Hay lugares que no son simplemente negocios; son la plaza mayor de las vidas de todo un pueblo. Durante 34 años, bajo la gerencia de Jose y Marga, el Bar Imperial ha sido precisamente eso para Xàbia: el punto de encuentro en la Plaça de Baix donde el día empezaba con el aroma del café recién hecho y las tostadas de la mañana, y terminaba entre cañas bien tiradas, tapas tradicionales y conversaciones que arreglaban el mundo.
Hoy, ese rincón de toda la vida entorna su puerta para dar paso al merecido descanso de José, ‘el jefe’. Tras casi tres décadas y media detrás de la barra y entre los fogones que vieron crecer a su propia familia, le ha llegado el turno de colgar el delantal. Aunque, como bien reconocen los suyos entre sonrisas, a José será difícil mantenerlo lejos del todo: su vocación de padre y hostelero lo llevará, sin duda, a seguir apoyando desde la retaguardia.
Marga, su compañera de vida y de batalla, ha querido poner voz a esta despedida cargada de emoción, pero sobre todo de gratitud hacia los vecinos y amigos que convirtieron cuatro paredes en un verdadero hogar:
«Hoy es un día de sentimientos encontrados: ilusión por una nueva etapa en nuestras vidas y, al mismo tiempo, tristeza por despedirnos de lo que ha sido nuestra casa durante casi 34 años. Casi tres décadas y media de risas, café y tostadas cada mañana, cañas fresquitas y bien tiradas, tapas compartidas y, sobre todo, de vuestra maravillosa compañía. Hoy José y yo nos dirigimos a vosotros con el corazón lleno de gratitud y emoción para contaros que ha llegado el momento de cerrar una etapa muy importante de nuestras vidas. El jefe se jubila. Después de toda una vida detrás de la barra y entre fogones, se merece un descanso más que ganado».
Sin embargo, en el Imperial la tradición no se apaga, solo se transforma. El legado del bar de siempre continúa justo al lado, de la mano de Ivan, Eva y Rafi. Criados entre el trasiego del local, recogen el testigo con un espacio renovado y moderno, una propuesta gastronómica ampliada y la misma cercanía de siempre.
Y las sorpresas no acaban ahí. Para Marga, los fogones aún tienen mucho que decir. Inicia un nuevo proyecto codo con codo junto a su hijo Patrick, a quien muchos recuerdan como «el xiquet de la plaça de Baix». Patrick nació un 18 de junio, en plenas fiestas de Sant Joan, y dio sus primeros pasos en el Imperial; allí creció, hizo sus primeras travesuras y aprendió el oficio al lado de su padre hasta convertirse en el profesional que es hoy.
Por todo esto, en la Plaça de Baix no se habla de un adiós, sino de un continuará. Marga y José se despiden con el orgullo del deber cumplido y el cariño de todo un pueblo grabado en la memoria:
«Nos llevamos recuerdos imborrables, amistades que ya forman parte de nuestras vidas y la satisfacción de haber compartido con vosotros una parte tan bonita de nuestro camino. Hoy una puerta se cierra con nostalgia, pero otra se abre con ilusión. Esperamos seguir encontrándonos, compartiendo risas, tapas y cañas y sumando momentos juntos, porque la etapa cambia, pero el cariño permanece».









