En una época en la que muchas tradiciones populares han desaparecido con el paso de los años, la actual calle Cervantes de Xàbia conserva una de las celebraciones vecinales con más historia del municipio. Cada 29 de junio, festividad de Sant Pere, los vecinos vuelven a reunirse para honrar al santo en una jornada marcada por la sencillez, la convivencia y el respeto a una tradición que, según recuerdan los más mayores, podría tener más de un siglo de antigüedad.
Aunque se desconoce la fecha exacta en la que comenzó esta costumbre, todo apunta a que nació cuando la actual calle Cervantes era conocida como el Camí de la Mar, el antiguo camino que utilizaban los vecinos para dirigirse hasta la costa.
La tradición oral explica que fue precisamente esa ubicación la que motivó la colocación de una hornacina con la imagen de Sant Pere, considerado patrón de los marineros y ‘pescador de hombres’. Los vecinos creen que el santo protegía a quienes recorrían este camino rumbo al mar, acompañándolos simbólicamente antes de embarcarse y velando por su regreso.
Con el paso del tiempo, la devoción fue convirtiéndose en una fiesta de barrio que ha logrado sobrevivir generación tras generación. En la actualidad, la celebración mantiene algunos de sus actos tradicionales, como la misa en honor a Sant Pere, la ofrenda floral en la hornacina donde se encuentra la imagen del santo y una cena de hermandad en la propia calle, en la que participan vecinos y familias en un ambiente de convivencia.
Pero la historia de esta imagen guarda también una curiosa tradición que aún recuerdan los vecinos de mayor edad. Según relatan, antiguamente, cuando fallecía una persona del barrio, la imagen de Sant Pere era retirada de la hornacina y trasladada hasta la vivienda del difunto. La creencia popular encontraba su explicación en que San Pedro es el guardián de las llaves del cielo, por lo que su presencia simbolizaba la ayuda al fallecido para acceder a la vida eterna.
Se trata de una costumbre hoy desaparecida, pero que forma parte de la memoria colectiva de la calle y que refleja la profunda religiosidad con la que antiguamente se vivían tanto las fiestas como los momentos más difíciles.
Lejos de perderse, la festividad de Sant Pere continúa siendo una cita marcada en el calendario de los vecinos de la calle Cervantes. Sin grandes actos ni multitudinarias celebraciones, mantiene intacto su espíritu original: reunirse en torno al santo que, según la tradición, ha protegido durante generaciones a quienes transitaban por el antiguo Camí de la Mar.
En un municipio como Xàbia, donde las fiestas populares forman parte de su identidad, esta pequeña celebración vecinal constituye uno de esos tesoros discretos que ayudan a comprender la historia del pueblo y el valor de unas tradiciones que han conseguido resistir al paso del tiempo gracias al compromiso de quienes se niegan a dejar que caigan en el olvido.







