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‘Conjuguemos el verbo amar’, por Juan Legaz Palomares

14 de febrero de 2022 - 09:37

Desde que en la escuela (hace ya muchos años), me enseñaron a conjugar los verbos se me quedó grabado a fuego espiritual el verbo “amar”. Siempre he vivido pensando en el pretérito, presente y futuro de su profundo significado: amé, amo y amaré. Y me he preguntado, cómo he podido conjugar en la trayectoria de mi vida: amé, amo y amaré sin caer en la contradicción, ni herir los sentimientos de nadie, ni vivir en el remordimiento de que mi corazón sufriera una decepción amorosa.

En la lucha de la encrucijada del amor, creo, que vivimos todos y navegamos en la disyuntiva de si amamos o nos aman. Por eso, es básico y primordial conjugar: yo amo, tú amas, él ama, aplicable también al plural, y la vida se conjugará en cuerpo y alma en amor puro e incondicional.

El negocio más rentable no será nunca conjugar: tuve, tengo, tendré, posesiones, riquezas y dominio. Es una inclinación humana proclive a acumular beneficios materiales de una manera más o menos consciente. Sin embargo, en el sentimiento del músculo cardiaco, el corazón está sediento permanentemente de que fluya sangre por nuestros vasos rica en luz de amor. Luz clara y limpia que circule sana por el cuerpo. Luz que a cambio no pide nada, limpia de inmundicias, porque renuncia a la riqueza, al odio y al rencor y nos mantiene más vitales y alegres.

La lección que nos da el amor es el mejor fruto que podemos comer: paz, tranquilidad de conciencia y un corazón libre de agravios, limpio y sano. Un corazón lleno de amor eterno, de vida eterna.

Si conjugamos y practicamos el verbo amar en pasado, presente y futuro, gozaremos de amor limpio y puro, sin fracasos, ni decepciones, ni engaños, ni falsedades. Y desaparecerá el temor de percibir sensaciones negativas, y el amor se transformará en verdadero y transparente, con la satisfacción de que el corazón retozará de alegría y vivirá feliz y pletórico de “Amor” con mayúscula, sin límites, en el que fluirá la belleza y la sonrisa en el semblante. La voluntad sincera de amar nos liberará y satisfará nuestra conciencia y será una conjugación perfecta.

El ejemplo más real y verdadero de la conjugación del verbo “amar” es Dios. Él nos ama y nos perdona sin condiciones ni egoísmo. El incrédulo responderá: es que yo no creo en Dios. La respuesta será la conjugación de que Dios te ama. Dios si cree en ti.

Ya mayorcito (no con la inocencia que lo hacía en mi niñez, porque la finalidad era aprender a conjugar los verbos para responder al maestro con la certeza de no equivocarme en la respuesta de la conjugación en los diferentes tiempos verbales por miedo a ser suspendido en gramática, ahora el temor es que suspenda en amar y mi corazón se paralice), deseo seguir conjugando el verbo amar en su extensión más pura y verdadera, con una conciencia limpia, sin egoísmo, discriminaciones, ni limitaciones. Si queremos celebrar San Valentín (Día de los Enamorados) con verdadero sentido, conjuguemos el verbo amar en todos sus tiempos y en todo momento, no solo el 14 de febrero.

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