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De Cartagena a Jávea: un permiso militar para un xabiero del siglo XIX

OPINIÓN | José Font Caballero

Dos documentos fechados en 1851 -un certificado manuscrito y un pasaporte militar- nos permiten asomarnos a una historia concreta: la del soldado Salvador Gimeno Soler, natural de Jávea, que obtuvo autorización para regresar temporalmente a su pueblo en un mes antes de la caída de la Dictadura del General Narváez, bajo el reinado de Isabel II.

El pasaporte está firmado por el Teniente General de la Armada Española D. José Ruiz de Apodaca y Beranger, entonces Comandante General del Departamento Marítimo de Cartagena y figura clave del aparato militar español además de Consejero de Estado, Comandante General del Apostadero de Filipinas, Gran Cruz de la Real y Muy Distinguida Orden de Carlos III y Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo entre otras.

En él se concede «libre y seguro pasaporte» para que el soldado pueda pasar a Jávea, su lugar de origen, sin impedimento alguno por parte de autoridades civiles o militares. En un país inmerso en el convulso siglo XIX, con asonadas militares, golpes, alzamientos y la segunda guerra carlista recién terminada, circular sin salvoconducto podía equivaler a ser tratado como desertor o sospechoso.

Estos informes militares antiguos muestran cómo funcionaban los permisos de los reales ejércitos en la época decimonónica. En periodos de guerra, las licencias eran excepcionales y dependían de la conducta del soldado y de la decisión de sus mandos. El sistema de reclutamiento -las quintas- obligaba a los jóvenes a servir durante años, aunque quienes podían permitírselo evitaban el servicio mediante la redención en metálico o la sustitución, lo que generó profundas desigualdades sociales.

Una villa como Jávea -agrícola y marinera- la ausencia de un hijo en edad productiva suponía un impacto económico directo. El regreso, aunque breve, tenía un enorme valor familiar y simbólico: el soldado volvía con noticias del frente y con el prestigio del sacrificio patriótico. Recordemos el aforismo xabiero cuando nacía un niño: «Ja té la patria un bon soldat i l’esglèsia un gran cristià».

Desde aquellas levas forzosas hasta la profesionalización de las Fuerzas Armadas en 2001, España recorrió un largo camino. Hoy el servicio militar obligatorio ya no existe en nuestro país, aunque sigue vigente en países como Israel, Corea del Sur, Finlandia o Suiza, y ha sido reactivado en los últimos años en naciones como Suecia y Lituania y ahora, en un mundo revuelto y de amenazas ficticias e interesadas, los ecos del regreso de la mili en países como Francia y Alemania empiezan a ser algo más que una idea peregrina.

Este pasaporte de 1851 pues, no es sólo una pieza de archivo, es el testimonio de una época en la que el deber militar condicionaba la vida entera de las familias.

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