de una ruta matemática. Fue en la planta de etnografía del Museo de Xàbia en el que se encuentra un cañizo y que los alumnos midieron a lo largo y ancho. Sus medidas son de 2’10 m x 1,30 m. y dividiendo el lado mayor entre el menor, el resultado dio 1,61. Es decir la proporción áurea. (La proporción áurea, o el número áureo también recibe el nombre de número de oro, número de Dios, o divina proporción) ¿Cómo llegaron a diseñar el cañizo nuestros antepasados y basarse de forma inconsciente en la proporción áurea? Este recorrido por la villa fue descrito por Vicent Chorro en el libro de Fogueres de Xàbia del año 2012.

Y ya que hablamos de los cañizos, diremos que se construían con cañas que abundan en barrancos y ramblas y porque las condiciones de ventilación y no adherencia para los racimos son muy ventajosas. Las cañas dispuestas en paralelo y fuertemente entrelazadas con alambre estaban sobre cinco cañas más gruesas colocadas transversalmente y siendo capaz de soportar unos 30 kilos de uva una vez extendida tras su escaldo. En la foto realizada por Alicia Benavent, que me ha remitido Carlos V. Fuster, se puede observar cómo va construyéndose el cañizo sobre un molde.

Había que sacar provecho del tiempo. El tiempo en la renda era un factor importante y por otro lado la escasez de luz hacía que los que estaban se levantasen pronto de la cama, al canto del gallo y se acostasen pronto como las gallinas. Era la utilización de la luz solar lo que presidía nuestras vidas. En mi experiencia, en una de las casetas en las que conviví no había llegado la luz eléctrica todavía. Pero era frecuente que tras la frugal cena los de una caseta se reuniesen con los de las otras cercanas y allí se barajaban toda clase de asuntos, desde cuentos a la situación de los precios, haciendo premoniciones sobre si los precios bajarían en los próximos días o subirían. A veces un juego de cartas o de parchís completaba la noche.

Recuerdo como en el Roig había cuatro algarrobos yo diría que con más de cien o doscientos años. Enormes y que cada año daban lo menos cincuenta capazos de algarrobas que los menores recogíamos poco a poco, ya que iban a utilizarse bien para dar de comer a los animales, bien para vender. Pero en dichos algarrobos, también los menores habíamos
hecho nuestras cabañas como Tarzán hizo la suya en la selva y era nuestro refugio sobre las gruesas ramas del algarrobo, trepando por su tronco y protegidos de la luz por el tamiz de las hojas. Allí nos podíamos reconocer como los héroes de Salgari. Pero también esos algarrobos nos daban la sombra necesaria para dormitar en la siesta aunque las moscas nos acuciaban. El amigo Pepe Ferrer nos dice que la renda le trae los recuerdos de la sombra del
«garrofer», bajo el cual nos sentábamos, y hasta dormíamos la siesta, si en el riurau hacía mucho calor. Cuando llegue al Roig, en 1954, vi las algarrobas que en Logroño una humilde vendedora de chucherías, a la puerta del cine nos proporcionaba una algarroba a la que llamaba ‘chocolate chino’ por una perra chica o gorda (5 o 10 céntimos de peseta), y aquí las vi a montones. La verdad es que la algarroba molida se usa como sustituto del chocolate y del cacao. Luego aprendí que el algarrobo es un árbol que tiene una rama macho y otra hembra que es la que producen las algarrobas y también aprendí que cuando en un terreno forestal el hecho de que haya un algarrobo, aunque sea seco, denota que ha sido agrícola en algún tiempo y alguna cosa más referida al olor de los algarrobos en la floración que no considero oportuno hablar de ello. Pero cuando recogíamos algarrobas, nuestro tío nos daba un real (o una cantidad parecida = 25 céntimos) por cada capazo que llenábamos.

Otro dato feliz era cuando los muchachos y muchachas del entorno nos reuníamos para jugar y pasar el rato. Normalmente al atardecer, tras haber hecho las brazas de llata convenidas con los padres o las tareas prefijadas. Eran momentos felices de correr y esconderse, de hacer de policías o ladrones, de trepar por los árboles y los márgenes huyendo o persiguiendo a otros. Nuestros juegos eran muy distintos a los de hoy, sobre todo si hacía buen tiempo y si hacía mal tiempo entonces el riurau se convertía en nuestro castillo particular subiendo a los cañizos o bajando de ellos. En alguna ocasión la aparición de una rata era compañera que compartía el juego aunque al verla huyéramos de ella o la persiguiéramos con malas intenciones. Lagartijas, saltamontes, libélulas o parotets y hasta luciérnagas que brillaban en la noche también eran acompañantes en esos momentos. Hay veces que me preguntan y me pregunto cómo Gabriel y Galán: ¿Somos los hombres de hoy, aquellos niños de ayer? No era usual el ir a la playa dado que era el momento de mayor trabajo en el campo, pero siempre había cerca una balsa, que no piscina, donde se acumulaba el agua para el riego, y a donde la chiquillería acudía para solazarse nadando en la misma siempre con la supervisión de los mayores. Así suplíamos la ausencia de la playa ya que muchas veces cuando se hablaba de ir a la playa, siempre solía salir el suceso de un primo que se había ahogado en el mar cuando era pequeño, con lo que nos quitaban la idea de acudir. Pero una vez, toda la familia fue a la playa de Dénia (pero esto ya fue cuando teníamos coche) y recuerdo que recogimos ortigues que luego comimos rebozadas y otras veces, en las rocas del montanyar con una navajita menuda, recogíamos pegelides i carrancs.

