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’14 de marzo de 2020. Un año perdido’, por Juan Bta. Codina Bas

14 de marzo de 2021 - 00:29

Era un sábado luminoso y frío del mes de marzo, cuando el carillón del Ayuntamiento que daba las nueve de la mañana, yo iba a Correos para enviar una misiva. A las dos de la tarde las pantallas de todas las cadenas de televisión anunciaron el estado de alarma. Nos confinaban en nuestros domicilios. Este comienzo es una adaptación del texto de George Orwell que en su novela distópica 1984, lo inicia con estas palabras: "Era un luminoso y
frío día de abril, y el reloj daba la una de la tarde".

Este día se cumple un año del día que se declaró el estado de alarma y nos confinaron. Ha pasado ya un año y la cuestión no se ha resuelto. El virus está presente y no desaparece y además se reproduce dando lugar a otras cepas. Pero en este tiempo hemos seguido viviendo y algunos o muchos han muerto. Creo que todos tenemos personas cercanas que han caído. Pero este artículo no es para ejercer una acción plañidera. Es para constatar un hecho.

Las tres ilustraciones de mi amigo Santiago Sanchis Ibor, profesor de Bellas Artes, que acompañan a este texto muestran el intento de aplastar a la covid-19 y la solución final que llega por la vacuna, donde la vaca es la que ataca al virus y como todos tienen su corazoncito, también la covid-19 felicita a su progenitora (se dijo que procedía del mundo de los murciélagos) en el día de la madre.

Entre 1947 y 1948 George Orwell escribió 1984. En 2020 se ha cumplido una parte de lo que preconizó Orwell para 1984. El gran hermano nos vigila. Os doy unas pistas de estas vigilancias que me ocurrieron en este tiempo. Como no podíamos ver a los nietos, en verano, fuimos mi esposa y yo a verles a una urbanización de Calp. Mi hijo me había preparado el móvil poniendo nuestras coordenadas y las suyas para que el GPS funcionara.

Pues bien, hubo un momento que puse el móvil en funcionamiento y desde ese momento comenzó una señora a darme instrucciones. “Dentro de 200 metros hay una rotonda y gire en la primera salida a la izquierda”, al poco volvía a hablar y decía: “continúe recto durante 500 metros”; Todo el recorrido la señora iba dándonos instrucciones certeras. Yo miraba por el cristal del parabrisas a ver si veía a la señora que me vigilaba para que no me perdiera. Por la tarde no puse las coordenadas para regresar a Jávea y la señora creo que se volvió loca, ya que decía: “dentro de 200 metros está el Camino del Juez para entrar en Benissa” pero yo no le hice caso pues ya sabía el camino de regreso. Luego añadía “en la próxima rotonda gire a la derecha….” Cada vez que señalaba un camino yo pasaba de largo. Eso me congratulo ya que vi que no me podía vigilar como por la mañana.

Con esto de la pandemia, quieren que pongamos aplicaciones en nuestros móviles (yo no sé ponerlas) para saber donde hemos estado, cuales han sido nuestros movimientos, con quienes tenemos contactos para saber si caen enfermos cuando nosotros podamos ser positivos. Por el móvil nos están controlando. Las tarjetas del banco también dan noticias sobre nuestros movimientos económicos. La compra online, que queda muy bien decirlo en inglés, da información sobre lo que compramos y lo que gastamos. Los rastreadores (una nueva profesión para la nueva normalidad) han descubierto en algunos casos infidelidades, ya que se ha contagiado la persona infiel junto a otra que también era infiel.

El Gran Hermano nos está vigilando. Enviamos fotos de donde estamos y eso lo capta el Ojo del Gran Hermano y hasta algún extraño se entera y puede asaltar nuestro habitáculo. Decimos a los amigos que estamos comiendo una paella en tal sitio con la foto de la exhuberante paella y el mundo se entera porque alguien lo sube a Facebook si quien las
recibe las coloca.

En este año no hemos podido ver a nuestros hijos y nietos cuantas veces quisiéramos. Solo nos quedaba el balcón para salir con cacerolas o con aplausos o la puerta de casa si se vive en planta baja pero sin pasar del dintel. Hemos visto más televisión y más películas de cine que nunca, ya que no podíamos salir de casa. Teníamos que hacer ejercicio en los pasillos y buscar alternativas para el paso del tiempo. Se han comprado muchas publicaciones de pasatiempos y juegos de mesa. Los juegos en el móvil han sido un pasatiempo que nos dejará secuelas en los dedos que tienen que pasear por el teclado constreñido del móvil.

Alguien dice que a final del siglo XXI el dedo pulgar estará más desarrollado y los dedos que más se utilizan para escribir en el móvil más agilidad. En esto las personas ‘solas’ o single lo tienen más duro, ya que les falta la posibilidad de comunicarse, aunque para eso tienen los “solitarios” del juego de cartas.

