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‘Cada vez eres más bella’, por Juan Legaz Palomares

13 de noviembre de 2021 - 01:56

De niño cuando estudiaba Geografía de España (aparte de otras materias) recuerdo que entre los Cabos aprendí, entre otros, el nombre del Cabo San Antonio y el Cabo de La Nao, pero, como es lógico eran dos Cabos más de España y se quedaron en una lección retórica más de Geografía. Ahora ya, más anciano, parece que no es demasiado interesante estudiar estas materias y, en un momento de desquiciante locura escribí:

Ya no estudio Geografía
ni el Atlas Universal
ni Lengua ni Ortografía
ni España ni su historial.

Ya no estudiaré los ríos,
montañas ni cordilleras,
ni si los Polos son fríos
o extensas las praderas.

Ya no sé lo que es un Golfo,
aunque golfos hay a manta,
pero si el Golfo no es Golfo
la Geografía se espanta.

Ya no sé lo que es un Cabo
ni por qué se pone el sol
porque así más pronto acabo,
ni cuanto son tres por dos.

Sin embargo, no me ha traído aquí este comentario a hablar de lo que se estudia, o no, sino que, pasados los años, ya con cuarenta y siete (47) los que visito a mi querida Xábia, confieso sin ningún rubor que “Cada vez eres más bella”.

Como creo que, por suerte, voy y vengo con frecuencia, pues se da la circunstancia, de que tengo tiempo para disfrutarla, añorarla, amarla, y vivirla anegado de sus bellezas y llorar (aunque las lágrimas de los ojos se
me agotan al despedirme frente a su Bahía).

Cuando me ausento, en la ansiedad, siento el ferviente deseo de regresar lo más pronto posible para poder beber (sin embriagarme) todos los deliciosos sabores de los licores de belleza que se fabrican en ella. Es el cóctel más apetecible que jamás me puedo imaginar, me atrae de tal manera que, son el mejor jarabe que se puede ingerir. Me rejuvenece, me sosiega el corazón, me sana las malaltías, y desaparecen todos los enfados y el mal humor. Xàbia es, ese bálsamo milagroso que me renueva las neuronas que se van oxidando con la vejez, y me siento como un chaval cuando le compran ese deseo que llevaba tanto tiempo esperando.

Es más, necesito verla y saborearla, como si fuera una medicina recetada por el médico a un enfermo que sufre un padecimiento crónico que no puede prescindir de él, porque si no, podría morir. Pues eso, esta bella y magnífica medicina, me inyecta sangre nueva en los vasos sanguíneos y me permite regresar a mi Murcia con energías renovadas y pleno de salud.

Claro, sin olvidar, que, esta medicación farmacológica prescrita por el facultativo, no puedo prescindir de tomarla, unas veces a pequeñas dosis, y otras a dosis más elevadas, aunque me suman en un sueño profundo del
que me encantaría despertar abrazado a mi querida Xàbia.

Las despedidas siempre son dolorosas. No voy a negar que, para mí, despedirme de Xàbia es un trago amargo que me resulta desagradable e indigesto, pero siempre abrigando la esperanza de que en breve estaré bebiendo el néctar de sus maravillas (paz, quietud, dulzura…) y todos los sabores que a nuestro organismo le alegran, reconfortan y fortalecen. Y, así, pletórico de energía, podré gritar y repetir fuerte y claro: “Xàbia, cada vez, eres más Bella”.

Juan Legaz Palomares

2 Comentarios
  1. Juan Legaz Palomares dice:

    Muchas gracias florencioju

  2. florencio dice:

    Me identifico con el autor en todo hasta en los golfos


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