(Continuará)

7 Comentarios
  1. Consuelo Cuenca Morato dice:

    Juan; me alegran tus escritos. En este último nombras a los animalillos que constituían la fauna de la casita en torno a los cañizos, y pregunto si alguna vez hizo su aparición un alacrán o encontraste alguno. Gracias por el trabajo que estás haciendo.

    • Juan Bta. Codina Bas dice:

      Consuelo. Te diré que en las experiencias que tuve entre 1954 y 1960 en las casitas de mis abuelos en el Roig y en la Seniola, no vi nungun alacrán pero voy a contar una historia que me contó José Segarra Llamas en 1985 cuando ambos estábamos preparando nuestros libros. El iba por la Plana y sábeis que buscaba restos del pasado, como fósiles u otros y levantando una piedra le picó un alacrán. Me contaba que sintió como el veneno le iba atenazando el brazo y me decía que no sabía como, pero que en cinco minutos estuvo en el pueblo para buscar una persona que le pudiera ayudar y quitarle el veneno y curarle. La verdad es que tuvo algunas secuelas en el brazo a causa de la intoxicación. Con esto pienso que en la Plana si que había, pero desconozco en que otros lugares de Xàbia se encontrarían. He oído que los alacranes no suelen estar cerca de lugares donde hay personas sino más bien en zonas poco urbanizadas.
      Agradezco el comentario, lo que indica que este trabajo tiene cierto interés.

  2. Pepe Ferrer dice:

    Sustituye «ora» por «hora» que se me ha colado la falta de ortografía.

  3. Pepe dice:

    El «canys» tenía por función básica la de secar la pasa, pero en otro orden y ya que siempre estaba a mano, se utilizaba para dar sombra arrimado a un árbol, o moviéndolo por los ojos del riurau según la ora del día . Y hasta en ocasiones, si eran muchos los que se reunían en la caseta, se utilizaban como mesa. La «basa» para bañarnos era sustituida a veces por las acequias de riego que, como una red, se extendían por las zonas de regadío, el Roig entre ellas. ¡Que cantidad de recuerdos me traes!

  4. Godofredo dice:

    Lo del carácter barroco del algarrobo se lo oí por primera vez a Soler Blasco, sería a poco de aterrizar por Jávea pues me remonto a antes del 55. Él todavía iba en moto, que en el depósito de la gasolina ponía «Yo soc Caroline» y contaba anécdotas de sus viajes con ésta. Ponía mucho énfasis en su explicación al respecto y el también se declaraba barroco, señalando su pelo rizado, su morfología en general, su modo de expresarse y su pintura. Y tenía razón.
    Y al hilo de esto, pues las ideas se ensartan como las cerezas, recuerdo que yo asistía (por supuesto que de oyente) a unas tertulias en el Pósito que tenían mucha enjundia. Allí estaban Soler Blasco, el cura de Aduanas, don Juan Celda, el tío Eugenio, el marinero, un médico de Valencia, creo que doctor Fito se llamaba, el señoret de Jesús Pobre y mi tío Jaime, a la sazón, aparejador municipal y al que yo acompañaba en mis cortas estancias de estudiante. Allí se hablaba de todo y yo escuchaba embobado de la sapiencia de aquellas personas. Podría llenar hojas con lo que allí se decía…

  5. Godofredo dice:

    También recuerdo haber visto los cañizos utilizados para secar tomates, partían estos en dos mitades y los iban colocando sobre el cañizo; supongo que también lo harían con los higos, aunque de esto no guardo memoria.
    Los algarrobos, según los viejos de entonces, que sabían mucho, gozaban de sombra beneficiosa, al igual que el pino, lo que no ocurría con la higuera, cuya sombra era perjudicial. Estas cosas se miraban mucho en aquella sociedad muy sensible a los estragos de la tuberculosis. Otra característica del algarrobo es que agradecía la cercanía humana, esto también me lo contaban los viejos. Cuando llegabas a la casita y la familia buscaba su sombra, éste se renovava, reverdecía y le salían brotes llenos de vida; yo creo haber comprobado esto, aunque siempre queda la duda de si es sugestión o los propios ciclos naturales. Es mi árbol preferido, muy barroco, en su tronco, ramas, hojas y en su fruto. En especial, tengo uno, más que centenario, que mimo mucho. En el huerto del Roig, mi padre tenía uno, abandonado y lleno de algarrobas, se lo dije a Carmelo, hijo del tío Carmelo y él se encargó de recogerla y venderla y me dio diez duros que me gasté en helados del tío Espí, el jijonenco, artesanos y buenísimo, tan buenos que nunca los he vuelto a comer mejores.

    • Juan Bta. Codina Bas dice:

      Gracias, por tus comentarios. Creo que estas aportaciones y otras que me van llegando enriquecerán ese texto sobre el temps de la renda que deseo realizar para que estas vivencias no queden en el olvido.


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