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«Corazón partío»

OPINIÓN | Juan Legaz Palomares

Mi corazón está partió (partido) entre la Comunidad Valenciana y Murciana, aunque soy murciano de nacimiento y mi infancia y adolescencia transcurrieron en la Comunidad de Murcia. Desde los 20 años, mi vida ha estado a caballo, entre la Comunidad Valenciana y Murciana.

Mi primera visita a Valencia, fue por razones de estudio. Viajé en el tren en aquellos asientos de tercera de tablas, que terminabas con las posaderas igual de duras que las propias tablas (insensibles). Recuerdo que me hospedé en una pensión en la calle de la Estación, y la dueña, buena mujer, me advirtió, – si Vd. quiere salir por la noche para que el sereno le abra la puerta tiene que gritar la palabra ‘África’-.

Desde entonces mi vida, durante más de cuarenta años, unas temporadas en Murcia y otras en la Comunidad Valenciana, pero nunca he estado más de un año seguido sin tener contacto con esta Comunidad, a la que admiro y siempre llevo dentro de mí. Cada vez que oigo el himno valenciano se humedecen mis mejillas por un ligero y emocionado lagrimeo. Y no digamos cuando escucho el Pasodoble a Jávea.

En el año 1974 contraje matrimonio, con la gran fortuna que mi amada esposa Gabriela, por razones que no vienen al caso, pasó parte de su niñez en Jávea. Manteníamos buenas relaciones familiares con sus tíos (Antonia y Paco ‘Sopa’, q.e.p.d.) que vivían en Jávea.

Íbamos con frecuencia a visitarlos, ya que manteníamos una excelente relación familiar, y si transcurría más de un mes sin que los visitáramos ya no cesaban las llamadas telefónicas, rogándonos que fuéramos (mis recuerdos de ellos son imborrables). Y cómo no, en las vacaciones estivales, casi todo el mes lo pasábamos en Jávea. Mis hijos, que son ya creciditos, su mayor ilusión, aunque por razones de trabajo viven lejos, es poder pasar unos días de asueto en Jávea. En su adolescencia y juventud la han recorrido en bicicleta de norte a sur y de este a oeste. Muchos rincones y lugares de Jávea los conozco gracias a ellos.

¿Puedo ser murciano y sentirme también profundamente valenciano, y concretamente, enamorado de mi querida Jávea?
Jamás he sentido la menor incompatibilidad entre ser murciano y xabiero, y no sólo en mi insignificante persona, sino en realidades esenciales, como la historia y la cultura. Murcia me vio nacer. Xàbia siempre me ha acogido con entusiasmo, amabilidad y agrado. Su belleza natural me inspira, me relaja, me gratifica. Sus gentes me abren el corazón sin reparos y me rodean de beneplácitos, que no dejan de ser inmerecidos. He aprendido a mezclar la fraternidad entre Murcia y la Comunidad Valenciana. En Xàbia ha florecido mi segunda vida, donde es estimulante aprender a vivir, trabajar, pensar, divertirse, respetar, y adonde la amistad es protagonista principal, aparcando el odio y el rencor. Me ha enseñado a desterrar las luchas tribales, engrandeciendo la convivencia y solidaridad entre diferentes lugares, etnias, pueblos y regiones. Tal vez, por su condición mediterránea, y forjada a lo largo de siglos por razas de muy diversos orígenes, disfruta de una dilatada comprensión, y acepta con caballerosidad y categoría a los foráneos, que en ocasiones proceden de otros países de Europa, África, de Sudamérica y de distintos
lugares de España.

En Jávea, siempre he encontrado amigos, buenas lecturas, eventos festivos, temas para escribir, diversión sana e inspiración permanente. Dentro de mi ingenuidad y torpeza, las palabras se me marchitan en el papel, y las ideas desfallecen. Es obligatorio recurrir a los recuerdos y a las imágenes. Ante Xàbia me muestro celoso, por motivo de mi admiración su pérdida sería una equivocación que nunca me perdonaría.

El premio Nobel de Literatura de 2010, Mario Vargas Llosa, decía: «España no era mía y se ha vuelto mía, la quiero muchísimo». Eso mismo digo yo de Xàbia: que no era mía y se ha vuelto mía, la quiero muchísimo. Y comentaba a sus alumnos: «la buena literatura proporciona conocimientos sobre el mundo en que vivimos, que algunos tratan de reprimir porque nada despierta tanto el espíritu crítico. Pido que se me acepte como soy». Permitidme xabiencs, que
sólo os pida que me aceptéis como soy.

Ante la impotencia, pienso que mi descripción se agota, que ha llegado a su fin. Si no soy capaz de describir todo el arte que encierra Jávea. No puedo negar que también queda afectado mi humor. Mi humor, lo tengo comprobado, depende en gran parte de Jávea. Mi rendimiento, mi eficacia, aumentan considerablemente, incluso se notan en el ámbito familiar, es decir, crece y decrece como la luna, pero en las fases altas. Cuando escribo y lo que relato responde a mis expectativas, me identifico con Jávea, me olvido de la hora, incluso de quién soy yo.

En épocas fértiles no se me ocurre pensar como un escritor, aunque lo normal sería que escribiese de continúo, como el maestro que cada día explica su lección. Imaginaba que mis vacilaciones son flaquezas pasajeras y que el talento fluía constantemente, nada más lejos de la realidad. El escritor debe ser voluntad, sin voluntad no se puede
crear, se puede ser un simple instrumento del azar, un iluso. A veces mi cabeza se ilumina por un relámpago, pero últimamente está oscura, se mueve a tientas, hueca, sin ideas, me irrito y me tomo un tranquilizante y me quedo dormido, con la certidumbre de que mi ingenio para escribir se había desvanecido, no ha existido nunca.

