Historia de Xàbia: los primeros 'chiringuitos' de la Playa del Arenal
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Historia de Xàbia: los primeros ‘chiringuitos’ de la Playa del Arenal

26 de mayo de 2024 - 08:03

La historia de los primeros chiringuitos, también conocidos como 'merenderos', ubicados en la playa del Arenal de Xàbia, son un ejemplo de duro trabajo, esfuerzo familiar, innovación y adaptación a la llegada del turismo y su evolución. Estos establecimientos, pioneros en la oferta de servicios de restauración junto al mar, surgieron como respuesta a las necesidades de los veraneantes y en busca de una alternativa de negocio.

Desde sus humildes comienzos hasta su evolución a grandes restaurantes y puntos de encuentro. Los chiringuitos son parte de la historia de los negocios de temporada de Xàbia frente a las transformaciones urbanísticas y sociales de la localidad.

El inicio de estos locales, ahora tan deseados, se remonta mediados del siglo XX, en una época donde la pesca y la agricultura dominaban la economía local. Algunos de los xabieros, emprendedores y visionarios decidieron probar suerte en un negocio diferente: la hostelería de playa.

Sencillas estructuras de madera y sombra ocupaban la desierta playa del Arenal para convertirse en el punto de actividad social y culinaria. Estos establecimientos, montados y desmontados con cada temporada, ofrecían no solo comidas y bebidas, sino también un lugar donde locales y turistas podían disfrutar del mar, el sol y la buena compañía.

Diana, La Fontana, El Delfín, Nesfor y El Almendro fueron los pioneros en esta aventura.

Diana

El pionero en este negocio fue el chiringuito Diana. Era alrededor de 1955 cuando Gaspar Cruañes abría las puertas del chiringuito cansado de trabajar en la tierra e incitado por sus primos, que son quienes le animan a montar un bar en el Arenal.

El chiringuito se montaba y desmontaba a mano cada año, «comenzábamos después de Pascua para que estuviera listo al inicio del verano. Zonas de sombra, maderas, toda la familia trabajaba en el negocio. Éramos unas 10 personas», recuerda María Cruañes, hija de Gaspar, quien añade que el chiringuito era grande. Era una casa de madera desmontable con barra, cocina y capacidad para unas 150 personas.

Autobuses llenos de turistas llegaban diariamente, y la madre de María cocinaba una variedad de platos: paellas, cocas, cruet, zarzuela y hasta carne al horno. «Venían de Alcoy a almorzar y pasar el día en la playa», cuenta María.

Gaspar implementó el cobro de una peseta por ocupar mesa y silla sin consumir y también por el uso de una habitación para cambiarse de bañador. Con los años, se añadieron baños al establecimiento.

Anécdotas

De hecho, nos cuenta una de las anécdotas con respecto al idioma: «llegó una familia de franceses y pidieron 'poulét'-pronunciado pulé-, mis padres entienden que sería puré, por lo que al no tener batidora, mi padre se marcha en bici hasta el puerto para comprar una mientras mi madre cocina las verduras. Los clientes empiezan a desesperarse porque no entienden como tardan tanto. Cuando llega mi padre finalizan el plato y sirven el puré, a lo que los clientes señalan con sonidos y mimos que lo que querían era pollo. Fue una risa», cuenta María y su hermana Ángela. Este tipo de historias llenaba de risas el día a día en el Diana.

El día a día del Diana seguía adelante sin parar. Pero en 1972 deben abandonar la zona de playa después de casi 20 años abriendo verano tras verano. Las obras del paseo del Arenal les obliga a no poder renovar el permiso y tener que buscar una alternativa. Y lo hacen en la parte trasera de la playa. En 1973 ya abren y lo mantienen hasta el año 2000, aunque en 1985, cuando fallece la madre, los hermanos deciden también desvincularse del negocio.

María no quiere seguir al frente de la cocina y trabaja solo el hermano que decide dar el cierre definitivo y quedando en la memoria la elaboración de decenas de paellas llegando a cocinas 100 kilos de arroz en un día, o hacer paella para 300.

El Delfín

Es en 1962 cuando un nuevo chiringuito se instala en la playa del Arenal. Se trata de El Delfín a cargo de Jaume Iborra, propietario del Bar Noy del Arenal. Ante la orden de expropiación para la construcción del Parador Nacional, se le concede a Jaume un permiso para instalarse en el Arenal.

Durante la primera temporada tenía los dos locales abiertos, pero en el chiringuito apenas ofrecía bebida y papas; «era como un kiosco, o al menos así los denominábamos. Si hay pedía alguna tapa, se elaboraba en el restaurante Noy y lo llevábamos hasta la playa», señalan los hijos Ana y Jaume Iborra.

Su nombre, pintado en la caseta por Antonio Espinós, venía dado «por la gran cantidad de delfines que entonces se acercaban a la playa y se podían apreciar con facilidad», señala Ana.

Ya en 1963 y ante la expropiación, la familia Iborra inicia la temporada ampliando la caseta con cocina equipada con seis fuegos para hacer paellas, freidora, horno y baño. Tenía capacidad para unas 100 comensales y trabajaban unas siete personas. Permaneció 10 años abierto.

Los hijos recuerdan como eran esas largas jornadas de trabajo; «lo recuerdo como una etapa feliz. Todos ayudábamos. Cuando éramos más pequeños estábamos en la playa bajo la vigilancia de amigos y clientes, pero luego afrontábamos la jornada de trabajo o bien sirviendo o vendiendo helados. Aunque eso sí, cada mañana había que cribar la arena, pasar rastrillo...».

Llegado 1972 y ante la imposibilidad de seguir un año más, el constructor de los locales comerciales de la Arenal, Agustín Miravet, amigo de la familia, ofrece un local comercial a Jaume para que pueda seguir adelante con el negocio, instalando así una cafetería llamada también El Delfín, que con el tiempo pasó a ser una tienda.

