Durante años permaneció amarrado en silencio en el puerto de Xàbia, hasta que su deterioro acabó convirtiéndose en un desenlace anunciado. El pesquero El Terrible, hundido el pasado mes de julio tras permanecer cinco años abandonado, ya ha sido reflotado y retirado del agua.
La embarcación, que durante semanas ha centrado la atención de vecinos, pescadores y administraciones, aguarda ahora su traslado al desguace, poniendo punto final a una historia que va mucho más allá de un simple naufragio.
Su imagen, primero semihundida en la dársena y ahora varada junto a las instalaciones portuarias, ha acompañado durante semanas la actividad diaria del puerto. Pero detrás de ese casco de madera deteriorado se esconde también una parte de la historia marinera de Xàbia.
De pesquero tradicional a barco abandonado
El Terrible fue durante décadas un barco dedicado a la pesca de cerco, una modalidad tradicional con la que sus tripulantes salían a faenar especies como la sardina o el boquerón. Como muchas otras embarcaciones de la flota artesanal, terminó víctima del paso del tiempo y de la falta de relevo generacional.
Tras el fallecimiento de su patrón y propietario, el pesquero quedó amarrado en el puerto sin que nadie continuara con su actividad. Durante aproximadamente cinco años permaneció abandonado, mientras su estado se deterioraba progresivamente. En ese tiempo, la embarcación llegó incluso a convertirse en refugio improvisado de una persona sin hogar, que residía en su interior y trataba diariamente de achicar el agua que entraba por una vía de agua ya conocida.
Un hundimiento que parecía inevitable
La madrugada del 15 de julio, el deterioro del casco terminó provocando el hundimiento del pesquero mientras permanecía atracado en el puerto.
En un primer momento, la principal preocupación se centró en un posible episodio de contaminación por combustibles o aceites. Las primeras inspecciones apuntaban a que el riesgo era reducido, ya que el barco apenas conservaba combustible y únicamente quedaban restos de aceite en la sentina. Sin embargo, días después comenzaron a aparecer irisaciones en la superficie del agua, señal de un vertido de aceites que obligó a desplegar un operativo específico de contención.
La lucha por evitar la contaminación
El hundimiento activó un dispositivo en el que participaron personal de Puertos, operarios especializados y servicios de limpieza para evitar que el aceite se extendiera por toda la dársena. Se instalaron barreras flotantes y materiales absorbentes alrededor del barco y en distintos puntos del puerto para contener el vertido y evitar que alcanzara otras zonas de la lámina de agua.
La actuación permitió controlar la fuga y minimizar el impacto ambiental mientras se preparaba una operación mucho más compleja: sacar del fondo un pesquero de madera muy deteriorado.
Un reflote que requirió varios días de trabajo
La recuperación del barco no pudo realizarse de forma inmediata. Antes fue necesario sellar la vía de agua que había provocado el hundimiento y preparar toda la maniobra de elevación. Los trabajos fueron ejecutados por una empresa especializada en salvamento marítimo, cuyos buceadores consiguieron estabilizar la embarcación antes de iniciar el reflote.
Con ayuda de una gran grúa, ‘El Terrible’ volvió a emerger a la superficie semanas después de su hundimiento, completándose posteriormente la maniobra para depositarlo en tierra.
El final de «El Terrible»
La embarcación permanece ahora en una zona del puerto a la espera de ser trasladada a un centro autorizado para su desguace. Su estado estructural hace inviable cualquier reparación, poniendo así punto final a la vida de un pesquero que durante décadas formó parte de la actividad pesquera de Xàbia.
El caso de El Terrible ha servido para poner sobre la mesa varias cuestiones que afectan al litoral de Xàbia: la complejidad administrativa y técnica que conlleva retirar una embarcación hundida, la necesidad de prevenir posibles episodios de contaminación y, sobre todo, el progresivo envejecimiento de una flota pesquera que cada vez encuentra más dificultades para garantizar el relevo generacional.








