El Pincho nos explica como era la discoteca Molí Blanc en los años 80

Son malas las noticias durante estos días de la discoteca Molí Blanc, que ha tenido que cerrar por revocar el Ayuntamiento la licencia de actividad. Aunque en los últimos años, el Molí Blanc, ha tenido que cerrar sus puertas por diferentes motivos. En los años 80, esta discoteca triunfó y para contarnos como fue, nadie mejor que Antonio Vallés Cabrera, más conocido como El Pincho, quien fue encargado de la discoteca Molí Blanc de 1978 a 1990. Vallés nos cuenta que empezó a trabajar en la discoteca con el anterior propietario, Juan Sendra Domínguez, durante dos años, “luego tuve la oportunidad de trabajar en Benidorm en el famoso Platillo Volante, y en octubre de 1978 el Molí Blanc cambió de dueño, tomando las riendas Guillermo Espasa, quien me contrató como jefe de sala”. Recuerda Antonio que el comienzo fue duro, “teniamos pocos clientes, el Caracol estaba de moda por aquel entonces, y poco a poco el Molí fue creciendo hasta ser la discoteca número uno de toda la Comunidad Valenciana, sobre todo en verano”.

Antonio Vallés 'El Pincho'

El Molí era discoteca reconocida a nivel nacional e internacional, “había muchos clientes ingleses y alemanes, han pasado muchos famosos, famosos en aquella época como futbolistas y actores”, recuerda Vallés quien señala a figuras como Butragueño, Tendillo, Lobo Diarte, Sancho Gracia “y con especial cariño al ex entrenador del Barcelona, Terry Venables, que vino con su familia, también a Reixach y Patrick Kluivert entre otros”. Pincho nos explica que durante el verano tenían 10 barras y en el mes de agosto entraban cada día unas 3.000 personas abriendo la sala grande del interior. Otra de las curiosidades que nos cuenta era su manera de trabajar y promocionar la discoteca, “durante la semana se colocaba un cuño a la gente que venía pronto y era una forma de promocionar la discoteca y a las 21:30 horas ya teníamos 800 personas en la sala”.

Interior del Moli Blanc

“En cualquier época había problemas, y quien diga que no los tenía, está en un error”, recalca Antonio Vallés y señala “peleas en la sala, gente que quería entrar y no lo dejábamos por ir bebido. Entonces no existía el botellón y era un problema que no teníamos, pero si sucedían trifulcas con armas blancas y hasta un disparo en el techo del porche, pero por la masificación de gente que tenía la discoteca era una balsa de aceite“, explica Vallés. “La música era de primera calidad, Guillermo, el propietario, iba a comprar los discos de vinilo a Londres antes que salieran al mercado y durante los veranos los mejores DJ’s pinchaban en el Molí, remarca Antonio y recuerda a Marcos, un DJ de Madrid que tenía mucha fama “y después vinieron más”. El Pincho nos explica que la forma de trabajar de hoy en día, con zonas VIP no le gusta, “esa forma de trabajar corta al resto de gente que sería más rentable sin estos espacios reservados”. Antonio Vallés nos habla con especial cariño de su mano derecha, El Pancho, “era una persona muy responsable, era un multiusos, igual hacía de portero que limpiaba vasos, y tanto en verano como en invierno en traje y corbata”. Para finalizar esta entrevista Antonio nos dice que “una de las bases fundamentales que tuvo el Molí Blanc era que a las mujeres se les trataban de forma especial, no pagaban la entrada, porque el colorido y el ambiente de la sala lo daban las mujeres. Teníamos chicas que venían todos los veranos y le daban un ambiente espectacular a la discoteca”. De los ligues que tuvo en la discoteca, Molí Blanc, los resume en una frase, “no me puedo quejar”.

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