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‘El asiento de las plazas de toros’, por Juan Bta. Codina Bas

09 de mayo de 2020 - 00:34

Este artículo quiero dedicárselo especialmente a Paco Reus, taurófilo empedernido, a Rafael Andarias que ha sido capaz de torear a un morlaco con ayuda de los subalternos, y salir victorioso de la faena, dado que los dos disfrutan investigando, y a los amigos del baret dels bous.

El 8 de junio, en la tercera fase de la desescalada, se podrán abrir las plazas de toros con un aforo limitado a 9 metros cuadrados por persona. Esta noticia me ha traído a la memoria una investigación que realicé con anterioridad a 1992, ya que el resultado de la misma lo publiqué el 19 de octubre de 1992 en Las Provincias y en septiembre de 1993 en Archival, una revista de la ciudad de Valencia.

Antes de construirse la plaza de Toros de Valencia de mampostería en 1850, existieron a lo largo del tiempo plazas de toros de madera y una de ellas fue la que en 1836 se instaló junto a las Torres de Quart. La Junta de Gobierno del Hospital confirió a D. Vicente Bordalonga en 1.836 poderes para 'contratar con los carpinteros la construcción de una nueva plaza en el mismo local que ocupaba el Circo Olímpico junto a la puerta de Cuarte extramuros de esta ciudad, con objeto de celebrar funciones de toros y demás que convenga'.

Las plazas en aquel tiempo se construían por muchos carpinteros, ajustándose todos a las medidas señaladas, y tomando cada uno la construcción de un pedazo, según su posibilidad y ajustándose con el Hospital por un tanto alzado.

De otra nota podemos deducir que la plaza tenía la forma de octógono teniendo la grada más alta 112 palmos valencianos y la menor 78 e incluyendo las dos se contaban 21 gradas. En dicha nota se indica que para cada asiento se calculaban dos palmos valencianos. El palmo valenciano medía 23 cm, lo que supone para cada asiento 46 cm.

En 1841 se decía "cerca de la puerta de Cuarte, extramuros de la ciudad, está la plaza de Toros, que aunque de madera presenta muy buen aspecto, y prueba habilidad en los carpinteros valencianos".

La plaza se explotó hasta 1.850 en que tras un percance imprevisto, el Sr. D. Melchor Ordoñez, entonces gobernador civil, mandó derribarla apremiando a la junta del Hospital a que buscase medios para hacer una plaza de mampostería, la actual.

Mi investigación no concluyó aquí, ya que una vez descubiertos estos datos en el Archivo de la Diputación de Valencia, me trasladé a la actual plaza de toros donde solicité a los conserjes que había a la entrada un metro y me fui a medir los asientos de la actual plaza para comprobar si los traseros de los valencianos en siglo y medio había cambiado su anchura, y efectivamente, era la misma medida que se estipulaba en 1836, por lo que la estructura ósea y muscular del cuerpo humano de los valencianos no había cambiado. Pero es que además hemos investigado sobre la anchura de los asientos en otras plazas y hemos visto que en la de Sevilla se hacían los asientos de media vara de anchura que corresponde a 45 centímetros.

He de agradecer al amigo Vicente López-Ocon de la empresa ‘Carrocerías y plazas de toros’ radicada en Orgáz (Toledo), quien a preguntas mías me indica que en las plazas más viejas se daba un ancho de 40 cm por localidad, si bien en la actualidad se pide 50 cm de ancho y 40 de fondo que compartiendo con los pies (15 cm) hace que tengan 55 cm de fondo. Esto nos lleva al cálculo de los 9 metros cuadrados para cumplir la distancia de 1,50 m tanto por el lado, como por arriba y abajo.

Ahora una reflexión, sobre las distancias sociales de la desescalada para las plazas de toros.

¿Cuántos espectadores podrán asistir als bous de la mar en la plaza de toros portátil que se monta en las fiestas patronales a la Mare de Déu de Loreto? ¿Cuántos con la distancia social existente podrán acudir al recinto del baret dels bous? Entramos en la Nueva Normalidad.

Si observáis he llamado a los amigos del baret dels bous, nombre con el que se conoce en los pueblos limítrofes al fenómeno dels bous del baret que tienen lugar en las fiestas patronales de la Mare de Deu de Loreto y que suelen decir a sus amigos cuando vienen a las fiestas ‘anem al baret dels bous’ dando por entendido que son els bous de la mar de Xàbia.

En algunas ocasiones vi a Rafael Andarias estar al quite en el puesto de la Cruz Roja del bous de la mar y a quien las palabras de Paqui, su esposa, le debieron sonar como a Lázaro las de Jesús: Despierta y sonríe y Rafael abrió los ojos y esbozó una sonrisa.

Y después de relatar esto, me hago la reflexión siguiente: ¿Cuántos sanitarios han tenido esa idea de poner la voz de un familiar cercano junto al oído a los mayores afectados por la covid-19? Creo, Rafael, que el que lo hizo merece un verdadero homenaje por su conducta y amor al enfermo, cuando se buscan recursos para reanimar a ese enfermo y seguir el juramento hipocrático. Ese es un verdadero amigo.

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