¿Qué importancia tenía entonces pretender escribir sobre Jávea? Simplemente una satisfacción moral, reconfortar el espíritu, el amor y la ilusión que sentía por mi querida Jávea. Mi mente senil y agrietada intenta sobreponerse a las adversidades, así como articular o inventar palabras para disimular mi ignorancia.

A veces camino sonámbulo, deambulo por la casa, vuelvo a acostarme. Intento que nada me moleste, pero tan pronto como me levanto chirrían las neuronas y vuelvo a la normalidad, se apaga la imaginación y la fantasía, regreso a mi torpeza literaria, y me digo ¿mañana?, ¿por qué no lucirá el ingenio? Ilusiones vanas que vuelan al viento. El fracaso está servido, pero seguiré esforzándome.

Resultaría paradójico que algún día las neuronas se despertaran y pudiera escribir frases halagadoras para Jávea y los xabieros, la esperanza es lo último que se pierde. Tal vez, una nueva luz, algún día, luzca, me abandonen las vacilaciones y resurjan los sentimientos hacia Jávea, floreciendo como hermosas flores de primavera. Se me anudará la garganta y descenderé a la profundidad del océano.

¿Qué valor tiene saber que amo locamente a Xàbia si no sé describirla? Incluso llego a pensar que en este vano invento de escribir sobre ella, sólo existe en mi torpe imaginación y en una voluntad errónea. La ansiedad acrecentaba mi ineptitud, y con objeto de evitar la desmoralización recurro a estúpidas y vacías poesías y artículos sin contenido, despertándoseme la pobre impresión de que hacía algo útil. Era una hueca ilusión, pero al menos entretengo mis chirriantes neuronas, aunque sea con ideas trasnochadas. En el fondo, estaba convencido de mi fracaso, pero sigo siendo tan tozudo que continúo persistiendo en escribir, halagar y a hablar de Xàbia, aunque sólo me aporte nuevas preocupaciones y deleitándome con su Bahía, atrayéndola hacia mí. Me ofuscaba, estaba un poco
trastornado. Se reverdecía la preciosa imagen de mi Catedral murciana, su Virgen de la Fuensanta, vigilante y misericordiosa, desde su Santuario, protegiendo a Murcia y su florida huerta.

Intentaba serenarme. Acababa amando, allí mismo, a Murcia y a mi querida Jávea, como había hecho durante toda mi vida. Besé efusivamente a mi querida Xàbia. Era nuestra despedida. Desistí de buscar los amaneceres con el sol rompiendo en el rizado oleaje del mar de su fabulosa Bahía. Llegué al convencimiento de que no tenía derecho a perturbarla. En este último amanecer te besaré hasta la extenuación. La brisa candorosa y suave me transporta a Murcia. El pensamiento vuela en el subconsciente a mi tierra natal. Murcia me vio nacer y crecer y Jávea me conquistó y enamoró con sus preciosidades y el trato generoso de sus gentes. Repartiros mi amor sin desprecio, como si de dos buenos hermanos se tratara. No me agradaría que riñerais entre las dos.

¿Si la muerte es inevitable no será preferible que me sorprenda desde uno de los múltiples rincones paradisíacos de Xàbia?

Por lo que:

‘EN JÁVEA QUIERO MORIR’

Vine a Xàbia de visita
Pueblo, Puerto y su Bahía
todo su entorno te invita
a paz, sosiego, armonía.

Su belleza natural
con sus envidiables calas
su inenarrable historial
sus encantadoras playas
al recorrer su litoral
de sus embrujos te embriagas.

Descubrir sus maravillas
arrebata los sentidos
en sus vetustas orillas
se recrean los oídos
con miles cosas sencillas
de los recuerdos vividos.

Sorolla, Xàbia pintó,
con pinceles excelentes
de Xàbia se enamoró
sus costumbres y sus gentes
sus maravillas plasmó
sus cuadros siguen presentes.

Ahora ya estoy retirado
mi residencia, Aduanas,
pero, aunque estoy jubilado
el bien me abre las ventanas
sus gentes me han enseñado
que, amando, no pierdes, ganas.

En Xàbia quiero vivir
escribiendo una bella frase
en Xàbia quiero morir
cubierto por su paisaje.

La distancia me entristece
cuando vivo en lejanía
en Xàbia, no se fenece,
¡qué tesoro su Bahía!
Xàbia luz, vida, amanece,
se cura la malaltía.

En Xàbia deseo morir
arropado por su mar
en mis oídos sentir
un idílico soñar
que es un vivir, sin morir,
si a Xàbia sabes amar.

Que me duerma en tu regazo
cuando se acabe mi vida
con un sencillo epitafio:
«¡Xàbia, Juan nunca te olvida!».

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Clasificado en: Sociedad, Juan Legaz Palomares
Deja un comentario
  1. Amparo Sivera Cardona dice:

    Hola soy de Xabia y amiga de la infancia y tu mujer Gabriela me a gustado mucho lo q as escrito en Xabia.COM recuerdos para Gabi besitos

  2. Juan dice:

    Muchas gracias Amparo, saludos de Gabriela y míos