Ensimismado, con la mirada fija en tu maravillosa Bahía, frente a mi amada Playa de la Grava, mientras la suavidad de las olas me envuelve en un halo espiritual capaz de sentir que deliro. Abrazado por la hermosura del Cabo de San Antonio y el Cabo de la Nao, extiendo los brazos y respondo con un fuerte abrazo para sentirme agasajado y agradecido por haberte conocido mi querida Xàbia y, en mi idílico soñar, en mi delirio, me pregunto: “¿Cuántos se enamoraron de Ti?”.
Son innumerables los artistas, escritores y famosos, que llegaron, te vieron y se enamoraron. Algunos permanecen en el anonimato, pero una gran mayoría te amaron y dieron glorias a tus bellezas. Muchos de los que te visitaron, una vez que te conocieron ya no quisieron marcharse y, otros que, por cualquier circunstancia, vamos y venimos con frecuencia, porque necesitamos como el comer, verte, respirar y contemplar tus maravillas, tu paz y la amabilidad con que nos recibes, así como el acogimiento de tus gentes.
Qué suerte tienen los que han nacido en Xàbia y los que nacen en ella. Es un premio que no tiene precio, tener como cuna este trozo de tierra, mar y montaña que el Creador dejó caer sobre este pueblo. No es solo la belleza material que se puede ver y palpar, sino la esencia de la belleza espiritual que encierra todo su inmenso entorno que, no es que enamora, sino que apasiona, te engancha y te atrae como el imán a los metales. Se relaja el corazón y el alma, y la mente ahuyenta los sinsabores y el mal humor, los enfados y todos los disgustos que nos crean pesadumbres y contrariedades que nos golpean. Es como un bálsamo especial que nos torna a una vida feliz y placentera. Tanto es así que, siempre digo, que a Xàbia se viene a vivir bien y disfrutar, no a sufrir.
Para vosotros xabieros, a pesar de que estéis orgullosos de Xàbia, de amarla y de llevarla en vuestro corazón como ese gran tesoro que poséis, a veces, quizá, no valoréis el inmenso tesoro en el que habéis tenido la fortuna de nacer. Pero, para los foráneos (forasters) que la hemos conocido, también tenemos la suerte de disfrutarla cuando la vistamos, y que quisiéramos que fuera con más frecuencia para mirarla, admirarla, escucharla, contemplarla y en silencio saborear todas sus hermosuras y gozar de la relajación que nos transmite, y que nos invita a que, cuando
nos marchamos, ansiosos de volver cuanto antes a regocijarnos con sus amaneceres, su sol limpio, sus aguas cristalinas y, sobre todo su aroma a Paz.
Ya sé que son muchos los personajes famosos los que te conocieron y se enamoraron (la lista sería interminable: artistas, pintores, escritores…), pero también figuran como enamorados, cientos, qué digo cientos, miles de personas sencillas, que se sintieron atraídas (extranjeros incluidos de varios países), unos se quedaron aquí para siempre, otros, con el corazón henchido de placer, nos conformamos con visitarte siempre que podemos.
Y vivimos con el deseo constante de regresar para percibir todos los efluvios de tu majestuoso bienestar. Sin embargo, aunque desconozco el número de los que se enamoraron, estoy seguro que son muchos (miles) será la joya disputada, preferida y deseada por millones. Y permanecerás viva en los sueños de cada uno de ellos. Por lo que, la pregunta sigue en vigor y cada día con más fuerza y emoción: “¿cuántos se enamoraron?” “¿Cuántos se enamorarán?”
Muchísimos. Permítanme que, entre esos miles de afortunados, haya uno más, yo.







Precioso