Las mascarillas nos han hecho casi irreconocibles y seguro que nos dejaran la marca de la misma en el rostro. Cuando encuentro a alguien le pregunto ¿quién eres? y acto seguido se baja la mascarilla para enseñarme su medio rostro tapado.

Me acuerdo del motín de Esquilache que mandó cortar las largas capas que podían embozar a la persona y los sombreros de ala ancha sustituirlos por tricornios para poder reconocer a las personas, sobre todo en horario nocturno. Hoy las mascarillas hacen que seamos irreconocibles aunque la noche nos esté vedada por los toques de queda.

Pero en este tiempo hemos conocido a Filomena, con sus desvaríos climáticos y hasta la lluvia de arena del Sahara ha llegado, el teletrabajo se ha puesto de moda, los momentos de encontrarnos hijos y nietos y ellos con nosotros en las videollamadas a una hora determinada con el encuentro de todos en la pequeña pantallita. Las llamadas de teléfono han aumentado su duración (hay necesidad de hablar y de ser escuchado) y también el cansancio de esperar porque el otro no contesta y es que está hablando.

Hemos aprendido a pedir citas previas para cualquier cosa: para ir al banco y no esperar fuera, para ir a la peluquería, para ir a la tienda cercana que en muchas ocasiones si no es esencial está cerrada. Hemos aprendido a discernir entre trabajos esenciales y otros que no lo son. Hemos visto incongruencias muchas como que la tienda de zapatos no pueda estar abierta pero en los centros comerciales si que venden zapatos. Limitaciones por el aforo de
las tiendas, hasta de las playas con separaciones entre los no convivientes, en los bares y restaurantes y limitaciones del número de comensales y del número de personas reunidas en grupos.

La educación será un elemento que va a repercutir de forma extraordinaria en el futuro de muchos que ahora están en edad de estudiar. Las clases no presenciales (en todos los niveles) y online así como los exámenes y trabajos y el casi aprobado general sin haber dado las materias completas, pasará factura a las próximas generaciones. Cuando hay
gastos superfluos en la administración motivados, por ejemplo por el exceso de ministerios y de asesores, por ejemplo, no se atiende a las necesidades de la educación y de la sanidad y de la investigación científica que nos preparen para superar los déficits. Se invierte en las Universidades para formar personas que luego su formación la utilizarán otros países que no han gastado sus economías en su preparación, aprovechándose de la inversión de nuestro país. La fuga de cerebros es un ejemplo. Se les prepara pero no se les da trabajo para el que han sido formados o están minusvalorados.

Pero también pasará factura la dependencia del móvil y su pantalla que puede llegar a producir por su luminosidad deterioro ocular por el abuso de la misma así como hipoacusias por la generalización de esos auriculares inalámbricos de color blanco que se colocan en las orejas para oir canciones, música y la conversación con los que hablamos y que los decibelios incrementados y duraderos cerca de los tímpanos los perjudican.

Hemos visto la solidaridad de muchas personas: bomberos, enfermeros, médicos, policías… que se han mostrado solidarias a pesar de no tener la protección adecuada.

En Xàbia, nuestro amigo Rafael Andarias, ha sido una de esas personas que ahora creo que todos tenemos en él un ejemplo y se ha quedado como amigo de todos los xabieros, al haber sido conscientes de su dolor, sufrimiento, y deseos de superación. Con su esposa han dado muestras de valentía y ganas de desgastarse por los demás, con solo su ejemplo.

Las UCI son otro elemento que ha sido destapado en nuestras vidas y formado parte del nuevo vocabulario que esta situación ha producido. Otras palabras que han sonado mucho en nuestras vidas son ERTE y los PCR. Otros conceptos son los de distancia social o de seguridad cuando creo que debería llamarse distancia física, ya que alude a la distancia entre dos personas físicas y la social incluye la de evitar reuniones masivas.

La cuarentena que hace revivir épocas medievales. Hemos aprendido a darnos abrazos virtuales y a lavarnos las manos. Usar geles hidroalcóholicos. Y las matemáticas nos han venido bien para entender las curvas cuando nos hablan de que la curva se aplana o del crecimiento exponencial.

Desde Cultura se realizó el programa Xàbia des de Casa donde se mostraban ráfagas de cultura para que este tiempo pandémico sirviera para algo y no se quedara en un tiempo vacío. Pero se que todas las áreas del Ayuntamiento han estado a favor de ir superando este tiempo y hasta nuestro alcalde, José Chulvi, nos ha ido ‘aleccionando’ cuando las cosas se desmadraban, y recordando que la salud es importante y que el extremar las precauciones es necesario y que el abandono o negligencia de unos cuantos repercute en todos, apelando a la responsabilidad personal.

