OPINIÓN | José Font Caballero
En el instituto tuve un profesor de música que marcó a varias generaciones. No tanto por su disciplina como por su forma de estar en el mundo: era un artista dentro y fuera del aula. Tenía, además, una curiosa costumbre: deformar los nombres propios. A los Juanfran los llamaba Humphrey, en clara alusión al actor Bogart.
Con el nuevo presidente de la Generalitat Valenciana, sustituto del innombrable, me ocurre algo similar. No puedo evitar asociarlo al coprotagonista de Casablanca junto a Ingrid Bergman, porque su figura pública roza, por momentos, la caricatura o la viñeta de La Codorniz. Y para quien escribe desde una mirada estética -donde la imagen también comunica-, estas asociaciones no son casuales.
La última ocurrencia de Humphrey Pérez Llorca ha sido proponer la devolución de la Dama de Elche a la ciudad del Palmeral. Una iniciativa que responde más a la demagogia que a una reflexión seria sobre la gestión del patrimonio cultural. Los responsables políticos harían bien en retirar sus garras de la cultura, dejar de intervenir en ella y limitarse, en el mejor de los casos, a no obstaculizar el trabajo de quienes hemos decidido crear, conservar y proteger el arte, muriendo de hambre dignamente.
Pío Baroja definía al carlista como «un animal de cresta colorada que habitaba el monte y que, de cuando en cuando, bajaba al llano al grito de ¡rediós!, atacando al hombre». Cabe preguntarse hoy qué tipo de animal político representa el pepero. Tal vez uno de cresta multicolor, que denuncia la supuesta colonización ideológica de los museos mientras se coloca la boina nacional-aldeanista para reclamar piezas que se encuentran bien conservadas, estudiadas y accesibles al público en instituciones de prestigio internacional como el Museo Arqueológico Nacional, que nos representa a todos.
No quiero el Tesoro Íbero de Jávea en vitrinas del Museo Soler Blasco por una cuestión identitaria. Quiero que esté expuesto, valorado y apreciado por los miles de visitantes que acuden cada año al Museo Arqueológico Nacional. Eso, y no otra cosa, es amor verdadero y generoso por nuestro patrimonio local con proyección universal.








Deberíamos respetar a los técnicos y especialistas y dejarles tomar las decisiones que les competen. Se han ganado su oposición y posición (esperemos). Soy también de la opinión de que las piezas arqueológicas y artísticas más importantes y representativas deben estar donde hay medios y seguridad para exponerlas, conservarlas y estudiarlas, favoreciendo, además, su accesibilidad en un lugar común a todos. Lástima, sin embargo, que la fragilidad de muchas de estas joyas artísticas no permitan las exposiciones itinerantes, siempre de interés. Pero a veces, todo no se puede.
Por otro lado, las decisiones políticas van y vienen, y en el camino, se rompen muchas cosas. Cuidaoooo 😉