Nesfor

En 1963, Vicente Fornés, cansado de salir al mar a pescar busca una alternativa de negocio y abre, en un solar situado en la segunda línea de la playa del Arenal, un chiringuito para venta sólo de bebidas, parking con sombra y alquiler de patinetes hinchables.

Es un negocio solo de verano, y después de dos temporadas, en 1965, observa que este local no da ganancias y decide montar un merendero -antiguos chiringuitos-. Se sitúa sobre mitad de la playa. Allí instala una caseta de madera que año tras año se ampliaba.

El chiringuito, llamado Nesfor -Fornés al revés- constaba de una sombra hecha con cañizos y persianas. Una estructura que se montaba en junio y se desmontaba a finales de septiembre. Luego, cada día, había que arreglar la arena, mojarla y limpiarla de restos de comida.

El recinto, ubicado dentro de la arena, sólo servía comidas, es decir, daba servicio al mediodía, llegando a dar de comer a unas 250 personas al día.

Estaba estructurado en dos zonas, la parte de la barra donde sólo podía tomarse una bebida y el salón, ubicado en plena arena, estaba dividido en dos: la parte de comidas y la de sólo picar algo.

El Nesfor contaba con unos 11 trabajadores cada temporada: seis en cocina, tres camareros y dos en barra. La curiosidad es que los camareros iban descalzos para no levantar arena. El menú que ofrecía era paella, sepia, ensalada, mejillones y caracoles. Los clientes eran fijos: fin de semana gente de Xàbia, entre semana el turismo procedente de Francia, Alemania y otras provincias españolas.

En aquellos años, el permiso para instalar el chiringuito había que solicitarlo anualmente hasta que en 1972 es el último año que dan servicio debido a que se va a construir el paseo de la playa y los primeros locales comerciales.

Ahí, es entonces, en 1973, cuando se trasladan a la Avenida del Plà, pero ya como restaurante y salón de celebraciones -fiestas, bodas, bautizos y comuniones- con una capacidad de más de 150 personas.

El objetivo era abrir en Semana Santa y aprovechar la temporada, pero las obras del puente del río a su paso por el Plà les causa un retraso y corte de tráfico, por lo que abren sus puertas en el mes de junio.

Su trayectoria es larga. 25 años después, en 1998, es cuando cierra sus puertas por jubilación de la cocinera y dueña. La familia no quiere seguir con el negocio y alquilan el local; pasando a ser un restaurante asiático durante 10 años -del 2000 al 2010-.

Pero, con los años, vuelve la nostalgia y el Nesfor vuelve abrir. Lo hace la primera y segunda generación. La hija de Fornés aprende a cocinar los tradicionales arroces y se pone al frente de la cocina junto a sus hijos para volver a dar vida a lo que fue el restaurante de la familia. Lo hacen desde 2012 hasta 2023, siendo un local más pequeño que albergaría 40 personas en sala y 60 en terraza, pero con la misma esencia.

Aunque ahora, si que si, ha hecho su cierre definitivo, el Nesfor queda en el recuerdo de muchos xabieros.

Fontana

Si hablamos de emprendedores, no podemos dejarnos La Fontana, el único que aún sigue activo, como restaurante, después de 60 años. Era en 1963. Pero de la Cantina la Fontana cabe destacar que era también el único 'chiringuito' que permanecía abierto durante todo el año. De ahí que en la llegada de los temporales se anegara la estructura de la barra de este negocio.

Los inicios de este actual restaurante de referencia de la playa del Arenal que sigue apostando por la gastronomía local viene por el padre de Pepe Cruañes 'Mollet'. La Fontana fue uno de los primeros chiringuitos que se instaló en la Playa del Arenal. "Éramos una familia de agricultores que de repente nos vimos involucrados en el sector de la hostelería", indica Pepe Cruañes.

Cruañes cuenta que «cuando aún no había carreteras, y el acceso a la playa era un camino de tierra, mi padre compró 'La Barraqueta'». El Restaurante La Fontana ha evolucionado y se adaptó a la llegada del turismo y a la modificación de la misma playa del Arenal.

Cruañes, que fue quien regentó el Restaurante junto a su familia, dio pasó a la gente joven. Su sobrino Javi Vives es quien afronta ahora la gerencia de este restaurante cuidando los detalles y manteniendo la esencia de sus inicios.

El Almendro

Empezó su andadura en 1963 en el puerto de Xàbia a manos de los hermanos Rafael y Joaquina Serrat. El chiringuito pertenecía a una enfermera y lo traspasó a estos hermanos, llamándole El Almendro debido a que a su lado había uno de estos árboles.

Con los años, y tras abrir solo en temporada de verano, se trasladan a la playa del Arenal. Era en 1971. Empezaba a llegar el turismo a Jávea. Pero sólo un año después, en 1972, ya no les permiten instalarse por las obras de construcción del paseo, lo que les lleva a abrir un local en el extremo sur de la playa. Era una estructura simple, formada con cañizos, la cual poco a poco fue ampliándose y creando un restaurante, Restaurante El Almendro, que permaneció abierto durante más de 30 años, abriendo sólo en verano y cerrando sus puertas definitivamente en 2002.

Desde el inicio, El Almendro se caracterizaba por sus paellas, elaboradas en un inicio por la madre de los hermanos Serrat.

3 Comentarios
  1. Rosa Donoso dice:

    Yo empecé en ese restaurante a trabajar con Joaquina y Rafael tenía unos 21 años

  2. David Grove dice:

    Another very interesting article about the history of Javea. Is there a book from which these articles are extracted?

  3. Teresa dice:

    QUE TIEMPOS


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