Hemos tomado nota de nuestra fragilidad y vulnerabilidad frente al virus. El hombre se ha ensoberbecido y esto ha sido un ‘cachete’ para que nos demos cuenta. La humanidad se ha sentido prepotente hasta recibir el hachazo a esta situación. Nos creemos que todo lo podemos con la ciencia, pero no es así. Se ha puesto en evidencia un dilema: salud versus economía. Y hasta el valor de la vida ha sido cuestionado cuando se pone en conflicto en la
atención a la persona discriminaciones en función de la edad o capacidad para salir airosos de la situación. Pero la economía, el paro y los cierres nos han llevado de los años de la posguerra. ¿Recuperaremos lo que se ha perdido?

Aprendimos a prepararnos para la nueva normalidad. ¿Estamos ya en esa nueva normalidad? ¿Cómo es la nueva normalidad y que pide al ser humano para ajustarse a ella. Son incógnitas que permanecen en nuestro interior y que no sabemos como afrontar. En este tiempo en mi caso he trabajado e intentado estar activo. Escribí un libro titulado El Temps de la renda, donde tomando como base las vivencias personales en la Xàbia de la década de los 50 del siglo XX, y con la colaboración de 33 amigos, ha salido a la luz si bien por la situación de confinamiento aun no ha sido distribuido.

He seguido trabajando en varias cosas aprovechando este tiempo que nos ha impedido viajar, ver a la familia, ver a
los amigos y salir de esparcimiento, si bien cada día salimos a caminar para no abotargar los músculos. Con Amparo, mi mujer, hemos pasado este tiempo de la mejor manera, resistiendo y ayudando al otro a superar cada día y cada momento de la mejor forma y ya que estábamos solos, sin la presencia de los hijos y nietos, hemos procurado que la
virtualidad y las videollamadas sustituyeran en parte esa falta de cercanía pero ese momento nos llenaba el corazón. Hemos leído y descansado, escuchado música y hablado con los amigos. También los encuentros en el jardín delante de casa con los hijos y nietos nos han servido para sobrellevar esta situación.

En este tiempo el contar con los hijos y nietos ha sido un elemento sustancial e importante. Una mañana nos dieron una sorpresa matutina al recibir un desayuno para dos personas con el café calentito y varias viandas que nos hacían la boca agua al degustarlas. Vino en un envoltorio con una bandeja cuyo contenido invitaba a gustar y paladear.

En otro momento de este año vacío recibimos una caja de fruta seleccionada incluyendo una papaya, la fruta que alarga la vida, y añadiendo productos de charcutería selecta. También un esplendoroso ramo de flores en el día de la Madre y alguna planta y otras cosas que hemos valorado de forma muy positiva, si bien también diremos que los hijos y nietos han tenido sus pruebas positivas de covid-19 que nos ha preocupado sobremanera, pero que habiéndolas sufrido parece que la sintomatología ha sido suave. Los nietos nos han enriquecido con sus dibujos que nos enviaban vía móvil o vía correo electrónico. Hoy tengo una buena colección de los mismos.

Me queda nombrar el papel de la prensa digital, que en estos tiempos nos ha mantenido informados a falta de las tertulias en la cola de la tienda o en el mercadillo, para saber lo que acontece en la villa. Esta prensa digital, ha cumplido y sigue cumpliendo su papel y cada día a primera hora nos espera. Gracias amigos por vuestra presencia en nuestras vidas a través de los móviles.

La epidemia de 1918 de la que el benissero Joan Josep Cardona Ivars realizó una publicación en 1973 con el título La epidemia de gripe de 1918 en Benisa y Comarca y que me ha dedicado en un any en blanc – el de 2020 – estudió su presencia en la comarca; aquella epidemia pasó y ahora esperamos que esta epidemia producida por la covid-19 también pase. Esperemos estar en la normalidad, en la de antes y no en la nueva, aunque las consecuencias de este confinamiento las deberemos dilucidar de la mejor forma.

¡Quiero la normalidad de antes!.

Animo a algún lector a que pueda hacer un trabajo sobre la pandemia de la covid-19 recogiendo informaciones y testimonios de como se ha pasado en Xàbia. Incluso puede ser tema para un trabajo de fin de Master y también animo a que en el Archivo Municipal se recojan todos los documentos que den pie a este momento: dibujos de los escolares, diarios de la pandemia, entrevistas a personas que la hayan pasado, a sanitarios y policías… a hosteleros y también noticias de la prensa; fotografías… Todo lo que pueda ser utilizado para una investigación y que pueda conservarse en el Archivo Municipal.

Quiero terminar con unas palabras de Adela Cortina: “Ojalá una ciudadanía madura, una sociedad civil vigorosa, sea capaz de pensar y querer por si misma, sin dejarse infectar por luchas partidarias, sin alimentarse de argumentarios, consciente de que está en crisis… para responder con altura humana desde la construcción de un “nosotros” incluyente, reacio a la polarización… porque nos importamos unos a otros”.

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