Opinión: Antonio Gómez(critico musical): “Si Albéniz supiera…”

El pasado sábado, nueve de mayo, la pianista oscense Natividad Ballarín ofreció un recital en el estudio de la interiorista Jessica Bataille. Este maravilloso espacio con sus muebles y objetos de arte modernos y antiguos, que está concebido como una sala expositora que acoge al visitante con los brazos abiertos, viene siendo desde hace unos meses lugar de encuentro de los conciertos denominados “Jessica Bataille Concert Series”.

Antonio Gómez junto a Nati Ballarín

El proyecto en sí lo puso en marcha APAM ARTS & MUSIC, la Asociación de Profesionales y Amigos de la Música de Jávea, que en estos últimos años ha estado muy activa promocionando la buena música clásica ahí donde normalmente la gente prefiere oír música pop con un gin tonic en mano.

Pero para romper un poco con el ritual de los conciertos clásicos habituales, en el estudio de la interiorista también se sirven copas mientras el público disfruta de los sonidos procedentes de un escenario habilitado para la ocasión. No son éstos, pues, conciertos al uso, sino más bien citas en un ambiente distendido que invitan a oír música a la luz de las velas.

Natividad Ballarín acarició los oídos de quienes quisieron conocer de cerca su cara artística, no la organizadora. De hecho, como vicepresidenta de APAM & ARTS, Nati (así la llaman los amigos) ha impulsado varios proyectos musicales tales como, por ejemplo, el Concurso Internacional de Piano “Vila de Xàbia”, un evento que este año celebrará su tercera edición y que ya cuenta con un importante número de concursantes inscritos.

En el programa de Nati figuraban exclusivamente obras españolas, concretamente de Antón Garcia Abril, con el que la pianista mantiene una cordial amistad, Granados y Albéniz. En todas ellas Nati demostró poseer un sonido tan sutil y delicado como claro y rítmicamente preciso. Sobre todo su dominio de los matices dinámicos y la belleza del fraseo sumergieron al público en un estado de serena quietud, desde el cual fue posible captar hasta los detalles más insignificantes que, en manos de la pianista, dejaron de serlo.

Su programa no fue un programa de lucimiento personal, de obras emblemáticas del gran repertorio universal con el que cualquier solista deslumbra a su audiencia. Todo lo contrario: buscando siempre el contacto directo con el público, Nati Ballarín puso el acento en el contenido puramente musical de sus piezas y eligió un repertorio técnicamente no demasiado complejo a fin de concentrarse en lo que para ella es importante, a saber, la comunicación.

De Albéniz contó que no consideraba aptas a las mujeres para que interpretaran sus obras, especialmente las más difíciles. Hoy en día sabría lo muy equivocado que estaba y que la música, su música, tocada así, tal como lo hizo Nati Ballarín el pasado sábado, bien podría sonar de otra manera, pero no mejor.

Antonio Gómez Schneekloth
Critico Musical

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