Jávea.com | Xàbia.com
Buscador

«Nazareno, inspírame»

26 de abril de 2024 - 09:57

Antes de agarrar la pluma para escribir este sencillo y breve comentario, me dirijo a la Ermita del Calvario para hacerle una visita al Nazareno, para que, con su divina sabiduría me inspire, ya que la sequedad neuronal que
padezco impide a mi vetusto cerebro unir y redactar más de veinte palabras seguidas sin cometer un error gramatical.

Delante de su amable figura cargado con la pesada cruz al hombro, le imploro para que ilumine mi oscura y atribulada mente y palie mi ambición, mi orgullo, mis defectos y mi egoísmo humano. Creo que me entiende. Pero el motivo de mi visita lo quise centrar en hacerle preguntas sobre Jávea para obtener de su amor espiritual, respuestas creíbles y convincentes.

Imagen: Procesión de Jesús Nazareno

Nazareno, después de más de dos siglos y medio que hace que llegaste a Jávea, ¿por qué te sigue venerando y prestando devoción incondicional este bendito pueblo?

Mira, mi llegada a Jávea, fue como consecuencia de un alumbramiento. ¿De un alumbramiento? Tranquilo, te lo explicaré detalladamente para que la mente humana lo pueda comprender. Los duques de Medinaceli, residentes en Madrid, visitaban Jávea y sentían bastante admiración y simpatía por las bellezas del pueblo y, así, de este modo se compenetraron pueblo y duques.

Cuando la duquesa dio a luz a su hijo una comisión del Ayuntamiento de Jávea se desplazó a Madrid para felicitarla y ofrecerle un presente por el nacimiento de su vástago. Esta, en agradecimiento, les prometió una recompensa. Dicha recompensa consistió en enviarles la emblemática imagen de Jesús Nazareno - que según la leyenda fue esculpida por el gran imaginero murciano Francisco Salzillo -. Fue transportada a Alicante y, trasladada en barco al puerto de Jávea. La leyenda, contada por los marineros, refiere que se desató una peligrosa tormenta en el mar, pero una vez que subieron al Nazareno al barco la tormenta se calmó.

Tras la llegada al puerto de Jávea fue trasladada a la pequeña Ermita del Calvario como su residencia habitual. Más tarde, cada año es bajada a la Iglesia de San Bartolomé para que permanezca en ella hasta el día de la Santa Cruz
el 3 de mayo, y así, sea venerada por todo el pueblo, y ese día regresa al santuario del Calvario en solemne procesión.

Sin embargo, a partir de 1834 con la llegada de epidemias es cuando empiezo a tomar mayor relevancia. Primero llega la epidemia del cólera morbo asiático (1834) y luego la peste. En todas las epidemias, la de 1854, 1865 y 1884, junto a la de 1834, la comarca de la Marina Alta fue atacada fuertemente, incluso la ciudad de Alicante fue afectada por esta epidemia, dejando cientos de muertes, excepto en Xàbia, que en todas las ocasiones se salvó de tener víctimas.

Ante este memorable hecho sanador, la gente, que desde el primer momento se encomendó con fe a la protección de Jesús Nazareno, considerando que era un hecho milagroso. De ahí, que cada vez haya más devoción y tradición a bajar su imagen del Calvario para rendirle los honores que por agradecimiento el pueblo mantiene, año tras año.

Tradicionalmente, el pueblo engalana sus calles y plazas con sus mejores galas y adorna con bellas cruces de las mejores flores escogidas a tal efecto para homenajear a su amado Nazareno. Llegó la hora de marcharme, y de repente mi corazón sintió una lanzada sobrenatural que le dejó henchido de felicidad plena, infinitamente superior a cualquier otra satisfacción humana. Pero, espoleado por una curiosidad sana. Al despedirme le pregunto, Nazareno, ¿me puedes explicar porqué el pueblo de Xàbia sigue tus pasos, tu camino con una fe inquebrantable después de más de dos siglos y medio venerándote con fervor y sin fisuras?

La respuesta es totalmente convincente, suprema y muy espiritual: «Porque mi amor por el pueblo de Xàbia ha penetrado en el interior del corazón de los xabieros y nada ni nadie les podrá arrebatar ni apartar jamás de su amor y veneración por Mí. Lo demuestran con su devoción silenciosa cada día, porque están convencidos de que les ayudo a soportar las cruces que nos depara la vida diaria. Y como un pueblo agradecido nunca me abandonará ni yo a ellos».

Juan Legaz Palomares

Deja un comentario

    28.803
    0
    9.411
    1.030